Carta del Papa Francisco a los sacerdotes. Agosto 2019

A mis hermanos presbíteros.

Queridos hermanos:

Recordamos los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo[1]. En su fiesta quiero escribirles esta carta, no sólo a los párrocos sino también a todos Ustedes hermanos presbíteros que sin hacer ruido “lo dejan todo” para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades. A Ustedes que, como el Cura de Ars, trabajan en la “trinchera”, llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor (cf. Mt 20,12) y, expuestos a un sinfín de situaciones, “dan la cara” cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado. Me dirijo a cada uno de Ustedes que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal.

Hace un tiempo manifestaba a los obispos italianos la preocupación de que, en no pocas regiones, nuestros sacerdotes se sienten ridiculizados y “culpabilizados” por crímenes que no cometieron y les decía que ellos necesitan encontrar en su obispo la figura del hermano mayor y el padre que los aliente en estos tiempos difíciles, los estimule y sostenga en el camino[2].

Como hermano mayor y padre también quiero estar cerca, en primer lugar para agradecerles en nombre del santo Pueblo fiel de Dios todo lo que recibe de Ustedes y, a su vez, animarlos a renovar esas palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y constituyen la fuente de nuestra alegría: «Ya no los llamo siervos…, yo los llamo amigos» (Jn 15,15)[3].

Lee toda la carta en: https://www.revistaecclesia.com/carta-del-papa-francisco-a-los-sacerdotes/

Carta de Eric

Fiesta de la Visitación de María. 31 de mayo 2019

CARTA DEL RESPONSABLE GENERAL A LOS HERMANOS DEL MUNDO

“El Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que os dije” (Juan 14:26)

Saludos de paz para vosotros, queridos hermanos,

Con toda humildad, hago una confesión personal de por qué me tomó tanto tiempo escribir esta carta. Muchas veces, me senté frente a mi ordenador sin saber qué y cómo escribir. Me sentía como una mujer embarazada a punto de dar a luz, pero su pelvis es demasiado estrecha para el recién nacido. Luché con las palabras, pero mi mayor lucha fue el corazón, tener el espíritu y la disposición correctos de un hermano. Muchos de vosotros sois meros nombres para mí, sin caras e historias que compartimos para calificar a nuestros hermanos. Necesitaba tiempo para conectarme con el Padre que me invitó a dejar la comodidad de mi tierra natal y me envía como un hermano misionero. Necesitaba momentos de desnudez ante Jesús en oración, cuyo Espíritu en Nazaret nos está invitando a ti y a mí a esta gran aventura de movilidad descendente, viviendo con sencillez pero con alegría, en lo cotidiano y en la oscuridad, encontrando el último lugar, consumido por el evangelio de los más grandes. Lo más mínimo, al ver a Jesús en los pobres, apostolado de la bondad, unirnos para servir, ser pobres de espíritu por el bien del reino. Necesitaba el espacio para ser reavivado por la espiritualidad, la vida y las intuiciones del Hermano Carlos a través de los testimonios de hermanos y hermanas que están profundamente inmersos en la vida y la tradición de la Fraternidad. La reunión con la familia espiritual en Haití en abril pasado, mis visitas a los hermanos en Haití, la República Dominicana y los Estados Unidos y mi retiro en un monasterio trapense en Georgia han sido de gran ayuda. (Éstos serán los temas de mi próxima carta). Jesús también necesitaba ese espacio en mi corazón para mi conversión porque, incluso si tengo 30 años en la fraternidad y he estado en 3 meses de Nazaret, todavía tengo formas poco saludables e inmaduras que pueden interponerse en el camino de este ministerio. Siendo un proyecto inacabado, necesito vuestros comentarios honestos y un consejo fraternal. Por favor, decidme y con mucho gusto los recibiré como un regalo para mi formación continua.

Como sabéis, antes de ser elegido responsable general, mi mundo giraba en torno a mi pequeña fraternidad en un pueblecito, sin televisión ni Internet, como capellán de un pequeño monasterio de monjas y decano de estudios de un pequeño seminario universitario, procedente de una sencilla diócesis en Filipinas. Mi mundo era entonces muy pequeño, mi forma de vivir era muy rural y la idea de escribir a los hermanos de todo el mundo era abrumadora. Agradezco al Defensor por permitirme escribir. Oro para que estas mismas palabras no se interpongan en su manera de enseñarnos todo lo que Jesús quiere que sepamos. Te agradezco por tu generosa paciencia. Lo siento mucho por aquellos que se sienten huérfanos por mi largo silencio. En mi silencio, susurré sus nombres en mi oración (gracias al directorio), una vez al día.

Otra mirada a la Asamblea de Cebú y más allá

Nuestra asamblea de Cebú en enero pasado fue de hecho “una preciosa manifestación del Espíritu de Pentecostés”. Mi alegría fraternal y mi sincera gratitud a todos vosotros que habéis orado por nosotros durante la Asamblea. A nuestros responsables continentales y nacionales con nuestros antiguos responsables generales, Mariano y Abraham que han viajado al otro lado del mundo para estar en la asamblea, muchas gracias. Al equipo anterior, Aurelio, Jean-François, Emmanuel, Mark y Mauricio, por su excelente planificación y arduo trabajo antes y durante la asamblea, muchas gracias. Sólo podemos construir sobre lo que trabajasteis generosamente. Gracias en particular a Aurelio por el proyecto legado del sitio web iesuscaritas.org y por José Alberto Hernandis, quien está muy dispuesto a administrar nuestro sitio web. Mi alegría y gratitud a los miembros de mi equipo con Tony Llanes como mi co-general responsable que está muy dispuesto a servir. Dado que el nuestro es un servicio a la fraternidad internacional, le ruego que nos escribas tus inquietudes, noticias, invitaciones, comentarios e historias. Yo personalmente los elegí para representar a los cuatro continentes para que hubiera un acceso más fácil a las noticias y la información. Aquí están nuestros datos de contacto:

Eric Lozada, ericlozada@yahoo.com + 63 9167939585;
Tony Llanes, stonyllanes@yahoo.com + 63 9183908488;
Fernando Tapia, ftapia@iglesia.cl + 56 988880397
Honore Savadogo, sawono2002@yahoo.com + 226 70717642
Matthias Keil, Matthias.keil@graz-seckau.at + 43 67687426115.

Al igual que tú confías en nosotros, ¿podemos también confiar en que nos ayudes en esto? Más que una dinámica de arriba hacia abajo, deseamos tener más diálogo, transparencia, reciprocidad, retroalimentación en nuestros diferentes niveles de comunicación. Para empezar, nos reuniremos del 11 al 18 de octubre en Corea del Sur y agradeceríamos cualquier cosa tuya, personal, local, nacional, regional, que desees que consideremos y respondamos. Puedes canalizarlos a mí o a tu representante continental en el equipo.

Hermanos, la Carta de Cebú no es un documento terminado. Es un trabajo en progreso. Permíteme invitarte (y permítenos estar juntos en esto) para convertirlo en un tema para re-lectura y discusión personal y de la fraternidad. En Cebú, nos hemos identificado y nos hemos comprometido a ser sacerdotes diocesanos misioneros inspirados en el testimonio del hermano Carlos. Hemos contemplado las realidades de nuestra sociedad, iglesia y fraternidades de los diferentes continentes y países. Hemos escuchado el llamado del Espíritu para ser Iglesia en las periferias (gracias al liderazgo profético del Papa Francisco). Y a partir de las llamadas que escuchamos, estamos resueltos firmemente a acciones concretas y estratégicas para el desarrollo de nuestra sociedad, Iglesia y fraternidades.

En su lectura y discusión, te invito a tratar el documento como a un amigo cuyas palabras están llenas del Espíritu, son transformadoras y proféticas. La realidad de la violencia, el terrorismo, la injusticia, el tráfico, la grave crisis ecológica, la migración, la globalización de la indiferencia, el fundamentalismo, la secularización (la lista es demasiado larga) es muy compleja. Sin embargo, casi de inmediato, tendemos a proyectar esta realidad desde afuera. Esta actitud no es de mucha ayuda. Necesitamos estar más involucrados. Al pedirle al Espíritu el don del coraje y la humildad, echamos un vistazo largo y amoroso a nuestras estructuras / subculturas interiores: valores, mentalidad, estilo de vida, prejuicios, actitudes, preferencias, deseos, como sacerdotes diocesanos. Nombramos las muchas formas sutiles en las que hemos sido parte del problema. Compartimos nuestras realizaciones con los hermanos en nuestra fraternidad que podrían ayudarnos en nuestro crecimiento. Quizás, el regalo más hermoso que podríamos ofrecerle a nuestro mundo hoy es reconocer que hemos sido parte del problema. Con suerte, con corazones arrepentidos y transformados, nos convertimos en parte de la solución.

El Espíritu nos está llamando a ser una Iglesia en las periferias. Al pedirle al Espíritu el don del valor y la confianza, exploramos juntos las periferias de nuestra alma: las partes rechazadas, feas, despreciadas, profundas, ocultas y negadas de nosotros mismos que debemos reclamar, poseer, aceptar, abrazar y sanar . Aquí, necesitamos la intimidad de nuestra fraternidad para poder compartir nuestras heridas más profundas sin ser juzgados. Según sea necesario, podemos consultar a un profesional para nuestro continuo crecimiento y recuperación. Entonces, la próxima vez que vayamos a las periferias, seremos diferentes. Seremos más interiormente misioneros libres y felices. Lo triste es cuando vamos con nuestras heridas no curadas y seres irreales. Nos quedamos ciegos, necesitados, llenos de nosotros mismos y ni siquiera lo sabemos. Nos olvidamos de la agenda de Jesús y el Reino. ¿Cómo puede el ciego guiar a otro ciego? Estoy convencido de que el mejor regalo de misión que podemos dar al pueblo de Dios, especialmente a los pobres, es nuestra atención a nuestra continua transformación como discípulos misioneros de Jesús.

Hermanos, en Cebú, vimos cómo todos luchamos con el día del desierto y la revisión de la vida. Debemos tratar este hecho no como una conclusión, sino como un punto de partida. La conclusión es bastante obvia y debemos ser honestos al respecto. Significa mala calidad de nuestras reuniones, nuestras relaciones, nuestros ministerios e incluso nuestra oración. Esta es nuestra pobreza y nuestra falta de atención a lo esencial. Éste es también nuestro camino hacia la liberación y la integridad si lo deseamos. Necesitamos una firme determinación de comprometernos con un tiempo regular y de calidad de soledad en el desierto donde el Divino Terapeuta nos transforme y nos sane. Nuestra revisión de la vida no es un mero informe de nuestras vidas y ministerios, sin importar cuán honestos seamos. Más bien, es un lugar de encuentro con el Espíritu que nos permite ver nuestras vidas como Dios nos ve. Nuestro intercambio fraternal es un lugar real de reunión de corazón a corazón. En la regularidad de dicha reunión, crecemos juntos como hermanos del alma: más confiados, honestos, íntimos, sinceros, menos críticos, pretenciosos y defensivos, más preocupados y comprometidos con el crecimiento continuo de cada uno como amados discípulos de Jesús en Nazaret inspirados en el Hermano Carlos Este testimonio de fraternidad es para mí una buena campaña vocacional.

Ven, oh Espíritu Santo, ven.

Permitidme hablar un poco sobre la próxima fiesta de Pentecostés. Los Hechos de los Apóstoles registran: “Cuando se cumplió el tiempo de Pentecostés, estaban todos juntos en un solo lugar. Y de repente vino del cielo un ruido como un fuerte viento, que llenó toda la casa en la que estaban. Entonces les aparecieron lenguas de fuego, que se separaron y se posaron sobre cada una de ellos. Y todos se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, ya que el Espíritu les permitió proclamar “(Hechos 2, 1-4)

Con el debido respeto a nuestros expertos bíblicos, especialmente a Emmanuel Asi, os invito a meditar conmigo este texto. Parece que el lugar favorito del Espíritu Santo es cuando las personas se reúnen como una comunidad intencional de amigos, hermanos ((incluidas las hermanas) creyentes en Cristo resucitado. En su núcleo, una comunidad, diferente de una multitud, es una resolución firme de cada miembro que trabaje incesantemente por lo que une más que por lo que se divide, teniendo en cuenta que todo es un regalo y que sólo hay un Dador. Aunque luchamos con las diferencias (recuérdalo, siempre es difícil) pero seguimos viniendo y cayendo en la Fuente que nos une. Cada vez que oramos: “Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra”, rezamos lo que Jesús, el Sumo Sacerdote, sueña con el mundo, “Padre, que todos sean uno como tú y yo soy uno “(Jn. 17, 21) El Espíritu Santo, el Dador de la Vida (como profesamos en el credo) anima, capacita, transforma y reúne a toda la creación para que se convierta en una imagen viva de unidad en la Trinidad como en el principio. Toda la tierra, no sólo el mundo humano, como lo llama el Papa Francisco con cariño, se convierte en nuestro hogar común donde la vida en todas sus formas es venerada como sagrada y como un regalo. Cuando Pablo enseña a la comunidad de Filipos “a poner todas las cosas bajo Cristo” (2, 10), Cristo es el punto de referencia universal de todo y no sólo para los cristianos. Para ser hombres y mujeres del Espíritu, entonces hay que trabajar siempre por lo que incluye en lugar de lo que excluye, por el diálogo, por la fraternidad universal con todo lo que es.

El nombre de Jesús para el Espíritu es el Abogado. Jesús prometió al Defensor que nos enseñará todo lo que necesitamos saber. En términos legales, el defensor significa un abogado defensor. El Espíritu es nuestra defensa contra el espíritu del maligno que opera en nuestro mundo actual, ya sea en estructuras políticas y económicas, en relaciones interpersonales, familiares o comunitarias, incluso en las subculturas dentro de la Iglesia y la religión. Es muy astuto y engañoso, siempre disfrazado de bueno e incluso como licencia para hacer el mal en nombre de Dios. El texto nos dice que la venida del Espíritu invisible toma la forma visible de lenguas de fuego que descansan sobre la cabeza de cada uno de los apóstoles reunidos. Oramos para que ese fuego descanse sobre cada uno de nosotros “para transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne” y para que podamos discernir muy bien dónde está el mal del bien. Que el fuego de la Verdad reavive nuestros corazones con una pasión por Jesús y el Reino. La otra imagen visible del Espíritu Santo es un viento fuerte que llena todo el lugar de los reunidos. Oramos por ese fuerte viento para derribar y transformar corazones e instituciones endurecidas por la indiferencia, la violencia, el odio, el resentimiento, la exclusión que sólo fragmenta la creación de Dios. Que el Espíritu que es un Viento fuerte amplíe los espacios de cada corazón humano para incluir a los pobres, los marginados y los extraños en la familia de los hijos amados de Dios. Que nuestras fraternidades sean escuelas del Espíritu para que nos convirtamos en discípulos apasionados pero amables de Jesús en Nazaret en nuestro mundo violento y fragmentado, inspirado por el hermano Carlos.

Hermano Carlos, el hermano universal

Finalmente, una nota sobre el hermano Carlos. A principios de este año, la pequeña hermana Kathleen de Jesús publicó un libro con el mismo título. Contiene los temas principales y me encanta cómo está escrito. Muchas gracias, Kathleen. Como ya sabéis, el hermano Carlos, su vida, su mensaje, sus intuiciones, debe ocupar un espacio significativo en nuestra formación permanente como sacerdotes diocesanos. Es lo que nos califica. Cuanto más lo conocemos, más conocemos a Jesús, su Amado. El hermano Carlos no es sólo un icono para ser venerado. Él es una llamada viva, una persona tangible en nuestro profundo anhelo de seguir a Jesús.

En la llamada a ser hermano universal, el hermanito Antoine Chatelard señala: “Se trata primero de ser hermano, antes que pensar en ser universal”. En la vida del hermano Carlos, la intuición de ser un hermano universal ocurrió por primera vez en octubre de 1901, como narra la Hermana Kathleen, cuando el Hermano Carlos se estableció en Beni Abbès. Gracias a la generosidad de su prima Marie, pudo comprar un terreno estratégicamente ubicado a medio camino entre las aldeas locales amuralladas y la guarnición francesa. Construyó, con la ayuda del ejército francés, un pequeño monasterio delimitado por líneas de grandes piedras. Y ésta es la clave. “Él mismo rara vez iría más allá, pero cualquiera podría entrar. Deseaba ser un hermano universal en un contexto de conflicto que involucra a muchas partes opuestas. (P.16). ¡Ese fue un momento de visión! La llamada a ser hermano universal es, ante todo, la llamada a ser hermano. En el Hermano Carlos, ser hermano es permanecer en el medio, (no negro o blanco, sino gris) en el medio (no es lo mismo que estar en el centro) de muchas partes opuestas. Un hermano está inmerso, enraizado, justo en medio de la realidad con todas sus paradojas, tensiones y puntos de cruce complejos, y nunca abandona su postura. Si se pone en la mitad, se vuelve particular. Al abrazar a uno, excluye al otro. Él no es un cuidador de cercas que no tiene una posición concreta en ningún tema socio-político-económico-cultural o incluso de la Iglesia. Por el contrario, se basa en lo que está sucediendo y se encuentra en medio de todo. Cuando opta por los pobres y los marginados, incluye a los ricos. Precisamente, sólo en medio de las cosas puede abrazar todas las cosas como hermano universal. Y es sólo entonces, con esta visión evolutiva que el hermano Carlos comenzó a llamar a su casa no una ermita (viviendo bajo una regla monástica de vida monástica) sino una fraternidad a la que cualquiera puede venir y es bienvenido.

Pintó en el techo de su fraternidad la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, con los brazos abiertos para quien venga. Su cercanía con el Sagrado Corazón de Jesús lo lleva a imitar a Jesús Caritas, el Hermano Universal, por excelencia, de quien sólo es un humilde testigo que señala a Jesús.

Hermanos, muchas gracias por vuestra paciencia generosa al leer mi carta bastante larga. Sigo teniendo a vosotros, a vuestras fraternidades y a vuestras diócesis en mi oración, país por país. Por favor, ora por mí, también tu hermanito-hermano.

Con mi abrazo fraterno en Jesús Caritas,

Eric Lozada

 

 

 

PDF: Carta de Eric mayo 2019, español

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO: La buena política está al servicio de la paz

PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
52 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 DE ENERO DE 2019

1. “Paz a esta casa”

Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc 10,5-6).

Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana[1]. La “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

Por tanto, este es también mi deseo al comienzo del nuevo año: “Paz a esta casa”.

2. El desafío de una buena política

La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy[2]; es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.

Dice Jesús: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Como subrayaba el Papa san Pablo VI: «Tomar en serio la política en sus diversos niveles ―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad»[3].

En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.

3. Caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz

El Papa Benedicto XVI recordaba que «todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […] La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana»[4]. Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.

A este respecto, merece la pena recordar las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y que fue un fiel testigo del Evangelio:

Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo[5].

Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud.

4. Los vicios de la política

En la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella. Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

5. La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro. En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona. «¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf. Gn 4,1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo»[6].

Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales.

Una confianza de ese tipo nunca es fácil de realizar porque las relaciones humanas son complejas. En particular, vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado. Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana.

6. No a la guerra ni a la estrategia del miedo

Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo. Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.

Asimismo, nuestro pensamiento se dirige de modo particular a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos. En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad.

7. Un gran proyecto de paz

Celebramos en estos días los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después del segundo conflicto mundial. Recordamos a este respecto la observación del Papa san Juan XXIII: «Cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore también la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene asimismo, como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlos y respetarlos»[7].

La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:

— la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
— la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.

La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

Vaticano, 8 de diciembre de 2018

Francisco


[1] Cf. Lc 2,14: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».
[2] Cf. Le Porche du mystère de la deuxième vertu, París 1986.
[3] Carta ap. Octogesima adveniens (14 mayo 1971), 46.
[4] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 7.
[5] Cf. Discurso en la exposición-congreso “Civitas” de Padua: “30giorni” (2002), 5.
[6] Benedicto XVI, Discurso a las Autoridades de Benín (Cotonou, 19 noviembre 2011).
[7] Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 44.

© Copyright – Libreria Editrice Vaticana


PDF: PF 1_1_2019 es

Carta de Adviento 2018, hermano responsable

Queridos hermanos,

en este día de la fiesta de nuestro hermano Carlos iniciamos el Adviento: las semanas de esperanza que son un reflejo de toda la esperanza de la humanidad. Nuestra humanidad, en una crisis permanente, una crisis humanitaria en muchos aspectos, nos duele a todos, y no podemos ocultarla en nuestra Iglesia ni permanecer indiferentes. Las celebraciones con nuestras comunidades, la oración personal, la vida en la fraternidad, sean de cercanía a esa parte de humanidad que vivimos en nuestros lugares y en aquellos que están lejos. El Adviento nos motiva a escuchar la voz que clama en el desierto de todos los que alzan su voz por la supervivencia, sus deseos de paz, de trabajo, de libertad. La humanidad sigue esperando una liberación; los pobres que esperan salvación, los amenazados por la guerra, los desplazados buscando un lugar seguro… Son millones de personas en esta situación. Para ellos también se anuncia Jesús, y nosotros, como misioneros, debemos anunciarlo.

La Iglesia vive un momento difícil por la crisis que provoca la denuncia de los abusos a menores, y el papa Francisco está respondiendo con humildad y valentía ante el mundo. Esto es un testimonio de búsqueda de la verdad. Francisco también es testigo de la verdad.

Estamos preparando nuestra asamblea mundial 2019. Somos llamados a reflexionar sobre nuestra identidad como presbíteros diocesanos misioneros en el carisma de Carlos de FOUCAULD. Es una tarea de todos los hermanos, apoyando a los responsables regionales, orando por todos los hermanos del mundo, por las fraternidades que se inician y por las que envejecen.

UNA HUMANIDAD EN CRISIS

Todos los días recibimos malas noticias de hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos, que sufren por causas que no siempre están claras para la opinión pública y los medios de comunicación. Sabemos que depende muchas veces de los intereses ocultos de potencias económicas y de los gobiernos que ocultan realidades muy duras en sus países, incluso si éstos pertenecen al “Primer Mundo”. Las víctimas de las guerras, de la violencia, del narcotráfico, de la hegemonía del hombre sobre la mujer en muchas culturas, las víctimas de la pobreza, claman en este desierto, donde abundan las voces pidiendo justicia. Voces que se mezclan con otras que buscan venganza, o las de “aquí no pasa nada”, o “que vuelvan a su país”. Nosotros también tenemos una voz: la voz de Jesús, el anunciado por los profetas. Una voz que debe nacer de nuestra fe, nuestra vocación misionera, en ese estilo de Nazaret que es estar con las personas de nuestro pueblo o ciudad, con los más humildes de ellos, porque sólo los humildes nos enseñan a ser humildes. El hermano Carlos descubrió a Jesús en medio de la gente sencilla: aprendamos de él.

UN ADVIENTO QUE NOS INVITA A SER RECEPTIVOS

Este tiempo de Adviento es una invitación a escuchar, a parar el tiempo del reloj y, en actitud contemplativa, estar a la escucha de la Palabra, del silencio de Dios en la adoración, y escuchar a los hermanos: los hermanos de la fraternidad, los hermanos sacerdotes de nuestro presbiterio diocesano que, a veces, nos cuesta tanto escuchar y aceptar porque los prejuicios matan el diálogo y el encuentro; la gente que acude a nosotros buscando respuestas a sus problemas, o quienes comparten con nosotros el trabajo pastoral, social o, sencillamente, como vecinos. Abramos la puerta, dejemos el mejor sitio de nuestra casa a quien busca, y no nos acostumbremos a una dinámica de buenos consejos y palabras fáciles. Mostrar nuestra pobreza, nuestras limitaciones para arreglar “máquinas dañadas”, corazones heridos, es dejar a Dios hacer. Él sí que es imprescindible. Él sí que sana. Jesús no es indiferente a nada, y en este Adviento nos anima a abrir el corazón y dejarnos inundar por el amor de Dios y el amor de la gente. Recobremos la alegría de seguir a Jesús y ayudemos a muchas personas tristes a transformar su fracaso en triunfo, a quererse a sí mismas un poco más.

UNA IGLESIA QUE SUFRE

Todos estamos sufriendo las consecuencias de los abusos a menores ocultados en muchas diócesis del mundo. La Iglesia pierde credibilidad, garantías, etc. Podríamos decir que siempre ha ocurrido así, que eso era inevitable… No seríamos fieles a la verdad. Sabemos que esta crisis abierta aún no se ha cerrado. Nuestro papa Francisco está sufriendo también por todo ello, y está dando ante el mundo la cara, pidiendo perdón en nombre de los que hicieron daño, escuchando, abriendo caminos de solución para una justicia en bien de las víctimas, y este hombre merece nuestro apoyo. Vivamos en comunión con el papa Francisco, con enemigos en su propia Iglesia, pero con el respaldo de toda la gente de bien, sean creyentes o no, que ven en Francisco un profeta de nuestro tiempo, un hombre coherente que, a pesar de ser “jefe de Estado”, es un ser humano sensible al sufrimiento de la humanidad. Yo estoy seguro de que, de toda esta crisis, saldrá algo muy positivo para la vida de la Iglesia y el anuncio del Reino. Unamos nuestra oración para hacer fraternidad con el papa, allí donde estemos.

EL 1 DE DICIEMBRE

Hace 102 años Carlos de FOUCAULD se puso definitivamente en las manos del Padre. Hoy es un día para dar gracias a Dios por él, por lo que nos transmitió con sus intuiciones, por la misión que realizó junto a la gente que fueron sus vecinos, por sus sueños de loco. El hermano Carlos nos ha ayudado en nuestra vocación y nuestra espiritualidad a vivir la amistad con Jesús y con la gente, en el Nazaret que cada uno vivimos, con nuestra edad y ganas de vivir, en el silencio y en el anuncio. Es un regalo de Dios que merece nuestra acción de gracias continuamente. Tengamos un tiempo para valorar este regalo: pongamos en la adoración de este día ante Jesús todo lo que nos ha llegado de Carlos de FOUCAULD que, probablemente, no sean tanto sus escritos espirituales cuanto su testimonio de vida, de amor, de abandono, de confianza y generosidad.

Hagamos la Oración de Abandono aunque nos cueste aceptar que nos queda mucho aún para hacerla nuestra completamente.

NUESTRA ASAMBLEA MUNDIAL

Desde el 15 al 30 de enero de 2019 celebraremos nuestra Asamblea Mundial de la fraternidad en Cebu, Filipinas. El tema central es profundizar en nuestro carácter de presbíteros diocesanos misioneros en el carisma de Carlos de FOUCAULD. Todo lo referente a la asamblea está anunciado en nuestra página iesuscaritas.org

En la barra verde de inicio se encuentra el cuestionario preparatorio, programa de la asamblea, la hoja de inscripción… Hasta ahora son pocas las inscripciones recibidas y sólo un continente (América) ha presentado las respuestas al cuestionario, así como algunas fraternidades regionales. Es conveniente que no dejemos para el último momento estas tareas. Ánimo con todo. Yo sé que todos estamos muy ocupados y tenemos poco tiempo. Hagamos un esfuerzo. Me llena de alegría recibir correos con inscripciones y respuestas al cuestionario, y comprendo las dificultades que esto supone para algunas fraternidades.

A la asamblea vendrán todos los responsables regionales o delegados, anteriores responsables internacionales y los responsables continentales. Algunos de nuestros hermanos no pueden pagar sus viajes, por las situaciones de su país. La fraternidad mundial se hace cargo de estos gastos en la medida de lo posible, pero actualmente es muy difícil poder llegar a cubrir todas las necesidades. Algunas fraternidades de Europa y América han respondido pagando el billete de un hermano de África, de la propia América… Gracias. Os pido a las fraternidades vuestra disponibilidad para ayudar en su viaje a hermanos de Haití, Burkina Faso, República Centroafricana, Tchad, Congo, Camerún, Ruanda, Madagascar, Pakistán, India, Bangla Desh, que aún no tiene su billete de avión. Es un esfuerzo importante que hará posible la presencia y participación de estos hermanos en Filipinas.

Gracias a los hermanos filipinos por todo el trabajo en el lugar para hacer posible la asamblea, y confiemos en la buena voluntad de todos los hermanos del mundo en demostrar que la fraternidad es algo más que un grupo de sacerdotes, una forma de espiritualidad: es compartir lo que tenemos. Gracias.

Nuestro próximo hermano responsable, que elegiremos en Cebu, y su nuevo equipo nos ayudarán a seguir haciendo posible la fraternidad desde nuestras realidades y sueños.

UN PASO HACIA LA NAVIDAD

En estas semanas de preparación a la Navidad vamos a disponer el mejor lugar de nuestra vida al que llega para quedarse. Los ángeles anunciaron a los pastores la Buena Noticia, y nos anuncian muchas alegrías. Hay ángeles que nos llaman a la puerta, o por teléfono, o en la calle, y que nos dicen, a veces sin saberlo, que Dios está junto a nosotros. Hay rostros que nos hacen ver a Jesús en el hospital, en la cárcel, en los lugares de acogida de los refugiados. Ángeles en las personas de nuestros hermanos enfermos o muy mayores, que lo han dado todo por la Iglesia, por la fraternidad, por los pobres. Rostros de las personas anónimas que hacen el bien sin esperar nada a cambio. Los ángeles de la gente sencilla de nuestras parroquias que nos ayudan en la pastoral, o con su presencia en las celebraciones, o nos ofrecen lo mejor que tienen de su cercanía y amistad. Son ángeles sin alas, pero con una voz que nadie puede silenciar.

Con la esperanza en este Adviento de un mundo mejor, una Iglesia libre de tristezas del pasado, una fraternidad de hermanos que trabajan en las tareas del Reino, un mundo renovado por el esfuerzo por la paz, por los Derechos Humanos, contra todas las desigualdades, mi deseo de una Navidad llena de Dios, de Jesús hermano y amigo. Un gran abrazo.

Aurelio SANZ BAEZA, hermano responsable

Perín, Cartagena, Murcia, España, 1 de diciembre 2018,
fiesta del bienaventurado Carlos de FOUCAULD

PDF: Carta de Adviento 2018, hermano responsable, esp