Boletín Hermanos de Jesús. N° 40

Un amigo nos preguntó cómo vivíamos la compasión; en su respuesta, Taher, de la fraternidad de Tamanrasset (Argelia), nos habló de la compasión como otro nombre de la solidaridad con aquellos que nos rodean; una solidaridad concreta que es también deseo de la llegada del Reino abierto a todos.

Al leer la petición de Jacques, yo mismo me sentí interpelado por la frase de René Voillaume sobre la compasión, que releo a menudo, escrita en la imagen del recordatorio que recibimos, a la ocasión de su muerte. En primer lugar, me parece necesario leer íntegramente este breve texto:

“Quizás estemos a punto de entrar en un periodo de la historia de la raza humana que será el tiempo de la compasión, viviendo en la impotencia de encontrar soluciones a los problemas planteados.
Más que nunca, tendremos que ofrecernos en intercesión, en comunión con el sacrificio del Señor, inmersos en su Eucaristía para suplicar que la misericordia de nuestro Salvador se derrame sobre toda la humanidad.
Más que nunca, es el momento de ser fieles a nuestro carisma fundacional”. (René Voillaume, octubre 1997)

En general, tenemos una idea aproximada de lo que es la compasión. Pensamos en María sufriendo con su hijo mientras muere en la cruz. Sin embargo, el contexto en el que René habla de ella nos orienta sin duda en otra dirección. Me gustaría reflexionar sobre esto porque toca lo más profundo de nuestras vidas.


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Carta de Navidad 2025 y Año nuevo

«Porque nos ha nacido un niño… y se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (cf. Isaías 9,6).

Queridos hermanos,

En este tiempo de Adviento, mientras preparamos nuestros corazones, mentes y vidas para recibir al Niño Dios en Navidad, os escribo esta breve carta.

¡Es la Navidad de Jesús, una celebración de alegría, de esperanza y de luz!

¡Observemos el Nacimiento! ¿Qué vemos? Una escena sencilla, pero llena de significado: un pesebre con el Niño Jesús acostado; María y José admirando y cuidando al Niño Jesús con gran amor, pero también guardando en sus corazones lo que vieron, oyeron e incluso lo que no entendieron; los ángeles cantando, alabando a Dios y anunciando la presencia del Niño Dios entre nosotros; en esta alegría también vemos a los pobres pastores y a los Reyes Magos, y junto a ellos a los animales, las estrellas y toda la naturaleza con la exuberancia de la vida, pero oculta.

En esta hermosa escena de cantos y alegría, hay algo que no se menciona, pero que está ahí: hay un intercambio entre el cielo y la tierra. Es la grandeza del misterio de Dios-Amor que se encarnó, haciéndose pequeño y humilde, en la sencillez vivida por los pobres que se encuentran en los lugares más bajos.

El pesebre de Belén fue el inicio de la cercanía a los más sencillos y marginados. La gruta a las afueras de Belén, en medio de los pobres, fue el lugar donde el Hijo de Dios eligió nacer. Y allí revela que nadie está excluido de su amor y su gracia.

Todos estamos invitados a contemplar, meditar y orar sobre este misterio. El Hermano Carlos, sin duda, en medio del silencio, el trabajo y las tareas cotidianas, encontró en la vida de Jesús desde el pesebre el verdadero camino hacia el servicio, la imitación y la santidad. Desde su nacimiento, su Amado Jesús se identificó con los pobres y los que sufren, y él, el Hermano Carlos, hizo todo lo posible por imitarlo.

Hermanos, Belén está aquí, donde vivimos: en nuestras parroquias; en nuestras celebraciones litúrgicas; en las diversas obras pastorales que realizamos; en la multitud de migrantes que abandonan su país, dejándolo todo, buscando un lugar donde vivir con dignidad; en las víctimas de guerras impulsadas por el poder y la codicia; en la masacre de pueblos por ideologías de muerte.

Esa luz que brilló en el pesebre de Belén aún brilla hoy en la lucha por erradicar estas situaciones de muerte: el hambre en el mundo; por defender los derechos humanos, promover la justicia, la responsabilidad en el cuidado de los marginados y oprimidos, y desafiar los sistemas que perpetúan la injusticia.

Queridos hermanos y hermanas, al celebrar el nacimiento del Niño Dios, nuestro Amado, deseo que Él reine en nuestros corazones, en nuestros pensamientos, y nos inspire a ser instrumentos de paz y bondad en este nuevo año que se acerca. Inspirado por San Carlos de Foucauld, en mi nombre y en el de todo el equipo internacional, deseo a todos una Feliz y Santa Navidad y un bendecido Año Nuevo 2026.

Pe. Carlos Roberto dos Santos
Responsable internacional


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Fraternidad Italia, ejercicios 2025

El viernes 21 de noviembre, con la Misa en la Porciúncula y el almuerzo, concluyeron los ejercicios espirituales de nuestra fraternidad sacerdotal.

Del 17 al 21 de noviembre en Asís, nos acompañó el hermano Emiliano Biadene, de la comunidad monástica de Cellole, sobre el tema de la Carta a los Filipenses: «Para mí, la vida es Cristo» (Flp 1,21).

Fueron días preciosos para nuestro crecimiento espiritual siguiendo los pasos de San Carlos de Foucauld.

Una experiencia de reflexión y convivencia fraterna sobre un texto paulino de extraordinaria profundidad para nuestra vida sacerdotal.

El hermano Emiliano nos proporcionará el texto de sus meditaciones, que publicaremos en nuestro próximo «Diario» para profundizar en la reflexión.

Agradezcamos juntos al Señor por este don recibido, mientras nos preparamos para vivir el tiempo de Adviento.

¡Deseamos que todos esperemos la venida del Señor!

D Giovanni, D Enzo, P. Andrea


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