Carta de Pentecostés 2026

Queridos hermanos de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas

Caminamos con nuestro Bienamado en su Pascua, donde vimos, oímos y sentimos el triunfo del amor. Yendo con Él, tuvimos la certeza de que la Pascua no es un evento aislado, sino una vida entregada.

La Pascua exige que nos retiremos de las distracciones para contemplar al Resucitado. Así el desierto deja de ser geográfico y pasa a ser un espacio de escucha y renovación espiritual. Cuando nos preparamos para recibir al Espíritu Santo en Pentecostés, continuamos recorriendo el desierto como silencio interior, pero en medio de la hiperconexión y la ansiedad de la vida moderna, y no podemos dejar de ver a nuestro alrededor el dolor y la muerte de tantos inocentes, en muchos lugares del mundo, víctimas de la codicia, de la indiferencia global y de la maldad humana. En sus mensajes, tanto el Papa Francisco como el Papa León XIV condenaron vehementemente estos conflictos armados, a los cuales dieron el nombre claro y preciso de “la derrota para toda la humanidad”. Es allí el lugar donde el fuego del Espíritu nos impulsa a salir de las puertas cerradas del miedo y a habitar las periferias existenciales, forjando fraternidad donde hay división.

El Espíritu que descendió sobre los apóstoles reunidos es el mismo que hoy, con la misma intensidad, sopla sobre cada uno de nosotros, sanando nuestras arideces, calentando nuestros corazones fríos y corrigiendo lo que se ha vuelto rígido en nuestro ministerio.

En Pentecostés, no recibimos sólo un don, sino la capacidad de comprender que orar es amar, y que amar es entregarse, gastar nuestra vida para generar vida nueva allí donde está empobrecida o empequeñecida. Seamos dóciles y dejémonos mover por el impetuoso viento del Espíritu Santo, que no conoce barreras, y nos invita a ser, como nuestro hermano mayor Charles de Foucauld, “hermanos universales” en el corazón del mundo.

La mística de Nazaret nos invita a silenciar el ruido digital e ideológico de nuestro tiempo, y a vivir la Resurrección mediante un abandono confiado, una fidelidad en la adoración eucarística y una caridad fraterna. No se necesitan grandes hazañas; el viento impetuoso del Espíritu Santo actúa en nosotros en el silencio y en el anonimato de Nazaret. Que Él queme en nosotros toda mediocridad, todo orgullo y todo miedo, dejando solo un deseo: vivir el Evangelio en la pequeñez, en la bondad y en el silencio. Y nos capacite para amar tanto, que, al vernos, las personas puedan decir: «Si el siervo es así, ¿cómo no será el Maestro?«.

Hermanos, dejémonos sorprender por el Espíritu Santo de Dios. La gracia del encuentro mensual en la fraternidad local, con la alegría del encuentro entre hermanos que hacen la revisión de vida y celebran juntos la eucaristía y la adoración eucarística, es el lugar donde el Espíritu actúa, suavizando corazones para que nuestros compromisos misioneros nazcan de nuestra cercanía con Jesús.

Seamos sacerdotes con «olor a ovejas», apasionados por Jesús y profundamente fraternales con aquellos que Él ponga en nuestro camino.

¡Ven, Espíritu Santo! ¡Llena nuestros corazones!

Fraternalmente,

Pe. Carlos Roberto dos Santos
Responsable Internacional

 

 

 

 


📃 PDF: Carta de Pentecostés 2026 ES

Carta de Navidad 2025 y Año nuevo

«Porque nos ha nacido un niño… y se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (cf. Isaías 9,6).

Queridos hermanos,

En este tiempo de Adviento, mientras preparamos nuestros corazones, mentes y vidas para recibir al Niño Dios en Navidad, os escribo esta breve carta.

¡Es la Navidad de Jesús, una celebración de alegría, de esperanza y de luz!

¡Observemos el Nacimiento! ¿Qué vemos? Una escena sencilla, pero llena de significado: un pesebre con el Niño Jesús acostado; María y José admirando y cuidando al Niño Jesús con gran amor, pero también guardando en sus corazones lo que vieron, oyeron e incluso lo que no entendieron; los ángeles cantando, alabando a Dios y anunciando la presencia del Niño Dios entre nosotros; en esta alegría también vemos a los pobres pastores y a los Reyes Magos, y junto a ellos a los animales, las estrellas y toda la naturaleza con la exuberancia de la vida, pero oculta.

En esta hermosa escena de cantos y alegría, hay algo que no se menciona, pero que está ahí: hay un intercambio entre el cielo y la tierra. Es la grandeza del misterio de Dios-Amor que se encarnó, haciéndose pequeño y humilde, en la sencillez vivida por los pobres que se encuentran en los lugares más bajos.

El pesebre de Belén fue el inicio de la cercanía a los más sencillos y marginados. La gruta a las afueras de Belén, en medio de los pobres, fue el lugar donde el Hijo de Dios eligió nacer. Y allí revela que nadie está excluido de su amor y su gracia.

Todos estamos invitados a contemplar, meditar y orar sobre este misterio. El Hermano Carlos, sin duda, en medio del silencio, el trabajo y las tareas cotidianas, encontró en la vida de Jesús desde el pesebre el verdadero camino hacia el servicio, la imitación y la santidad. Desde su nacimiento, su Amado Jesús se identificó con los pobres y los que sufren, y él, el Hermano Carlos, hizo todo lo posible por imitarlo.

Hermanos, Belén está aquí, donde vivimos: en nuestras parroquias; en nuestras celebraciones litúrgicas; en las diversas obras pastorales que realizamos; en la multitud de migrantes que abandonan su país, dejándolo todo, buscando un lugar donde vivir con dignidad; en las víctimas de guerras impulsadas por el poder y la codicia; en la masacre de pueblos por ideologías de muerte.

Esa luz que brilló en el pesebre de Belén aún brilla hoy en la lucha por erradicar estas situaciones de muerte: el hambre en el mundo; por defender los derechos humanos, promover la justicia, la responsabilidad en el cuidado de los marginados y oprimidos, y desafiar los sistemas que perpetúan la injusticia.

Queridos hermanos y hermanas, al celebrar el nacimiento del Niño Dios, nuestro Amado, deseo que Él reine en nuestros corazones, en nuestros pensamientos, y nos inspire a ser instrumentos de paz y bondad en este nuevo año que se acerca. Inspirado por San Carlos de Foucauld, en mi nombre y en el de todo el equipo internacional, deseo a todos una Feliz y Santa Navidad y un bendecido Año Nuevo 2026.

Pe. Carlos Roberto dos Santos
Responsable internacional


PDF: Carta de Navidad 2025 y Año nuevo es