Carta de Pentecostés 2020, Eric LOZADA

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“¡Ven Espíritu Santo, envía el resplandor celestial de tu luz! Ven, Padre de los pobres, Ven dador de los dones, Ven luz del corazón, el más grande Consolador, dulce huésped del alma, llena lo más profundo del corazón de tus fieles, limpia lo que es inmundo, riega lo que está seco, sana lo que está herido, dobla lo que es rígido, calienta lo que está frío, corrige lo que se extravía” ( de Veni Sancti Spiritus)

Queridos hermanos,
rezo con ustedes esta oración al Espíritu Santo con la más grande intimidad y concentración. El virus corona nos está obligando a todos a detenernos y dar una prolongada y evaluativa mirada a lo que ha sucedido local y globalmente, que nos ha llevado a donde estamos ahora, en orden a que el Espíritu pueda guiarnos por caminos nuevos y creativos. La pandemia nos está enseñando que nuestro mundo necesita renovación o de lo contrario todos vamos a perecer. Nuestra consideración por cada persona humana, y por los sistemas operativos en la familia, comunidades de barrio, escuela, iglesias, religiones, política, economía, tecnología, medios de comunicación social, nuestro cuidado por la Madre Tierra, todo necesita ser refundado en principios más universales, inclusivos, equitativos, menos enjuiciadores, desfavorables, para que crezcamos nuevamente como una civilización del amor y de la vida.

Nosotros acogemos de nuevo el Espíritu en Pentecostés, pero de alguna manera olvidamos que el Espíritu estaba aquí desde el principio, según el Génesis (Gen 1,2). El movimiento del Espíritu ha sido siempre traer orden en medio del caos, dar vida, llevarnos a la verdad completa, enseñarnos todo lo que necesitamos saber (ver Jn 16,13). Sin embargo, el mismo Espíritu sopla donde quiere y no podemos saber de dónde viene y a dónde va (Jn 3,8). Nuestra teologización, nuestro pensamiento y nuestra calculada planificación no pueden ni predecir ni inhibir el camino del Espíritu. El siempre nos sorprende, ampliando nuestra visión y liberando más y más nuestros corazones de todos los obstáculos, de tal manera que seamos libres para Dios en nuestro mundo. Así como no podemos ver el aire o el silencio, el Espíritu Santo renueva nuestro mundo de formas que están más allá de nuestra vista. Nosotros simplemente tenemos que estar presentes a su Presencia en cada momento.

Nuestro mundo, incluyendo la Madre Tierra, está en crisis de nacimiento acerca de cómo es el futuro después de la pandemia. La gran mística Juliana de Norwich, en su 13ª visión lo dice: “Todo estará bien y todo tipo de cosas estarán bien”. Ella explica esto para decirnos que estemos alegres en toda circunstancia, aún en las adversas, porque finalmente todas las cosas se arreglarán en Cristo. Necesitamos ser cuidadosos acerca de la manera cómo recibimos este mensaje. ¿Significa esto que nosotros simplemente doblamos nuestras manos y dejamos todo a Dios? ¿Es esta una especie de teología suave que promete el maná del cielo en medio de nuestro sufrimiento?

La pandemia nos está enseñando a esperar. Esperar es nuestra capacidad de confiar el futuro en las manos de un Dios amoroso. Esperar no es algo blando. Esperar es una lucha. Luchamos porque pareciera que el mal, la tiranía, la violencia, el miedo y la muerte son más dominantes que la bondad, la paz, la unidad, el amor, la vida. La respuesta de Dios al mal está escondida en el Cristo Resucitado. El nunca rescató a su Hijo en el momento crucial del sufrimiento, pero finalmente lo validó con una vida nueva, después de haber pasado por el desamparo, el miedo, la violencia, la muerte. Dios finalmente nos reivindicará y mostrará al mundo y a todos sus sistemas cuan equivocado estaban en muchas maneras (cf Jn 16,8).

Pero nosotros necesitamos decidir. ¿Frente al mal y al sufrimiento, permitiremos que nuestros corazones sean dominados por el miedo, la desesperanza, la indiferencia, la amargura, la rabia, la desilusión, o seremos más abiertos, receptivos, amorosos, perdonadores y dadores de vida? El Espíritu renueva nuestro mundo y toda la creación de manera paciente, amable y humilde. Estamos invitados a no interponernos en su camino sino a proceder con la agenda de Dios para nuestro mundo.

Entonces, ¿qué es lo que nosotros tenemos que hacer? ¿Cuáles son las posibilidades y desafíos que se nos ofrecen y que necesitamos atender con renovado valor y esperanza? Alguien dijo una vez: “hoy día no necesitamos hombres grandes con corazones pequeños sino hombres pequeños con corazones grandes porque sólo lo poco y lo pequeño puede pasar a través del ojo de la aguja”. Pequeños actos de bondad hechos con corazones comprometidos y extravagantes. Nuestra nueva normalidad hoy día es un imperativo de volver a lo básico de una vida según el Evangelio, las obras de misericordia corporales y espirituales.

Nuestro propio Hermano Carlos nos ha dejado una espiritualidad: imita a Jesús en Nazaret, busca el último lugar, vive sencillamente, haz el apostolado de la bondad con una persona a la vez, se hermano y amigo de cada persona sin mirar su color, credo o estatus, se cercano a los pobres. El Papa Francisco nos está urgiendo a ir a las periferias, ser anunciadores de la alegría del Evangelio, salvaguardar a los menores y adultos vulnerables, comprometernos en la formación permanente, proteger a la Madre Tierra, nuestro hogar común. También necesitamos volver con nuevo entusiasmo a los elementos básicos de nuestra práctica espiritual: adoración diaria, meditación diaria del Evangelio, revisión de vida, día mensual de desierto, encuentros de fraternidad. Renovamos nuestra fidelidad a estas prácticas no para perfeccionarnos a nosotros mismos sino para tener una mayor responsabilidad con el don recibido y permitir que sus frutos fluyan hacia otros infinitamente, hasta que Dios sea glorificado en sus propias vidas.

Hermanos, en este tiempo de pandemia, recibimos un especial regalo de nuestra Madre Iglesia: declarar santo al Hermano Carlos. Junto con los demás miembros de nuestra familia espiritual, incluidos aquéllos que se han inspirado en el Hermano Carlos, pero no han sido miembros “canonizados” de nuestra familia espiritual, agradecemos al Espíritu por este don. Esperamos y rezamos para que la vida, el mensaje, las intuiciones, y el legado del Hermano Carlos puedan hacerse más disponibles y sean una inspiración para mucha gente, según el Espíritu lo desee. También por nosotros mismos, rezamos por una mayor resolución para dar testimonio con nuestras vidas y ministerio de aquello por lo cual el Hermano Carlos vivió.

Termino mi Carta con la oración colecta de la Misa de hoy: “Padre, santifica tu Iglesia extendida por todo pueblo y nación, y derrama los dones de tu Santo Espíritu por toda la faz de la tierra”.

Muchísimas gracias. Continuamos teniéndonos unos a otros y a nuestro mundo en la oración. Por favor, recen también por mí.

Su hermano y servidor Responsable,
Eric LOZADA

Filipinas, 31 de mayo de 2020

PDF: Carta de Pentecostés del responsable general a los hermanos, Eric LOZADA, Pentec 2020, esp

CARLOS DE FOUCAULD, PRONTO CANONIZADO

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Francisco aprueba el milagro atribuido a la intercesión del mártir

El Papa canonizará a Charles de Foucauld, el “padre del desierto

El amigo de los Tuaregs, y mártir, fue el inspirador de una corriente de pensamiento y reflexión que llega a nuestros días

Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes

“Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres”

Charles de Foucauld será santo… si es que alguno pensaba que ya no lo era. El maestro del desierto, de la predicación con la propia vida (hasta darla, en Tamanrasset, en 1916), de quien sus críticos afirmaban que jamás convirtió a nadie, será canonizado después de que el Papa aprobara el milagro atribuido a su intercesión. Sólo falta la fecha del milagro.

El “hermano universal” nació en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».

Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue asesinado por una banda que rodeó la casa.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de Noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro en Roma.

ÁMAME TAL COMO ERES

Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres.

PDF: CARLOS DE FOUCAULD, PRONTO CANONIZADO

Carta de Pascua 2020 a todos los hermanos alrededor del mundo. Eric LOZADA

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Filipinas, 12 de abril de 2020

“Estoy resucitado, y todavía estoy con ustedes, aleluya” (cf. Ps 139:18)

Amados hermanos,

les escribo desde mi ermita, tal como muchos de ustedes, en cuarentena. Este enclaustramiento impuesto es una excelente invitación para la adoración diaria, la meditación del Evangelio, el día de desierto, la revisión de vida, orando por el mundo, especialmente por los pobres, con fidelidad, intensidad y concentración. Una vida de soledad y de oración de calidad es nuestro humilde acto de caridad para nuestro mundo en pandemia.

Mirando a través de mi ventana estoy observando signos de vida nueva en la naturaleza. Aquí está seco y húmedo pero los pájaros están tocando y cantando su único repertorio de canciones, las mariposas están volando suavemente de flor en flor buscando néctar, los árboles se ven verdes y dan sombra a pesar del golpeante calor. Es asombroso como la naturaleza tiene su propia forma de anunciar la Resurrección. Sin preocupaciones y en completo abandono en Dios que los cuida.

Se supone que nosotros los humanos, somos de una especie superior por nuestra razón, pero ésta ha expulsado sistemáticamente nuestra confianza en Dios en el día a día y confiamos más en nuestro pensar egoísta. Este mismo pensar ha sido la causa de la violencia, el odio y la desconfianza. La Resurrección está ofreciéndonos perdón, amor y confianza. El mundo tiene que elegir.

Estamos en cuarentena hasta el 3 de mayo, pero a los sacerdotes se les ha dado salvoconductos para las labores litúrgicas y caritativas. Los he estado usando cada día para visitar las personas que me han invitado a acompañar los moribundos y a las familias en sus pérdidas, para facilitar los diálogos en familia, dar alimento y dinero a los que han perdido sus trabajos. Alguien me ha movido para estar con la gente en su desamparo, especialmente porque no podían ir a la Iglesia y orar. La Presencia llevada con mi presencia es un bálsamo que los conforta.

Al mismo tiempo, he sido extremadamente cuidadoso en seguir los protocolos de higiene y distanciamiento para no hacer más daño a la comunidad. Esta mañana, mi amigo Lemuel vino a mi ermita con mucha hambre, ojeroso, pidiendo alimento para sus 4 famélicos hijos. Lemuel quedó sin trabajo. Al pasarle algunas cosas, me sentí bendecido por su alegría, pero también sentí la incertidumbre en sus ojos.

Después de la oración, esta mañana di una larga y amorosa mirada al mapa colocado en mi pared. Mis ojos se fijaron en los 4 continentes: África, Europa, Asia y las Américas. El virus es ciertamente un gran igualador para los países ricos y pobres ya que todos están sufriendo la misma suerte. Veo rostros de doctores, enfermeras, pacientes y sus familias, preocupados, temerosos y, sin embargo, luchando por la vida.

(Mientras escribo esto, me han informado que mi hermana que trabaja como enfermera en los Estados Unidos ha sido diagnosticada como COVID positivo. Su familia está ahora en riesgo).

El mundo está sufriendo su pasión. Veo rostros de desamparo, preocupación, miedo, tristeza, odio y violencia por todas partes, con múltiples disfraces. Me pregunto: ¿Cuál es el mensaje de Cristo Resucitado para nuestro mundo hoy? ¿A qué nos está invitando Dios a ver? ¿Hacia dónde nos está guiando? ¿Significa la Resurrección que El nos va a rescatar de todo esto? ¿Cuál es la respuesta de Dios a su pueblo en pandemia? ¿Cómo debe ser oído el apacible mensaje de la Resurrección en medio de las abrumadoras noticias de muerte, sufrimiento y conflicto? ¿Dónde está la senda de la esperanza y de vida nueva en nuestros difíciles tiempos?

Hermanos, por favor, sufran conmigo estas preguntas. Yo los necesito, nos necesitamos unos a otros, la gente nos necesita. La Resurrección no es una alegría barata ni dulces palabras sonoras para rescatarnos de nuestro sufrimiento. Tenemos que forzar nuestros oídos y estirar nuestros corazones para oír el Mensaje. Luchamos con Dios por respuestas, aún si su respuesta está escondida en su silencio.

Encuentro que la lectura del relato de la Resurrección en la versión de Juan este año, es un Kairós. Algunos detalles de la versión de Juan podrían ayudarnos a ver y oír el Mensaje. Como no soy especialista en hermenéutica bíblica, confío en una reflexión orante del texto. Por favor, sean generosos si suena ingenuo.

Permítanme puntualizar tres cosas.

Primero: Juan habla de que la Resurrección ocurrió “el primer día de la semana cuando todavía estaba oscuro” (Jn 20, 1a). La Resurrección irrumpe de los cimientos de nuestra humanidad y del mundo, en la oscuridad de lo desconocido. Esto nos recuerda el Génesis cuando el mundo estaba oscuro y sin forma y el Espíritu se cernía sobre las aguas oscuras. Entonces dijo Dios: “Que haya luz y hubo luz” (Gen 1,2-3).

Hoy el mundo está en la oscuridad de la pandemia. El futuro parece aún más oscuro para muchos. ¿Cómo se recuperarán los negocios, el gobierno, el pueblo? ¿Es nuestra planificación estratégica, nuestros pronósticos optimistas de encontrar curación, una luz suficiente para darnos un futuro brillante? En medio de la oscuridad total, donde los cimientos del mundo parecen ser sacudidos, estalla la luz de Cristo. ¿Podemos ver? Ver no proviene de nuestra lógica humana porque ésta es fácilmente derrotada por la oscuridad. La luz viene del Cristo Resucitado. ¿Viene Dios a rescatarnos de este mal? En absoluto, porque el mal hace lo que hace. Dios redime. El, en última instancia, reivindica la virtud, la bondad y la fidelidad mientras pasamos por el mal y por el sufrimiento, tal como lo hizo con Jesús. Dios y Cristo Resucitado no controlan, en definitiva, el mal y la muerte. Este es nuestro credo. Simplemente tenemos que confiar en su verdad y vivirla en el día a día.

Segundo: Juan enfatiza que lo primero que vio María Magdalena fue la tumba abierta (Jn 20, 1b). Ella estaba triste porque todavía no podía vincular la tumba abierta con la Resurrección. Fue solamente después que lloró que vio al Resucitado (Jn 20, 11 y ss). Esta es una invitación a nosotros para ver nuestra realidad a través del suave lente de lo femenino: en la tristeza y en las lágrimas. Ambas preparan el corazón para ver de verdad. Hay muchas cosas por las cuales estamos tristes en nuestra realidad de hoy. Estamos llorando porque de una forma o de otra, somos parte de este mundo herido, roto y violento y, en muchos sentidos, hemos contribuido a su violencia y heridas.

Finalmente, María informa a Pedro y Juan de lo que vio. Pedro y Juan lo vieron por sí mismos. Pedro vio. Juan vio y creyó. Ellos dos todavía no entendían el significado de la Resurrección (cf Jn 20, 2-9). Este detalle nos invita a que, en orden a experimentar una vida nueva, necesitamos acercarnos unos a otros y caminar juntos como una comunidad de buscadores de la verdad.

Nuestra realidad es una visión compartida y nadie monopoliza el todo ni absolutiza su parte del todo. Cada uno contribuye. Cada uno cree que el otro tiene algo que aportar. La verdad nos humilla porque en lugar de poseerla, ella nos posee a nosotros. Siempre está más allá de nosotros. Por lo tanto, necesitamos el aporte del otro. La verdad es un don gratuito revelado a una vibrante comunidad de peregrinos que busca con esperanza. Es triste decirlo, en nuestro mundo posmoderno, el poder se confunde con la verdad. Así, uno se vuelve arrogante con su parte y absolutiza su parte como si fuera la verdad total. Esta es la misma mentalidad que crea guerra y violencia. La Resurrección ofrece paz y perdón. Necesitamos elegir.

Hermanos, continuamos compartiendo nuestra búsqueda de la verdad en el Señor Resucitado hoy, tanto en la soledad de nuestra oración como en nuestros compromisos fraternos y misioneros. El Hno. Carlos está mostrándonos el sendero y también caminando con nosotros en nuestro anhelo de seguir a Jesús de Nazaret, de ser hermano de todos, vivir Nazaret, estar presente con los pobres, revisar nuestras vidas, gritar el Evangelio con nuestras vidas, oler a oveja en nuestra misión en las periferias, vivir el Evangelio antes de predicar.

Esta es nuestra espiritualidad como sacerdotes diocesanos en las huellas del Hno. Carlos. Este es nuestro regalo a nuestro mundo y a nuestra Iglesia hoy. Como regalo es inmerecido, pero necesitamos constantemente reajustar el regalo a través de la práctica. En esto, todos somos principiantes y compañeros de lucha, pero juntos, nos animamos unos a otros para estar este tiempo volviendo a nuestra práctica.

Mi humilde oración por cada uno de ustedes. Por favor, recen también por mí.

Eric LOZADA

(Traducción de Fernando TAPIA)

PDF: Carta de Pascua 2020, Eric LOZADA, hermano responsable, esp

Retiro fraternidad Pascua, 16 abril 2020

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Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas. España.

RETIRO DE PASCUA 2020

LA VIDA PARA EL HERMANO CARLOS
Una vida libre

SEGUNDO DÍA,
jueves, 16 abril

En este segundo día de retiro pascual vamos a saborear la libertad de los hijos de Dios. Cristo Resucitado nos da la libertad; el que quedó encerrado es ahora libre como el viento. Ningún peso le atrapa ni ninguna venda le impide andar. El hermano Carlos sólo está atado a la voluntad de Dios, la voluntad que va descubriendo en sus búsquedas y su imitación de Jesús: “Para creer hay que humillarse, hay que hacerse pequeño, hay que confesar que se tiene poco espíritu, admitir una cantidad de cosas que no se comprenden…”. Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”. En estos días de “confinamiento pascual” podemos experimentar la grandeza y la pequeñez del mundo donde estamos. Nuestra comunicación con el exterior se reduce a saludarnos “al estilo japonés” y al uso de los dispositivos electrónicos. Echamos de menos los abrazos y, sin embargo, no dejamos de sentir el cariño del propio Dios y de los hermanos.

Es momento de contemplación de toda esta situación. La custodia vacía del hermano Carlos nos puede decir mucho de tantas ausencias, de tantas veces que nos hemos sentido lejos de Dios, de las personas, o de nuestro propio ser interior. Pensamos que Jesús no está, porque lo buscamos en un sepulcro vacío. La ausencia de Dios en tanta gente nos da pena, y quisiéramos acercarle a Jesús, que no ha parado de amarlos, de buscarlos, de abrazarlos. Ausencias que se llenan a veces de algo artificial, de sueños inútiles o de fantasías. Dios es un Dios de vivos, decía Jesús, y es un Dios que nos da la libertad, a pesar de nuestro momento presente de “estar parados” o encerrados en casa. Pronto podremos decir “liberad al confinado”. Nada va a impedir que volvamos a abrazarnos y a saludarnos como siempre hemos hecho. En este momento Jesús no guarda las distancias y nos abraza cuando lo adoramos, Su amor es más fuerte que las limitaciones que ahora nos toca vivir.

El sábado santo ha sido para mí un día de desierto. Es, quizá, el día del año más adecuado para vivirlo así, hasta el momento de la Vigilia Pascual. Un desierto que puede ser repetición de lo que se vive cada día, pero que me situó de nuevo en la inmensidad de Dios, de su llamada, de su invitación a sentirme libre en el momento de Nazaret, que es el del confinamiento. El desierto, que nos hace encontrarnos vacíos de todo y esperándolo todo del Señor. El Assekrem de las cuatro paredes, del jardín, del huerto, de la calle o el campo que vemos desde la ventana…

¿Cómo nos identificamos con este Cristo Vivo, libre, en nuestra misión? “No tenemos la obligación de dar constantemente limosna, o consejos, o de rezar, pero sí la tenemos de dar buen ejemplo, tanto más cuanto que nuestras obras se saben, aunque creamos estar completamente solos…”, Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”. Nuestra misión, el estar junto a la gente en sus momentos difíciles, en lo cotidiano de sus vidas; también dejándonos invadir por su humanidad, por su alegría o su tristeza, sus cosas aparentemente sin importancia, su camino compartido y su fe o falta de ella, es la misión adonde Jesús nos envía. «Jesús, con su obra redentora, nos volvió a regalar la libertad, la libertad de los hijos», (Papa Francisco). Cristo nos da la libertad de dejarlo todo, de poner a un lado el tiempo, la condición de ser un consagrado, la imagen social que tenemos, para decir sí a la persona que nos necesita, a quien podemos hacer el bien, sin “consejos de curas”, sin ser funcionarios de la liturgia o de los sacramentos. No importa las formas externas; lo importante es el amor que ponemos.

Jesús no vino sólo a cambiar el curso natural de la vida física, sino a infundir en ella un nuevo sentido con la fuerza de su Espíritu y la potencia de su palabra, transmitiendo al ser humano una esperanza siempre viva, fuente inagotable de la verdadera alegría. La piedra sepulcral que los discípulos de Jesús debemos remover es enorme y pesada, pues la losa de la muerte sigue sepultando hoy a miles de muertos en la pandemia mundial del coronavirus y a las masas de los pobres y marginados en toda nuestra tierra.” José CERVANTES GABARRÓN, (sacerdote de la diócesis de Cartagena, España, en una homilía de Cuaresma). Ante la diversidad de llamadas que recibimos, de los mensajes que desbordan nuestros dispositivos electrónicos en estas semanas, respondamos con la alegría pascual. Mucha gente necesita de nosotros – simplemente – saber que estamos ahí, que somos para ellos más importantes que una mascarilla. Saben que nuestro rostro y nuestras manos no contagian más que el amor de Jesús, y nosotros sabemos que sus personas también son un cántico pascual de alabanza, de acción de gracias. Por eso tenemos que dar las gracias por la gente. Uno por uno, con su rostro y su nombre, ante Jesús en la adoración, poniendo a su lado a quien no vemos, pero sí los sentimos.

La persona que ama está abierta a las penas de los demás y siente impulsos hacia la compasión y la ayuda, porque siente la unidad con el afligido. Conforta a toda persona a la que ve sufriendo. Sabe que es una con la energía originaria de la que todo participa. Esto ocurre simplemente cuando nos abrimos y entramos en contacto con el otro con piedad.” Willigis JÄGER, “Adonde nos lleva nuestro anhelo. La mística en el siglo XXI”, Desclée de Brouwer (Willigis JÂGER celebró su Pascua en marzo pasado)

La Pascua nos devuelve la alegría de ser salvados, la libertad de ser felices, la esperanza de un mundo más positivo, de valorar el esfuerzo y el trabajo de mucha gente que se deja la piel por los demás. Demos gracias a Dios por este Jesús libertador, pequeño en los pequeños, y muy grande en nuestro corazón.

Buena y feliz Pascua a todos.

PDF: Retiro fraternidad Pascua, 16 abril 2020, esp

Retiro fraternidad Pascua, 15 abril 2020

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Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas. España.

RETIRO DE PASCUA 2020

LA VIDA PARA EL HERMANO CARLOS
La vida del que se hace último

PRIMER DÍA.
miércoles, 15 abril

Repasando el Cántico de Filipenses (Flp 2,6-11), que en estos días de Semana Santa hemos profundizado, y orado con él, nos situamos con el hermano Carlos en su aprendizaje de anonadamiento, como el discípulo que aprende de su maestro: “Descendió: descendió toda su vida, descender al encarnarse, descender al hacerse niño pequeño, descender obedeciendo, descender haciéndose pobre, abandonado, exiliado, perseguido, ajusticiado, poniéndose siempre en el último lugar”. Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”.

El aristócrata se hace siervo, el señor del castillo se va a vivir a la aldea, se despoja de su título y se hace hermano. ¿Cómo podemos entender lo del último lugar si nos mantenemos en el lugar de siempre o, incluso, tratamos de trepar, de escalar puestos? ¿Cuántas veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que ya somos humildes?

La imitación de Jesús, como enseñanza de Carlos de FOUCAULD y deseo constante a partir de su conversión, sabemos que consiste en orar, trabajar, amar, acompañar, perdonar, como lo hacía Jesús, y también ser feliz como lo era él, mostrando la misericordia del Padre, en cada gesto, cada palabra. “La misericordia no se fabrica: se recibe. El don de Dios no se compra, no se vende, no devuelve la llamada. Dar gratuitamente sin esperar nada, sin que nadie pierda la esperanza. Arriesgarse a amar hasta el final”. Jacques GAILLOT en “Felices los misericordiosos”, 10 setiembre 2016 en iesuscaritas.org

Seguramente estamos experimentando en estos días de “vivir en lo oculto”, confinados, sin nada en nuestras agendas, con las velas de nuestros barcos plegadas, a la espera de un viento propicio, un estilo de Nazaret muy especial.

La llamada a ser misioneros debe estar permanentemente en nuestro corazón; no participar de la vida de la gente, visitar a los enfermos, recibir a los amigos y a las personas que vienen a nuestras casas, y tantas cosas que no podemos hacer durante esta pandemia, nos puede ayudar a revisar el sentido de la misión. Es muy probable que echemos de menos a los demás, como nos echamos de menos a nosotros mismos en una situación de normalidad. Nos hemos hecho los últimos por imposición. Debemos ser los últimos porque nuestro Maestro así se hizo, y así lo aprendemos cada día.

Todo esto nos hace ser más conscientes de las realidades de nuestro mundo. Nosotros vivimos en una Europa cómoda que se tambalea, una Europa cerrada sobre sí misma: “Está por construir la Europa de los pueblos. Es el sentido de la Historia. Sacrificando a los hombres en aras de la economía, dejando de lado los países del Tercer Mundo, no se hará la Europa de los pueblos. ¿Cuál será entones el porvenir de las comunidades inmigrantes? A mí me parece en el Tratado de Maastricht los inmigrantes pagan el pato de una Europa fuerte que da un poco de más altura a sus murallas.
Jacques GAILLOT, “Me tomo la libertad…”, Nueva Utopía

Esta Europa, que va a sufrir una crisis económica que aún no sabemos su alcance, que va a ser la crisis humanitaria de tanta gente – que realmente es el mundo de los últimos, los que siempre han sido últimos -, aprenderá a estar en su lugar, a saber escuchar mejor, a aplicar una política de mirarse menos el ombligo y mirar al mundo sin miedos. Algo así puede suceder en América del Norte… Y, como Iglesia, podríamos decir lo mismo.

Desde lo pequeño, lo que siempre ha carecido de importancia para los más ricos, el hermano Carlos construye un sueño. Fue algo que no llegó a ver realizado, como una utopía inalcanzable – un desafío del Reino – y, sin embargo, nosotros lo estamos apreciando, porque nos ayuda en nuestras vidas a vivir con sencillez, a compartir, a ser fraternidad, a no mirar a nadie por encima de nosotros, a no ser sumisos al consumo feroz, o como sacerdotes, a celebrar la fe del pueblo, de donde formamos parte, sin aspavientos ni rituales complicados, siendo parte de la historia de la vida de la gente porque son importantes para nosotros. “En la solidaridad con los pobres. Esta Pascua tiene su propio color. Nuestra ambigüedad personal aparece un poco más clara iluminada por los pobres. Algunos que caminan con Jesús se sienten desconcertados por las palabras de denuncia y de exigencia de sus derechos y, en consecuencia, quieren hacer callar la voz de los pobres y de los que se solidarizan con ellos. Los oprimidos también tienen miedo de morir en el desierto como los judíos, y nos piden lo que tenemos. La historia, con sus retrocesos y oscuridades, nos lleva a perder de vista al Dios que parece perdido y alejado en la montaña, mientras a nuestro lado se fabrican ídolos de emergencia recubiertos de oro brillante.” Benjamín GONZÁLEZ BUELTA, “Bajar al encuentro de Dios. La vida de oración entre los pobres”, Sal Terrae

La Pascua, esta Pascua en soledad, en Nazaret doméstico, es una oportunidad para gozar de nuevo con las cosas pequeñas, las buenas noticias, los amigos o la familia que echamos de menos.

La Pascua nos pone en el marco de la alegría de los pequeños, los últimos, donde Jesús está presente siempre, con su puerta abierta para ser convidados a la mesa de los pobres, o la cortina recogida porque no hay ni puerta. No pasemos de largo, pensando en sitios mejores. La adoración de Jesús es ahora esa casa humilde donde estar con él, con todos los pobres del mundo, ante quienes no nos hacen falta las palabras.

Hagamos ahora un tiempo de adoración. No para pensar en lo que he escrito, sino para mirar a Jesús, el que se hizo el último y fue el Bienamado del hermano Carlos.

Para nuestra revisión de vida:

1 ¿Vivo más mi vida (tiempo, trabajo, disponibilidad, recursos personales, potencialidades…) para mí que en función de mi ser misionero, de mi entrega a los demás? ¿Por qué y de qué maneras?

2 En el confinamiento y la pandemia que he vivido, ¿qué he aprendido de mi propia experiencia interior y de las experiencias, valores, dolores, vida y muerte de fuera?

3 La Pascua, como toda Buena Noticia anunciada a los pobres, ¿en qué aspectos, actitudes o planteamientos de mi vida es una conversión, un cambio, una llamada? ¿Me lo imagino o lo estoy viviendo?

PDF: Retiro fraternidad Pascua, 15 abril 2020, esp

Retiro fraternidad Pascua, 14 abril 2020

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Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas. España.

RETIRO DE PASCUA 2020

LA VIDA PARA EL HERMANO CARLOS

INTRODUCCIÓN,
martes, 14 abril, noche

De esta manera telemática, este retiro de Pascua, -encuentro entre hermanos y momento contemplativo para celebrar a Jesús Resucitado- os ofrezco las reflexiones e invitación a la adoración, Cristo, pan y vino, liberado de la muerte y de la losa, caminante, peregrino con nosotros en este momento difícil de la humanidad… Cristo Vivo hoy nos invita a estar estos tres días en retiro gozoso con los seres humanos que tienen en su vida la esperanza de un mundo mejor. Por él fuimos salvados desde la cruz. Por él somos motivados a seguir en el trabajo del Reino. “Todo es de Dios… Le debemos todos los momentos de nuestra vida. Nuestro ser y existir: hagamos todo por Dios”. Carlos de FOUCAULD, “Escritos Espirituales”.

Desde nuestro hermano Carlos, con todos los aspectos y factores de su vida, sus intuiciones y contradicciones, saboreemos la vida, como saborea lo que es pequeño y simple quien es verdaderamente pobre. Se dejó encontrar en la mañana de Resurrección y su gozo nos llega a nosotros, que tratamos de vivir su carisma como hombres de fe. Hagamos en esta Pascua un espacio a la alegría, al sueño – los sueños del hermano Carlos -, la vida, y ésta aprovechada cada instante, con la esperanza de quien sueña un mundo nuevo y los sufrimientos, los propios y los de la humanidad, no son un obstáculo: “Si algún día la tristeza te hace una invitación, dile que ya tienes un compromiso con la alegría y que le serás fiel toda la vida. Donde hay verdad, también hay luz, pero no confundas la luz con el flash”. (Papa Francisco)

La alegría que no siempre es risotada, ni producto de un triunfo personal. La alegría de los discípulos al ver al Señor, junto con los miedos al “qué va a pasar ahora”. Es la alegría del hermano Carlos que se encuentra cada día en Nazaret, en Beni-Abbès o Tamanrasset con la gente, de los que aprende un idioma, una manera de relacionarse, un estar a la escucha, como en Marruecos encontró una fe en los musulmanes que le transmitían la grandeza de Dios. No eran buenos tiempos ni política, ni económicamente para el mundo; la miseria y las epidemias también azotaban a muchos países, de diferentes maneras y con consecuencias dispares, como fue la Primera Guerra Mundial, la expoliación de los recursos en las colonias de Occidente en África, en Asia… ¿Qué mayor pandemia que el egoísmo de los poderosos? ¿Hay vacuna para eso?

He tenido que rehacer todo lo preparado para estos días ante la coyuntura que estamos viviendo, y, siendo realistas, no podemos dejar a un lado la situación de nuestro mundo, el más cercano a nosotros o el que no nos toca de cerca. Es una Pascua muy especial, como creo que hasta ahora no habíamos vivido. A pesar de todo, vivámosla como nos invita la Iglesia y nuestro ser profundo, tal y como cada uno somos.

Especialmente para mí, en estos días de Pascua, van a estar en el corazón hermanos nuestros que ya han celebrado su Pascua plena recientemente: Manolo BARRANCO, Mariano PUGA, Michel PINCHON, Margarita GOLDIE, Antonio L BAEZA… tantos hermanos y hermanas resucitados…

Volvamos en estos a días a dejarnos sorprender por la Buena Noticia de Jesús Resucitado, del que está vivo en los humildes, en los hospitales, los barrios marginales, las cárceles, las aldeas sin luz ni agua en tantos lugares del mundo; de ese Cristo que ha pasado por la cruz, pero que no ha pasado de la gente; el que, desde tantos hombres y mujeres que en estos meses están trabajando por nosotros, nos libera de los miedos y nos tiende la mano.

Nos ponemos, pues, en la presencia de Dios, sin olvidar la presencia del dolor, de la esperanza y de las alegrías. Nos ponemos en sus manos, como rezamos en la Oración de Abandono, y la rezamos… “Padre mío, me abandono a ti…”

Con todo el amor de nuestro corazón, con infinita confianza, sigamos creyendo en la vida, iniciando este retiro de Pascua.

Allí donde yo viva y la vida brote en mi, allí veré al Resucitado y experimentaré a Dios.” Anselm GRÛN, “Buscar a Dios en lo cotidiano”, Narcea.

PDF: Retiro fraternidad Pascua 2020, 14 abril 2020

Boletín Iesus Caritas, julio 2020, fraternidad Argentina

E ste año no hemos podido encontrarnos en nuestro retiro anual. Se extraña. Se extraña el olor a leña del comedor y los pasillos, la eucaristía diaria y el compartir inspirado y sencillo, los corazones abiertos de la revisión de vida, el día de desierto sabiendo que la comunidad te espera, la librería ambulante, los suvenires de Daniel, los turnos de adoración nocturna, algún licor por la noche, los encuentros cara a cara con el Señor. Se extraña la fraternidad de nuestro encuentro.

Cada año tomábamos distancia de nuestro vecindario, parroquia, iglesia particular, para encontrarnos como fraternidad nacional. En esta ocasión nos
hemos visto invitados a continuar siendo “vecinos” entre los vecinos. La responsabilidad por el cumplimiento de las disposiciones sanitarias, el cuidado de cada uno y de los demás, la presencia latente de este enemigo invisible, hizo que “nos guardáramos”. Una de las intuiciones evangélicas más inspiradoras del hermano Carlos, es volver a Nazaret, a la vida oculta, a la vida sencilla de vecino, a una vida que parece inútil. Y estamos teniendo nuestro Nazaret como nunca lo habíamos imaginado. Algunos pareciéramos encontrar algún escape del ocultamiento a través de las redes sociales y transmisiones de la misa. En todo caso, el vecindario sigue siendo vecindario. ¿Cómo gritar el evangelio con la vida entre los vecinos, en estas circunstancias? ¿Cómo ser amigo, hermano, vecino sin salir de casa? Aunque a los curas nos han otorgado permiso de circulación por ser “servicio esencial”, las iniciativas se encontraron con sus límites. Los templos cerrados y muchas de las actividades de los grupos de nuestras comunidades se
vieron resentidas por el forzado confinamiento. Un gran desierto. “Por eso, yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré de su corazón” (Os. 2, 16). No imaginábamos este desierto, pero lo estamos viviendo. Y Dios habla en él. Y Dios nos habla…

A fines de mayo recibíamos la noticia de que el hermano Carlos será canonizado. Quien experimentó como vocación la búsqueda del último lugar, será propuesto para toda la Iglesia y para los hombres y mujeres de buena voluntad como alguien que vivió de modo único y ejemplar el evangelio. Pareciera una contradicción que Carlos de Foucauld quede tan expuesto. Pero no entenderíamos correctamente la santidad si la interpretáramos como un “primer lugar”, como un “aparecer” de un modo privilegiado ante los demás. La santidad en la vida del hermano Carlos es, en efecto, un camino de descenso. Desde los testimonios vertidos en este Boletín, nos asomamos a los vecindarios de los hermanos de la Fraternidad nacional. Muchas gracias a cada uno por sus aportes. Continuamos en comunión y fraternidad.

Abre el boletín completo en PDF: Boletín Iesus Caritas 2020

Chile, orientaciones para la realización de la semana de Nazaret

La Familia Espiritual Carlos de Foucauld ha organizado anualmente desde 2012 hasta 2019, una SEMANA DE NAZARET PARA JOVENES, en distintos lugares de Chile. Su finalidad ha sido ayudar a los jóvenes a encontrarse más profundamente con Jesús de Nazaret, amarlo con pasión y seguirlo con fidelidad, en medio de las realidades de este mundo, al modo del Bienaventurado Carlos de Foucauld.

En julio de 2019 se vio la conveniencia de hacer un alto y evaluar la experiencia tenida. Para ello se encargó a Javier Pinto la redacción de un documento síntesis de las ocho semanas, que contuviera un relato de lo vivido por los jóvenes, algunos testimonios de ellos, una sistematización de las características de la experiencia y algunas proyecciones y desafíos para el futuro.

También se vio necesario hacer una encuesta, vía internet, a los jóvenes que habían participado una o varias veces en las distintas Semanas de Nazaret. Las preguntas apuntaban a conocer los frutos que esta experiencia espiritual y eclesial había tenido en sus vidas y recoger sus opiniones respecto del futuro de la misma. Respondieron 17 jóvenes. Con estos datos se hizo un Informe.

Finalmente, se organizó una jornada de evaluación de la experiencia con representantes de las varias ramas de la Familia espiritual: Hermanitas de Jesús, Instituto Secular Iesus
Caritas, Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, Fraternidad laica adulta y Fraternidad laica juvenil. Siete personas en total que nos reunimos del 3 al 5 de febrero de 2020, en el Santuario Santa Rosa de Pelequén, servido por un sacerdote de Iesus Caritas.

Lee el documento completo en PDF: CHILE, ORIENTACIONES PARA LA REALIZACIÓN DE LA SEMANA DE NAZARET, esp

Noticias y Comunicaciones Horeb 272

Nº 272–24 de junio 2020 – Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld

DISPUESTOS A SUFRIR

Jesús no quería ver sufrir a nadie. El sufrimiento es malo. Jesús nunca lo buscó ni para sí mismo ni para los demás. Al contrario, toda su vida consistió en luchar contra el sufrimiento y el mal, que tanto daño hacen a las personas. Las fuentes lo presentan siempre combatiendo el sufrimiento que se esconde en la enfermedad, las injusticias, la soledad, la desesperanza o la culpabilidad. Así fue Jesús: un hombre dedicado a eliminar el sufrimiento, suprimiendo injusticias y contagiando fuerza para vivir.

Pero buscar el bien y la felicidad para todos trae muchos problemas. Jesús lo sabía por experiencia. No se puede estar con los que sufren y buscar el bien de los últimos sin provocar el rechazo y la hostilidad de aquellos a los que no interesa cambio alguno. Es imposible estar con los crucificados y no verse un día «crucificado».

Jesús no lo ocultó nunca a sus seguidores. Empleó en varias ocasiones una metáfora inquietante que Mateo ha resumido así: «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí». No podía haber elegido un lenguaje más gráfico. Todos conocían la imagen terrible del condenado que, desnudo e indefenso, era obligado a llevar sobre sus espaldas el madero horizontal de la cruz hasta el lugar de la ejecución, donde esperaba el madero vertical fijado en tierra.

«Llevar la cruz» era parte del ritual de la crucifixión. Su objetivo era que el condenado apareciera ante la sociedad como culpable, un hombre indigno de seguir viviendo entre los suyos. Todos descansarían viéndolo muerto.

Los discípulos trataban de entenderle. Jesús les venía a decir más o menos lo siguiente: «Si me seguís, tenéis que estar dispuestos a ser rechazados. Os pasará lo mismo que a mí. A los ojos de muchos pareceréis culpables. Os condenarán. Buscarán que no molestéis. Tendréis que llevar vuestra cruz. Entonces os pareceréis más a mí. Seréis dignos seguidores míos. Compartiréis la suerte de los crucificados. Con ellos entraréis un día en el reino de Dios». Llevar la cruz no es buscar «cruces», sino aceptar la «crucifixión» que nos llegará si seguimos los pasos de Jesús. Así de claro.

José Antonio Pagola
Publicado en www.gruposdejesus.com

Lee el resto del boletín en PDF: BOLETIN NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 272

Boletín Horeb Ekumene, julio y agosto 2020

En éste número:

03 El Concilio Vaticano abrió el camino para el diálogo con las religiones. – Por Andrea Tornielli
08 Intrusos en el diálogo entre ciencia y fe. – Por Fabrizio Sebastiani
13 La hospitalidad y la sonrisa, mi iniciación a la espiritualidad magrebí. – Por Ben Diez
17 Hacia una lectura cristiana de la pandemia y de la pos-pandemia. – Por Marco Antonio de la Rosa Ruiz Esparza
29 Carlos de Foucauld, un faro para la Iglesia y el mundo de hoy. – Por José Luis Vázquez Borau
40 DESDE LA ERMITA. – Por Emili M. Boïls.
43 TEXTOS DE CARLOS DE FOUCAULD
45 LIBROS, El dolor no es para siempre

PDF: Horeb Ekumene julio agosto 2020

George FLOYD, he ahí al hombre. José ARREGI

(fuente: Religión Digital)

“Su delito es ser negro. Cada día un negro desarmado es asesinado por policías en EEUU”

Mineápolis (Estados Unidos), 25 de mayo de 2020, ocho y veinte de la tarde. Un hombre negro es maniatado, derribado, aplastado contra el suelo, y su cuello estrujado por la forzuda rodilla de un policía blanco en uniforme. He ahí el hombre. ¿Son dos, son uno? ¿Son enemigos, son hermanos? He ahí el ser humano, en su gloria y su ruina, su dignidad y su desdicha, su grandeza y su miseria.

“No puedo respirar, hombre, por favor”, dice jadeante el hombre negro al agente, si es que aún sabe a quién habla o si es un hombre a quien habla. Un pobre hombre jadeante implora a un pobre hombre prepotente más pobre aún, pues implorar es más digno y más humano que aplastar. Mientras el agente policial mantiene su rodilla hincada sobre el cuello del hombre negro, sus dos compañeros miran la escena mascando chicle.

“¡Mamá!”, se le oye suspirar al hombre negro, buscando el cobijo del vientre bendito del que más le habría valido acaso no salir nunca a las tinieblas de esta humanidad. No iba armado, no ha intentado huir. Había pasado el coronavirus, había perdido su trabajo. ¿Es tal vez su delito haber comprado una cajetilla de cigarros con un billete falso? No, es más grave, mucho más. Su delito es ser negro. Cada día un negro desarmado es asesinado por policías en EEUU.

“No puedo respirar”, repitió el hombre negro hasta 16 veces antes de morir asfixiado. Fue asesinado. Se llamaba George Floyd, tenía dos hijas y una preciosa nieta de 6 años. Tal vez pudo aliviar su sofoco final recordando a las tres, al mismo tiempo que llamaba a su madre. Cuatro mujeres sostienen su vida en su terrible éxodo, como aquellas cinco mujeres del libro bíblico del Éxodo que salvaron a Moisés.

Pero ellas solas no bastaron para salvar a George ni bastarán para devolverle la vida, ni para evitar que esta pobre especie humana perezca de asfixia o para hacer que nazca de verdad y que resuciten todos los muertos, también el asesino, cuya humanidad, cuya libertad y conciencia verdaderas, ya estaban muertas mucho antes de que su rodilla estrangulara a la víctima. Solo entre todos podremos salvar a la humanidad, y solo la salvaremos cuando sepamos que todos somos uno, incluso el asesino.

¿Incluso el asesino? La masiva reacción popular estadounidense y el impacto mediático planetario –todo tan ambiguo y efímero, pero ahí es donde la humanidad pugna por nacer– han hecho que el fiscal acuse al policía de asesinato en segundo grado –asesinato no planificado en el que, sin embargo, existe intencionalidad–. Así podrá ser condenado a cadena perpetua, así se restablecerá el orden, así se restituirá la justicia, así se salvarán las apariencias, así tranquilizaremos nuestra conciencia. Y seguiremos igual.

Oraciones por George Floyd

Así no salvaremos la humanidad. ¿Qué es la humanidad? Es ser humilde, libre, hermano. Es compadecer, cuidar, curar. Salvar. Respirar y dar respiro, recibir y dar aliento. La humanidad es humus, arcilla, tierra animada por el Aliento vital. La arcilla es la misma y el Aliento es el mismo. Somos uno y solo juntos nos podremos salvar.

No salvarán a la humanidad las órdenes dictadas por Donald Trump a sus gobernadores por videoconferencia, para ahogar las protestas: “Tenéis que dominar. Si no domináis, estáis perdiendo el tiempo. Van a pasaros por encima y vais a parecer una panda de gilipollas. Tenéis que arrestar a gente, juzgarla y tienen que ir a la cárcel durante mucho tiempo”. He ahí el poder, la humanidad sofocada, boqueando.

No salvarán la humanidad todas las penas del mundo, ni el poder ni la represión ni la cárcel –por perpetua que sea: a más cárcel menos humanidad– ni el odio ni la venganza ni ninguna violencia instituida por el poder o inspirada por el rencor. Y no predico el buenismo ni la permisividad irresponsable ni ningún tipo de tolerancia con la injusticia y el desorden establecido. No es eso.

Violencia activa, en la resistencia no violenta, y en el poder de la educación, la inteligencia, la ciencia, la conciencia educada por la compasión espiritual y política. Creo que “nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel o su origen o su religión” (Nelson Mandela). Creo en el poder de la bondad. Creo en la bondad de George Floyd, y que ha perdonado de todo corazón a su asesino. Creo sinceramente que yo no soy mejor que su asesino. Creo en la chispa de humanidad que luce en su fondo, como en el mío, y que quisiera nacer, renacer, dejarse perdonar y dar la mano y seguir caminando. Y eso significa para mí “creer en Dios” o más bien crearlo creándonos más humanos.