CARLOS DE FOUCAULD, PRONTO CANONIZADO

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Francisco aprueba el milagro atribuido a la intercesión del mártir

El Papa canonizará a Charles de Foucauld, el “padre del desierto

El amigo de los Tuaregs, y mártir, fue el inspirador de una corriente de pensamiento y reflexión que llega a nuestros días

Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes

“Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres”

Charles de Foucauld será santo… si es que alguno pensaba que ya no lo era. El maestro del desierto, de la predicación con la propia vida (hasta darla, en Tamanrasset, en 1916), de quien sus críticos afirmaban que jamás convirtió a nadie, será canonizado después de que el Papa aprobara el milagro atribuido a su intercesión. Sólo falta la fecha del milagro.

El “hermano universal” nació en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».

Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue asesinado por una banda que rodeó la casa.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de Noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro en Roma.

ÁMAME TAL COMO ERES

Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres.

PDF: CARLOS DE FOUCAULD, PRONTO CANONIZADO

Carta de Pascua 2020 a todos los hermanos alrededor del mundo. Eric LOZADA

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Filipinas, 12 de abril de 2020

“Estoy resucitado, y todavía estoy con ustedes, aleluya” (cf. Ps 139:18)

Amados hermanos,

les escribo desde mi ermita, tal como muchos de ustedes, en cuarentena. Este enclaustramiento impuesto es una excelente invitación para la adoración diaria, la meditación del Evangelio, el día de desierto, la revisión de vida, orando por el mundo, especialmente por los pobres, con fidelidad, intensidad y concentración. Una vida de soledad y de oración de calidad es nuestro humilde acto de caridad para nuestro mundo en pandemia.

Mirando a través de mi ventana estoy observando signos de vida nueva en la naturaleza. Aquí está seco y húmedo pero los pájaros están tocando y cantando su único repertorio de canciones, las mariposas están volando suavemente de flor en flor buscando néctar, los árboles se ven verdes y dan sombra a pesar del golpeante calor. Es asombroso como la naturaleza tiene su propia forma de anunciar la Resurrección. Sin preocupaciones y en completo abandono en Dios que los cuida.

Se supone que nosotros los humanos, somos de una especie superior por nuestra razón, pero ésta ha expulsado sistemáticamente nuestra confianza en Dios en el día a día y confiamos más en nuestro pensar egoísta. Este mismo pensar ha sido la causa de la violencia, el odio y la desconfianza. La Resurrección está ofreciéndonos perdón, amor y confianza. El mundo tiene que elegir.

Estamos en cuarentena hasta el 3 de mayo, pero a los sacerdotes se les ha dado salvoconductos para las labores litúrgicas y caritativas. Los he estado usando cada día para visitar las personas que me han invitado a acompañar los moribundos y a las familias en sus pérdidas, para facilitar los diálogos en familia, dar alimento y dinero a los que han perdido sus trabajos. Alguien me ha movido para estar con la gente en su desamparo, especialmente porque no podían ir a la Iglesia y orar. La Presencia llevada con mi presencia es un bálsamo que los conforta.

Al mismo tiempo, he sido extremadamente cuidadoso en seguir los protocolos de higiene y distanciamiento para no hacer más daño a la comunidad. Esta mañana, mi amigo Lemuel vino a mi ermita con mucha hambre, ojeroso, pidiendo alimento para sus 4 famélicos hijos. Lemuel quedó sin trabajo. Al pasarle algunas cosas, me sentí bendecido por su alegría, pero también sentí la incertidumbre en sus ojos.

Después de la oración, esta mañana di una larga y amorosa mirada al mapa colocado en mi pared. Mis ojos se fijaron en los 4 continentes: África, Europa, Asia y las Américas. El virus es ciertamente un gran igualador para los países ricos y pobres ya que todos están sufriendo la misma suerte. Veo rostros de doctores, enfermeras, pacientes y sus familias, preocupados, temerosos y, sin embargo, luchando por la vida.

(Mientras escribo esto, me han informado que mi hermana que trabaja como enfermera en los Estados Unidos ha sido diagnosticada como COVID positivo. Su familia está ahora en riesgo).

El mundo está sufriendo su pasión. Veo rostros de desamparo, preocupación, miedo, tristeza, odio y violencia por todas partes, con múltiples disfraces. Me pregunto: ¿Cuál es el mensaje de Cristo Resucitado para nuestro mundo hoy? ¿A qué nos está invitando Dios a ver? ¿Hacia dónde nos está guiando? ¿Significa la Resurrección que El nos va a rescatar de todo esto? ¿Cuál es la respuesta de Dios a su pueblo en pandemia? ¿Cómo debe ser oído el apacible mensaje de la Resurrección en medio de las abrumadoras noticias de muerte, sufrimiento y conflicto? ¿Dónde está la senda de la esperanza y de vida nueva en nuestros difíciles tiempos?

Hermanos, por favor, sufran conmigo estas preguntas. Yo los necesito, nos necesitamos unos a otros, la gente nos necesita. La Resurrección no es una alegría barata ni dulces palabras sonoras para rescatarnos de nuestro sufrimiento. Tenemos que forzar nuestros oídos y estirar nuestros corazones para oír el Mensaje. Luchamos con Dios por respuestas, aún si su respuesta está escondida en su silencio.

Encuentro que la lectura del relato de la Resurrección en la versión de Juan este año, es un Kairós. Algunos detalles de la versión de Juan podrían ayudarnos a ver y oír el Mensaje. Como no soy especialista en hermenéutica bíblica, confío en una reflexión orante del texto. Por favor, sean generosos si suena ingenuo.

Permítanme puntualizar tres cosas.

Primero: Juan habla de que la Resurrección ocurrió “el primer día de la semana cuando todavía estaba oscuro” (Jn 20, 1a). La Resurrección irrumpe de los cimientos de nuestra humanidad y del mundo, en la oscuridad de lo desconocido. Esto nos recuerda el Génesis cuando el mundo estaba oscuro y sin forma y el Espíritu se cernía sobre las aguas oscuras. Entonces dijo Dios: “Que haya luz y hubo luz” (Gen 1,2-3).

Hoy el mundo está en la oscuridad de la pandemia. El futuro parece aún más oscuro para muchos. ¿Cómo se recuperarán los negocios, el gobierno, el pueblo? ¿Es nuestra planificación estratégica, nuestros pronósticos optimistas de encontrar curación, una luz suficiente para darnos un futuro brillante? En medio de la oscuridad total, donde los cimientos del mundo parecen ser sacudidos, estalla la luz de Cristo. ¿Podemos ver? Ver no proviene de nuestra lógica humana porque ésta es fácilmente derrotada por la oscuridad. La luz viene del Cristo Resucitado. ¿Viene Dios a rescatarnos de este mal? En absoluto, porque el mal hace lo que hace. Dios redime. El, en última instancia, reivindica la virtud, la bondad y la fidelidad mientras pasamos por el mal y por el sufrimiento, tal como lo hizo con Jesús. Dios y Cristo Resucitado no controlan, en definitiva, el mal y la muerte. Este es nuestro credo. Simplemente tenemos que confiar en su verdad y vivirla en el día a día.

Segundo: Juan enfatiza que lo primero que vio María Magdalena fue la tumba abierta (Jn 20, 1b). Ella estaba triste porque todavía no podía vincular la tumba abierta con la Resurrección. Fue solamente después que lloró que vio al Resucitado (Jn 20, 11 y ss). Esta es una invitación a nosotros para ver nuestra realidad a través del suave lente de lo femenino: en la tristeza y en las lágrimas. Ambas preparan el corazón para ver de verdad. Hay muchas cosas por las cuales estamos tristes en nuestra realidad de hoy. Estamos llorando porque de una forma o de otra, somos parte de este mundo herido, roto y violento y, en muchos sentidos, hemos contribuido a su violencia y heridas.

Finalmente, María informa a Pedro y Juan de lo que vio. Pedro y Juan lo vieron por sí mismos. Pedro vio. Juan vio y creyó. Ellos dos todavía no entendían el significado de la Resurrección (cf Jn 20, 2-9). Este detalle nos invita a que, en orden a experimentar una vida nueva, necesitamos acercarnos unos a otros y caminar juntos como una comunidad de buscadores de la verdad.

Nuestra realidad es una visión compartida y nadie monopoliza el todo ni absolutiza su parte del todo. Cada uno contribuye. Cada uno cree que el otro tiene algo que aportar. La verdad nos humilla porque en lugar de poseerla, ella nos posee a nosotros. Siempre está más allá de nosotros. Por lo tanto, necesitamos el aporte del otro. La verdad es un don gratuito revelado a una vibrante comunidad de peregrinos que busca con esperanza. Es triste decirlo, en nuestro mundo posmoderno, el poder se confunde con la verdad. Así, uno se vuelve arrogante con su parte y absolutiza su parte como si fuera la verdad total. Esta es la misma mentalidad que crea guerra y violencia. La Resurrección ofrece paz y perdón. Necesitamos elegir.

Hermanos, continuamos compartiendo nuestra búsqueda de la verdad en el Señor Resucitado hoy, tanto en la soledad de nuestra oración como en nuestros compromisos fraternos y misioneros. El Hno. Carlos está mostrándonos el sendero y también caminando con nosotros en nuestro anhelo de seguir a Jesús de Nazaret, de ser hermano de todos, vivir Nazaret, estar presente con los pobres, revisar nuestras vidas, gritar el Evangelio con nuestras vidas, oler a oveja en nuestra misión en las periferias, vivir el Evangelio antes de predicar.

Esta es nuestra espiritualidad como sacerdotes diocesanos en las huellas del Hno. Carlos. Este es nuestro regalo a nuestro mundo y a nuestra Iglesia hoy. Como regalo es inmerecido, pero necesitamos constantemente reajustar el regalo a través de la práctica. En esto, todos somos principiantes y compañeros de lucha, pero juntos, nos animamos unos a otros para estar este tiempo volviendo a nuestra práctica.

Mi humilde oración por cada uno de ustedes. Por favor, recen también por mí.

Eric LOZADA

(Traducción de Fernando TAPIA)

PDF: Carta de Pascua 2020, Eric LOZADA, hermano responsable, esp

Retiro fraternidad Pascua, 16 abril 2020

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Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas. España.

RETIRO DE PASCUA 2020

LA VIDA PARA EL HERMANO CARLOS
Una vida libre

SEGUNDO DÍA,
jueves, 16 abril

En este segundo día de retiro pascual vamos a saborear la libertad de los hijos de Dios. Cristo Resucitado nos da la libertad; el que quedó encerrado es ahora libre como el viento. Ningún peso le atrapa ni ninguna venda le impide andar. El hermano Carlos sólo está atado a la voluntad de Dios, la voluntad que va descubriendo en sus búsquedas y su imitación de Jesús: “Para creer hay que humillarse, hay que hacerse pequeño, hay que confesar que se tiene poco espíritu, admitir una cantidad de cosas que no se comprenden…”. Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”. En estos días de “confinamiento pascual” podemos experimentar la grandeza y la pequeñez del mundo donde estamos. Nuestra comunicación con el exterior se reduce a saludarnos “al estilo japonés” y al uso de los dispositivos electrónicos. Echamos de menos los abrazos y, sin embargo, no dejamos de sentir el cariño del propio Dios y de los hermanos.

Es momento de contemplación de toda esta situación. La custodia vacía del hermano Carlos nos puede decir mucho de tantas ausencias, de tantas veces que nos hemos sentido lejos de Dios, de las personas, o de nuestro propio ser interior. Pensamos que Jesús no está, porque lo buscamos en un sepulcro vacío. La ausencia de Dios en tanta gente nos da pena, y quisiéramos acercarle a Jesús, que no ha parado de amarlos, de buscarlos, de abrazarlos. Ausencias que se llenan a veces de algo artificial, de sueños inútiles o de fantasías. Dios es un Dios de vivos, decía Jesús, y es un Dios que nos da la libertad, a pesar de nuestro momento presente de “estar parados” o encerrados en casa. Pronto podremos decir “liberad al confinado”. Nada va a impedir que volvamos a abrazarnos y a saludarnos como siempre hemos hecho. En este momento Jesús no guarda las distancias y nos abraza cuando lo adoramos, Su amor es más fuerte que las limitaciones que ahora nos toca vivir.

El sábado santo ha sido para mí un día de desierto. Es, quizá, el día del año más adecuado para vivirlo así, hasta el momento de la Vigilia Pascual. Un desierto que puede ser repetición de lo que se vive cada día, pero que me situó de nuevo en la inmensidad de Dios, de su llamada, de su invitación a sentirme libre en el momento de Nazaret, que es el del confinamiento. El desierto, que nos hace encontrarnos vacíos de todo y esperándolo todo del Señor. El Assekrem de las cuatro paredes, del jardín, del huerto, de la calle o el campo que vemos desde la ventana…

¿Cómo nos identificamos con este Cristo Vivo, libre, en nuestra misión? “No tenemos la obligación de dar constantemente limosna, o consejos, o de rezar, pero sí la tenemos de dar buen ejemplo, tanto más cuanto que nuestras obras se saben, aunque creamos estar completamente solos…”, Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”. Nuestra misión, el estar junto a la gente en sus momentos difíciles, en lo cotidiano de sus vidas; también dejándonos invadir por su humanidad, por su alegría o su tristeza, sus cosas aparentemente sin importancia, su camino compartido y su fe o falta de ella, es la misión adonde Jesús nos envía. «Jesús, con su obra redentora, nos volvió a regalar la libertad, la libertad de los hijos», (Papa Francisco). Cristo nos da la libertad de dejarlo todo, de poner a un lado el tiempo, la condición de ser un consagrado, la imagen social que tenemos, para decir sí a la persona que nos necesita, a quien podemos hacer el bien, sin “consejos de curas”, sin ser funcionarios de la liturgia o de los sacramentos. No importa las formas externas; lo importante es el amor que ponemos.

Jesús no vino sólo a cambiar el curso natural de la vida física, sino a infundir en ella un nuevo sentido con la fuerza de su Espíritu y la potencia de su palabra, transmitiendo al ser humano una esperanza siempre viva, fuente inagotable de la verdadera alegría. La piedra sepulcral que los discípulos de Jesús debemos remover es enorme y pesada, pues la losa de la muerte sigue sepultando hoy a miles de muertos en la pandemia mundial del coronavirus y a las masas de los pobres y marginados en toda nuestra tierra.” José CERVANTES GABARRÓN, (sacerdote de la diócesis de Cartagena, España, en una homilía de Cuaresma). Ante la diversidad de llamadas que recibimos, de los mensajes que desbordan nuestros dispositivos electrónicos en estas semanas, respondamos con la alegría pascual. Mucha gente necesita de nosotros – simplemente – saber que estamos ahí, que somos para ellos más importantes que una mascarilla. Saben que nuestro rostro y nuestras manos no contagian más que el amor de Jesús, y nosotros sabemos que sus personas también son un cántico pascual de alabanza, de acción de gracias. Por eso tenemos que dar las gracias por la gente. Uno por uno, con su rostro y su nombre, ante Jesús en la adoración, poniendo a su lado a quien no vemos, pero sí los sentimos.

La persona que ama está abierta a las penas de los demás y siente impulsos hacia la compasión y la ayuda, porque siente la unidad con el afligido. Conforta a toda persona a la que ve sufriendo. Sabe que es una con la energía originaria de la que todo participa. Esto ocurre simplemente cuando nos abrimos y entramos en contacto con el otro con piedad.” Willigis JÄGER, “Adonde nos lleva nuestro anhelo. La mística en el siglo XXI”, Desclée de Brouwer (Willigis JÂGER celebró su Pascua en marzo pasado)

La Pascua nos devuelve la alegría de ser salvados, la libertad de ser felices, la esperanza de un mundo más positivo, de valorar el esfuerzo y el trabajo de mucha gente que se deja la piel por los demás. Demos gracias a Dios por este Jesús libertador, pequeño en los pequeños, y muy grande en nuestro corazón.

Buena y feliz Pascua a todos.

PDF: Retiro fraternidad Pascua, 16 abril 2020, esp

Retiro fraternidad Pascua, 15 abril 2020

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Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas. España.

RETIRO DE PASCUA 2020

LA VIDA PARA EL HERMANO CARLOS
La vida del que se hace último

PRIMER DÍA.
miércoles, 15 abril

Repasando el Cántico de Filipenses (Flp 2,6-11), que en estos días de Semana Santa hemos profundizado, y orado con él, nos situamos con el hermano Carlos en su aprendizaje de anonadamiento, como el discípulo que aprende de su maestro: “Descendió: descendió toda su vida, descender al encarnarse, descender al hacerse niño pequeño, descender obedeciendo, descender haciéndose pobre, abandonado, exiliado, perseguido, ajusticiado, poniéndose siempre en el último lugar”. Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”.

El aristócrata se hace siervo, el señor del castillo se va a vivir a la aldea, se despoja de su título y se hace hermano. ¿Cómo podemos entender lo del último lugar si nos mantenemos en el lugar de siempre o, incluso, tratamos de trepar, de escalar puestos? ¿Cuántas veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que ya somos humildes?

La imitación de Jesús, como enseñanza de Carlos de FOUCAULD y deseo constante a partir de su conversión, sabemos que consiste en orar, trabajar, amar, acompañar, perdonar, como lo hacía Jesús, y también ser feliz como lo era él, mostrando la misericordia del Padre, en cada gesto, cada palabra. “La misericordia no se fabrica: se recibe. El don de Dios no se compra, no se vende, no devuelve la llamada. Dar gratuitamente sin esperar nada, sin que nadie pierda la esperanza. Arriesgarse a amar hasta el final”. Jacques GAILLOT en “Felices los misericordiosos”, 10 setiembre 2016 en iesuscaritas.org

Seguramente estamos experimentando en estos días de “vivir en lo oculto”, confinados, sin nada en nuestras agendas, con las velas de nuestros barcos plegadas, a la espera de un viento propicio, un estilo de Nazaret muy especial.

La llamada a ser misioneros debe estar permanentemente en nuestro corazón; no participar de la vida de la gente, visitar a los enfermos, recibir a los amigos y a las personas que vienen a nuestras casas, y tantas cosas que no podemos hacer durante esta pandemia, nos puede ayudar a revisar el sentido de la misión. Es muy probable que echemos de menos a los demás, como nos echamos de menos a nosotros mismos en una situación de normalidad. Nos hemos hecho los últimos por imposición. Debemos ser los últimos porque nuestro Maestro así se hizo, y así lo aprendemos cada día.

Todo esto nos hace ser más conscientes de las realidades de nuestro mundo. Nosotros vivimos en una Europa cómoda que se tambalea, una Europa cerrada sobre sí misma: “Está por construir la Europa de los pueblos. Es el sentido de la Historia. Sacrificando a los hombres en aras de la economía, dejando de lado los países del Tercer Mundo, no se hará la Europa de los pueblos. ¿Cuál será entones el porvenir de las comunidades inmigrantes? A mí me parece en el Tratado de Maastricht los inmigrantes pagan el pato de una Europa fuerte que da un poco de más altura a sus murallas.
Jacques GAILLOT, “Me tomo la libertad…”, Nueva Utopía

Esta Europa, que va a sufrir una crisis económica que aún no sabemos su alcance, que va a ser la crisis humanitaria de tanta gente – que realmente es el mundo de los últimos, los que siempre han sido últimos -, aprenderá a estar en su lugar, a saber escuchar mejor, a aplicar una política de mirarse menos el ombligo y mirar al mundo sin miedos. Algo así puede suceder en América del Norte… Y, como Iglesia, podríamos decir lo mismo.

Desde lo pequeño, lo que siempre ha carecido de importancia para los más ricos, el hermano Carlos construye un sueño. Fue algo que no llegó a ver realizado, como una utopía inalcanzable – un desafío del Reino – y, sin embargo, nosotros lo estamos apreciando, porque nos ayuda en nuestras vidas a vivir con sencillez, a compartir, a ser fraternidad, a no mirar a nadie por encima de nosotros, a no ser sumisos al consumo feroz, o como sacerdotes, a celebrar la fe del pueblo, de donde formamos parte, sin aspavientos ni rituales complicados, siendo parte de la historia de la vida de la gente porque son importantes para nosotros. “En la solidaridad con los pobres. Esta Pascua tiene su propio color. Nuestra ambigüedad personal aparece un poco más clara iluminada por los pobres. Algunos que caminan con Jesús se sienten desconcertados por las palabras de denuncia y de exigencia de sus derechos y, en consecuencia, quieren hacer callar la voz de los pobres y de los que se solidarizan con ellos. Los oprimidos también tienen miedo de morir en el desierto como los judíos, y nos piden lo que tenemos. La historia, con sus retrocesos y oscuridades, nos lleva a perder de vista al Dios que parece perdido y alejado en la montaña, mientras a nuestro lado se fabrican ídolos de emergencia recubiertos de oro brillante.” Benjamín GONZÁLEZ BUELTA, “Bajar al encuentro de Dios. La vida de oración entre los pobres”, Sal Terrae

La Pascua, esta Pascua en soledad, en Nazaret doméstico, es una oportunidad para gozar de nuevo con las cosas pequeñas, las buenas noticias, los amigos o la familia que echamos de menos.

La Pascua nos pone en el marco de la alegría de los pequeños, los últimos, donde Jesús está presente siempre, con su puerta abierta para ser convidados a la mesa de los pobres, o la cortina recogida porque no hay ni puerta. No pasemos de largo, pensando en sitios mejores. La adoración de Jesús es ahora esa casa humilde donde estar con él, con todos los pobres del mundo, ante quienes no nos hacen falta las palabras.

Hagamos ahora un tiempo de adoración. No para pensar en lo que he escrito, sino para mirar a Jesús, el que se hizo el último y fue el Bienamado del hermano Carlos.

Para nuestra revisión de vida:

1 ¿Vivo más mi vida (tiempo, trabajo, disponibilidad, recursos personales, potencialidades…) para mí que en función de mi ser misionero, de mi entrega a los demás? ¿Por qué y de qué maneras?

2 En el confinamiento y la pandemia que he vivido, ¿qué he aprendido de mi propia experiencia interior y de las experiencias, valores, dolores, vida y muerte de fuera?

3 La Pascua, como toda Buena Noticia anunciada a los pobres, ¿en qué aspectos, actitudes o planteamientos de mi vida es una conversión, un cambio, una llamada? ¿Me lo imagino o lo estoy viviendo?

PDF: Retiro fraternidad Pascua, 15 abril 2020, esp

Retiro fraternidad Pascua, 14 abril 2020

Destacado

Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas. España.

RETIRO DE PASCUA 2020

LA VIDA PARA EL HERMANO CARLOS

INTRODUCCIÓN,
martes, 14 abril, noche

De esta manera telemática, este retiro de Pascua, -encuentro entre hermanos y momento contemplativo para celebrar a Jesús Resucitado- os ofrezco las reflexiones e invitación a la adoración, Cristo, pan y vino, liberado de la muerte y de la losa, caminante, peregrino con nosotros en este momento difícil de la humanidad… Cristo Vivo hoy nos invita a estar estos tres días en retiro gozoso con los seres humanos que tienen en su vida la esperanza de un mundo mejor. Por él fuimos salvados desde la cruz. Por él somos motivados a seguir en el trabajo del Reino. “Todo es de Dios… Le debemos todos los momentos de nuestra vida. Nuestro ser y existir: hagamos todo por Dios”. Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”.

Desde nuestro hermano Carlos, con todos los aspectos y factores de su vida, sus intuiciones y contradicciones, saboreemos la vida, como saborea lo que es pequeño y simple quien es verdaderamente pobre. Se dejó encontrar en la mañana de Resurrección y su gozo nos llega a nosotros, que tratamos de vivir su carisma como hombres de fe. Hagamos en esta Pascua un espacio a la alegría, al sueño – los sueños del hermano Carlos -, la vida, y ésta aprovechada cada instante, con la esperanza de quien sueña un mundo nuevo y los sufrimientos, los propios y los de la humanidad, no son un obstáculo: “Si algún día la tristeza te hace una invitación, dile que ya tienes un compromiso con la alegría y que le serás fiel toda la vida. Donde hay verdad, también hay luz, pero no confundas la luz con el flash”. (Papa Francisco)

La alegría que no siempre es risotada, ni producto de un triunfo personal. La alegría de los discípulos al ver al Señor, junto con los miedos al “qué va a pasar ahora”. Es la alegría del hermano Carlos que se encuentra cada día en Nazaret, en Beni-Abbès o Tamanrasset con la gente, de los que aprende un idioma, una manera de relacionarse, un estar a la escucha, como en Marruecos encontró una fe en los musulmanes que le transmitían la grandeza de Dios. No eran buenos tiempos ni política, ni económicamente para el mundo; la miseria y las epidemias también azotaban a muchos países, de diferentes maneras y con consecuencias dispares, como fue la Primera Guerra Mundial, la expoliación de los recursos en las colonias de Occidente en África, en Asia… ¿Qué mayor pandemia que el egoísmo de los poderosos? ¿Hay vacuna para eso?

He tenido que rehacer todo lo preparado para estos días ante la coyuntura que estamos viviendo, y, siendo realistas, no podemos dejar a un lado la situación de nuestro mundo, el más cercano a nosotros o el que no nos toca de cerca. Es una Pascua muy especial, como creo que hasta ahora no habíamos vivido. A pesar de todo, vivámosla como nos invita la Iglesia y nuestro ser profundo, tal y como cada uno somos.

Especialmente para mí, en estos días de Pascua, van a estar en el corazón hermanos nuestros que ya han celebrado su Pascua plena recientemente: Manolo BARRANCO, Mariano PUGA, Michel PINCHON, Margarita GOLDIE, Antonio L BAEZA… tantos hermanos y hermanas resucitados…

Volvamos en estos a días a dejarnos sorprender por la Buena Noticia de Jesús Resucitado, del que está vivo en los humildes, en los hospitales, los barrios marginales, las cárceles, las aldeas sin luz ni agua en tantos lugares del mundo; de ese Cristo que ha pasado por la cruz, pero que no ha pasado de la gente; el que, desde tantos hombres y mujeres que en estos meses están trabajando por nosotros, nos libera de los miedos y nos tiende la mano.

Nos ponemos, pues, en la presencia de Dios, sin olvidar la presencia del dolor, de la esperanza y de las alegrías. Nos ponemos en sus manos, como rezamos en la Oración de Abandono, y la rezamos… “Padre mío, me abandono a ti…”

Con todo el amor de nuestro corazón, con infinita confianza, sigamos creyendo en la vida, iniciando este retiro de Pascua.

Allí donde yo viva y la vida brote en mi, allí veré al Resucitado y experimentaré a Dios.” Anselm GRÛN, “Buscar a Dios en lo cotidiano”, Narcea.

PDF: Retiro fraternidad Pascua 2020, 14 abril 2020

Relieves del hermano Carlos. Antonio OTEIZA

El itinerario espiritual de Carlos de Foucauld a lo largo de su vida nos ofrece el testimonio de una persona totalmente entregada a la voluntad de Dios, viviendo una vida evangélica en medio de los más pobres en el corazón del desierto del Sáhara, con humildad, pobreza y caridad cristiana. Queriendo imitar a Jesús y entregarse a los demás hasta desear el martirio si así fuera la voluntad del Señor, muere asesinado el 1 de diciembre de 1916 en Tamanrasset.

Nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858 en el corazón de una familia noble. Huérfano de padre y madre a los seis años, queda bajo la tutela de su abuelo. Su infancia es triste. A causa de su carácter inquieto y desorientado, pierde la fe y, en consecuencia, vive su juventud de forma disoluta. Ingresa en el ejército en 1878 y participa en expediciones militares en África. Sin encontrar sentido a su vida, abandona el ejército y hace un viaje a Marruecos.

El desierto y la fe de los musulmanes le producen un impacto muy grande y hacen renacer en él la inquietud por la fe y Dios. Gracias a su prima, María de Bondy, y a su director espiritual, el padre Huvelin, llega su conversión. “Tan pronto creí que había Dios, me di cuenta de que no podía hacer otra cosa que vivir sólo para Él”.

Peregrina a Tierra Santa con la voluntad de descubrir el misterio de Nazaret. Más tarde entra en la Trapa para vivir en la extrema pobreza. Se le concede la dispensa para salir. Vive en Nazaret una vida contemplativa y humilde. Es ordenado sacerdote en el seminario de Viviers el 9 de junio de 1901. Poco tiempo después se instala en el oasis de Beni-Abbès, al sur de Argelia, con el fin de vivir su vocación de “hermano universal” en medio de las tribus pobres del desierto. Más tarde vive entre los tuaregs en Tamanrasset, en el Ahaggar.

Redacta diferentes proyectos de fundación sin encontrar seguidores al tiempo que se dedica a ayudar a los más necesitados y a acoger a todo el mundo. Hace tres viajes a Francia para crear una asociación de laicos con sentido misionero y de búsqueda espiritual, y realiza un extenso trabajo lingüístico para dar a conocer la lengua de los tuaregs. Las revueltas armadas entre las diferentes tribus de la zona, motivadas por la guerra de 1914, hacen que en el año 1916 muera solo, asesinado por una partida de sinusistas en Tamanrasset.

Su deseo de tener seguidores se hace realidad después de su muerte y a lo largo de los años hasta nuestros días. Además de la “Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús”, formada por cuarenta y nueve miembros en el momento de su muerte, se constituyen a partir de 1933 por todo el mundo, diversas “fraternidades” que viven y transmiten su mensaje, convirtiéndolo en una figura espiritual de gran influencia para nuestro tiempo. Grupos formados por matrimonios, célibes, sacerdotes, religiosos y religiosas, cada uno con su carisma particular, intentan vivir su compromiso evangélico siguiendo el mensaje de Carlos de Foucauld.

Desde el encuentro del mes de noviembre de 1955 en Beni-Abbès, los representantes de todos los grupos se encuentran periódicamente en diferentes lugares del mundo con el fin de compartir lo que vive cada uno en sus diferentes realidades y actualizar la espiritualidad de Carlos de Foucauld. El único encuentro realizado en España en el año 2001 fue en el pequeño pueblo de Tarrés, de la provincia de Lérida, donde la Comunidad de Jesús tiene diferentes casas de acogida, destinadas a vivir y difundir la espiritualidad foucauldiana. En su iglesia parroquial hay desde el año 2007 una capilla dedicada al beato Carlos.

En este lugar tiene su sede la Asociación “Familia Carlos de Foucauld en España” creada en el año 2006 y formada por todos los grupos, fraternidades y comunidades que se inspiran en su espiritualidad. Esta Asociación quiere ser un signo del espíritu abierto y universal que Carlos de Foucauld vivió, con el reto de trabajar por el Reino de Dios en nuestro mundo, desde la pequeñez, al lado de los pobres y “gritar el Evangelio con toda nuestra vida”, como a Carlos de Foucauld le gustaba decir.

ANOTACIONES

El conocimiento que se pueda tener de Carlos de Foucauld es de cultura religiosa elemental, pero visualmente me lo encontré en el ejemplo pobre y humilde de las Hermanitas, sus cristianos hábitos de azul añil y su vida en los ambientes marginados, y esto hizo crecer en mí la admiración por el Hermano Carlos.

Más tarde conocí a un Hermano sacerdote, contemplativo y abierto, y últimamente a los Hermanos Luis y Marisol, matrimonio de la Comunidad de Jesús en Valencia. Por esos días había terminado una serie de relieves sobre la vida de un venerable capuchino y me nació el ofrecimiento de hacer otra serie cerámica sobre Carlos de Foucauld. Esos Hermanos me acercaron a Torrechiva, Fraternidad en donde leí con más detenimiento su vida. Allí tenían un taller de escultura que se me facilitó para que fuera sacando aquellos pasajes que más determinaron o expresaban su interioridad, su ejemplo para nosotros.

Hace ya muchos años, demasiado tiempo, que andamos sufriendo una imaginería de débil y falso realismo. Por ese motivo con el P. Aguilar, dominico, desde los comienzos de la revista ARA, formamos equipo y trabajamos por un arte religioso actual y por mi parte, con cierto expresionismo, haciendo algunas exposiciones y algunas capillas por España y América.

Madrid, noviembre 1998
Antonio Oteiza

PDF: Relieves del hermano Carlos. Anronio OTEIZA

Ocho relieves para orar con Carlos de FOUCAULD. Antonio OTEIZA

La Conversión

“Me di cuenta de que no podía hacer otra cosa que vivir únicamente para Él”
(14 de agosto de 1901)

Lo prioritario, desde su conversión hasta el final de su vida, es la fidelidad absoluta, y sin interrupción, al amor apasionado que tiene a Jesús. Carlos tuvo la suerte de tener un corazón capaz de amar hasta el extremo. Desde que se sitúa, por acción de la gracia, en presencia del misterio de Dios encarnado en Jesucristo, arde en amor a Él.

 

Admira la Religiosidad Musulmana

En su viaje a Marruecos Dios le había tomado la palabra, dejando que fuese afectado por el impacto de los creyentes del Islam:

“El Islam produjo en mí una profunda convulsión… la visión de esta fe, de estas almas que viven en continua presencia de Dios, me dejó entrever algo de mayor envergadura y más verdadero que las ocupaciones mundanas: “Ad maiora nati sumus” (Nacimos para cosas más elevadas)…”

 

Traduce el Evangelio al Árabe y al Targui

Carlos quiere ver a Jesús en todo ser humano… Este deseo le conduce a actitudes concretas: quiere “llegar a ser del país”, hablar con los Tuareg en su lengua, compartir su estilo de vida y sus costumbres, desea que progresen en bienestar material y moral…

“teniendo para con todos bondad y afecto fraternal, sirviéndoles en todo lo posible, entrando en contacto afectuoso, siendo un tierno hermano para con todos…”

 

La Noche del Desierto

“Continuar en el Sahara la vida oculta de Jesús en Nazaret, n para predicar sino para vivir en la soledad, la pobreza, el trabajo humilde de Jesús.”
(abril, 1904)

Pasa largos momentos leyendo y meditando el Evangelio, donde encuentra las palabras y los ejemplos de Jesús a quien quiere imitar y seguir por amor. También pasó largos ratos ante el Santísimo Sacramento, donde su fe le dice que Jesús está presente con toda su fuerza salvadora para el mundo.

 

La Eucaristía y los Pobres

“Una caridad fraternal y universal que comparte hasta el último bocado de pan con cualquier pobre, cualquier huésped, cualquier desconocido que se presente.”
(2 de junio de 1901)

Si adora a Jesús presente en la Eucaristía, lo contempla también en los pobres con los que Dios en Jesús de Nazaret se identifica. Se pone fraternalmente al servicio de estos “pequeños” de los cuales habla Jesús.

 

El Hermano Universal

“Es el trabajo que prepara la evangelización: crear la confianza, la amistad, el apaciguamiento, la fraternidad…”
(17 de junio de 1904)

Imagina incluso una red fraternal de todos los bautizados: sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, que serían voluntarios de una vida sencilla según el Evangelio, y para hacerse cargo responsablemente de los “más abandonados”. Anhela para todos estos voluntarios del Amor un corazón de “hermano universal”, como Jesús.

 

Vive entre los Tuaregs rezando y con un trabajo manual

“Así pues, debía imitar la vida oculta del humilde y pobre obrero de Nazaret.”

Enseña a las mujeres a hacer punto, proporciona semillas para los huertos de Tamanrasset… Con estas disposiciones interiores, uno no se asombra de su atracción por la vida de Nazaret: en ella Jesús se había señalado por la consideración, total y lúcida, de lo ordinario, lo diario, lo humano, lo real.

La muerte de Carlos de Foucauld

“Si el grano de trigo caído en tierra no muere, se queda solo; si muere, da mucho fruto; yo no he muerto, así que estoy solo… Pida por mi conversión para que, muriendo, dé fruto”
(a Suzanne Perret)

En Tamanrasset lo sorprende un grupo de rebeldes la tarde del día 1 de diciembre de 1916. Capturado en una emboscada, lo atan mientras saquean su residencia. El muchacho de quince años que lo vigila, asustado por la llegada súbita de dos soldados, dispara contra él a quemarropa.

PDF: Ocho relieves para rezar con Carlos de FOUCAULD, Antonio OTEIZA

Boletín Horeb Ekumene, mayo 2020

En este número:

03 Carta de Pascua a todos los hermanos alrededor del mundo – Por Eric Lozada
08 Ciencia y fe en la época del Coronavirus – Por Giuseppe Tanzella-Nitti
13 Coronavirus y futuro tecnológico – P or Andrea Tomasi
17 No estamos seguros de que el universo comenzara en el “Big Bang” – Por Iván Agulló
23 La “Alianza de Virtud”: ¿Hacia una ley natural islámica? – Por Martino Diez
31 Carlos de Foucauld, profeta entre los Tuaregs – Por José Luis Vázquez Borau
38 DESDE LA ERMITA. – Por Emili M. Boïls
41 TEXTOS DE CARLOS DE FOUCAULD.
45 LIBROS, Libertad, Gracia y Destino.

PDF: Horeb Ekumene mayo 2020

Una Pascua distinta, con sabor a Nazaret. Aquilino MARTÍNEZ

Éste va a ser mi primer saludo y felicitación en el tiempo de Pascua, como responsable de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, en España. El primero debería haber sido en la última Navidad. Pero, como muchos sabéis, un ictus repentino, sin avisar, pocos días antes de la Navidad, decidió que empezara mi tiempo de “confinamiento”, casi tres meses antes del confinamiento oficial. No puedo sino dar gracias, a tantos sanitarios buenos y competentes, a mi familia y a los amigos, que han estado ahí, acompañando, apoyando y rezando. Por supuesto, he contado también con la amistad y la oración de tantos hermanos sacerdotes de la Fraternidad.

De repente, el mundo se ha “paralizado”. O quizá no. En pleno siglo XXI, cuando pensábamos que muchas cosas ya estaban superadas, cuando creíamos que las epidemias y pandemias eran cosa del pasado, en el que existían menos medios, más pobreza, menos recursos… entonces nos vemos sorprendidos, en todo el mundo, con esta pandemia del coronavirus. Hemos caído en la cuenta de nuestra vulnerabilidad, de que no somos tan fuertes, ni estamos tan preparados como pensábamos. Un “bichito” está poniendo “en jaque” a todo el mundo. Y aún no somos capaces de intuir las consecuencias de todo esto. Consecuencias a nivel económico, social, laboral, educativo… E, incluso, a nivel religioso. Los medios nos van poniendo al día de las cifras: contagiados, muertos, curados… Cifras de nuestro país, y de los países del Primer Mundo. Como siempre, el Tercer Mundo no cuenta. No salen cifras, ni imágenes, prácticamente. Las consecuencias de una pandemia en Africa, por ejemplo, pueden ser terribles. Pero, también, en esos Cuartos Mundos invisibles, pero muy presentes en el Primer Mundo.

Mi intención, con este mensaje de Pascua, dirigido a sacerdotes de la fraternidad, no es plasmar esta situación insólita causada por el coronavirus, sino intentar compartir algo de mi reflexión durante este tiempo de confinamiento. Ciertamente, para mucha gente está siendo una vivencia muy negativa y dolorosa. Un dolor que compartimos, pues también nosotros hemos perdido últimamente a hermanos sacerdotes de la fraternidad, unos por coronavirus, otros por otras enfermedades y circunstancias. Nuestro homenaje a todos los difuntos de esta etapa y, también, a todos los que acompañan, en primera línea, a los afectados. Cuánto santo anónimo tenemos por ahí, cuya santidad estos días está brillando, mientras otros estamos recogidos y “tranquilos” en nuestras casas. Pero, más allá de nuestra oración por los que se han ido o están muy enfermos, y nuestro reconocimiento a los que los acompañan de cerca, se nos ofrece una ocasión magnífica para adentrarnos, un poco más si cabe, en nuestro carisma: Nazaret. Por eso, me he atrevido a ponerle título a estas reflexiones, más o menos entrelazadas: “Una Pascua distinta, con sabor a Nazaret”.

Nunca podemos dar por zanjado nuestro camino de profundización en Nazaret. Siempre estamos en camino de redescubrir y actualizar ese Nazaret en nuestra vida sacerdotal, como presbíteros diocesanos. Y, quizá, esta etapa en casa es una gran ocasión para ello. Cuando seguramente teníamos todo preparado o en marcha para vivir una nueva Semana Santa y una nueva Pascua, el bichito ha decidido que todos esos planes se vengan abajo y que nos encerremos en casa. Pero, en cristiano, cualquier circunstancia, incluso las negativas, las no previstas, las que aparentemente nos superan, pueden ser una gran ocasión para crecer, para dar un paso en nuestra vida de fe, y como sacerdotes.

Sin duda, el coronavirus nos ha introducido en el Nazaret más básico: nuestra casa. Desde hace más de un mes no podemos salir de casa, si no es para lo imprescindible. Y lo que, en un primer momento, nos ha podido dejar un tanto desconcertados, nos puede estar proporcionando una lectura más profunda de nuestra vida, humana, cristiana y sacerdotalmente hablando. Se nos regala la oportunidad de recrear, en cierto sentido, ese Nazaret doméstico de Jesús, que fue como un “entrenamiento” para su vida pública. Aunque, como nos decía nuestro hermano Francisco Clemente, esa primera etapa en Nazaret ya formaba parte de la misión apostólica: “A veces hemos mirado Nazaret como contraposición de la vida apostólica. ¡Como si Nazaret no fuera en sí misma apostólica, y como si los años en que Jesús caminó por Palestina no llevaran en sus entrañas la experiencia nuclear de Nazaret! Jesús es apóstol en sus treinta y tres años, aunque en cada etapa exprese su acción pastoral con acentos diferentes” (Nazaret, espiritualidad del exilio. Francisco Clemente). El tiempo que Jesús vivió en Nazaret con su familia, “en casa”, ya era misión. Y un poco más adelante Francisco Clemente hace más explícita esa misión en Nazaret: “En Nazaret, Jesús salva testimoniando, gritando con su propia vida la gran experiencia que más tarde explicará con su palabra…” (ídem).

Quizá, superados los primeros días de cierto desconcierto, hemos podido entrar, dentro de este confinamiento, en una etapa más “nazarena”, en el sentido de vivir en silencio, sin ruido, más “hacia dentro” que “hacia fuera”, realidades que forman parte de nuestra vida sacerdotal y que, quizá, muchas veces están descuidadas. Está siendo un tiempo para orar más y mejor. Ese tiempo que muchas veces echamos en falta, por el cúmulo de tareas pastorales o, simplemente, porque nos hemos “acostumbrado” a ir tirando, haciendo muchas cosas, pero cuidando poco nuestra amistad con Jesús. ¡Cuántas horas dedicaba el hermano Carlos a su amistad con Jesús y con el Padre!. Y no por eso dejaba de ser misionero, todo lo contrario. Ese tiempo de intimidad con Jesús formaba parte, para el hermano Carlos, de la misión. Esta Pascua distinta puede ser una ocasión para saborear mucho más esa intimidad con Jesús.

Unido a lo anterior, y en ese contexto de intimidad con Jesús, cuánto podemos crecer en esta etapa de confinamiento en algo que era parte importante en el Nazaret diario de Carlos de Foucauld: la meditación pausada del evangelio. Cuántas “vueltas” le daría el hermano Carlos al evangelio, y así lo expresa en sus escritos: “Es necesario empaparnos del espíritu de Jesús, meditando sin cesar sus palabras y sus ejemplos. Que sean en nosotros como la gota que cae y recae sobre una piedra siempre en el mismo lugar”. Es muy probable que supiera de memoria todos los pasajes. Tenemos muchos comentarios suyos de los evangelios. Cuántas veces contemplaría las escenas de Nazaret. Cómo se iría forjando una imagen de Jesús en la lectura y meditación continua de esos evangelios, cómo se iría acercándose a Él a través de los evangelios. Tenemos una ocasión magnífica para profundizar en el evangelio y la Palabra de Dios. Una lectura pausada, serena, contemplativa…que nos ayude a conocer más y mejor a Jesús, y nos impulse a hacer una lectura encarnada y actualizada del evangelio.

Pero, además, podemos crecer en el amor, en el afecto, hacia tantas personas que forman parte de nuestra vida sacerdotal y pastoral. A veces, metidos y comprometidos en tantas faenas pastorales, olvidamos que lo más importante es querer de verdad, con un amor como el de Jesús, a aquellas personas con las que caminamos y trabajamos en nuestras parroquias y en nuestros ámbitos de referencia. Este tiempo en casa, curiosamente, puede ser un tiempo para estrechar nuestros lazos y nuestro afecto con toda esa gente a la que, no solo tenemos que servir y orientar, sino también querer. Como hacía Jesús. Y como hacía también el hermano Carlos: tenía muy presentes, en su contacto habitual con Jesús, a todos aquellos que formaban parte de su misión. Podemos así romper ese sacerdocio funcionarial en el que muchas veces caemos. Estamos llamados a querer a la gente y, desde ese afecto, mostrarle a Jesús. Desde ahí, podemos darle más realce a una expresión que suele formar parte de nuestro lenguaje, pero muchas veces sin contenido: comunión. Tiempo del coronavirus: tiempo para crecer en el afecto y la comunión con nuestra gente.

Y, por supuesto, podemos tener mucho más presentes a los últimos, a los que más sufren, a los descartados. No nos faltan ejemplos estos días. Sin olvidar que, antes y después del coronavirus, desgraciadamente, van a seguir estando ahí. Fue una de las tareas prioritarias del hermano Carlos. Solía estar cerca de los que no contaban. Acogerlos, atenderlos, quererlos…también formaba parte de la misión, era la misión. Si queremos seguir a Jesús de Nazaret, teniendo en cuenta el estilo de Carlos de Foucauld, una parte importante de nuestro tiempo y de nuestro corazón tiene que ir dedicado a ellos. Ahora, en este tiempo de confinamiento, en el que aparentemente estamos “lejos” de los que sufren, en realidad puede ser un tiempo para estrechar nuestros lazos con ellos. El hermano Carlos nos enseña, no sólo a atender a los pobres, a los que sufren, sino a quererlos, a ponerlos en el centro. Y esa actitud no se improvisa. Se madura en la adoración, en la liturgia de las horas, en la Eucaristía, y se concreta en el encuentro acogedor con ellos. Ahora podemos hacerles presentes con nuestro afecto. Quizá podemos hacer algo concreto, a través de nuestras Cáritas u otras formas de acercarnos e interesarnos por ellos.

Este pequeño “listado” de acciones, a modo de propuesta para este tiempo de confinamiento, podría alargarse. Seguro que cada uno podemos completarlo, desde nuestra propia historia como hermanos de la fraternidad, y desde lo que estamos viviendo en este momento. Se nos regala una nueva Pascua que, efectivamente, puede ser “una Pascua distinta, con saber a Nazaret”. Ojalá podamos compartir todo esto el próximo verano, en nuestros ejercicios espirituales, momento de encuentro y de profundización en nuestra espiritualidad.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Aquilino MARTÍNEZ,
Responsable de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas (España)

Xirivella (Valencia), 19 de abril de 2020

PDF: Carta de Aquilino, Pascua 2020