Texto 4. Nuestra forma de evangelizar

Destacado

Fernando Tapia, Chile

Como sacerdotes diocesanos, compartimos con toda la Iglesia la única misión que ella tiene: evangelizar. El Papa Francisco nos ha dado orientaciones muy claras para hacerlo en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”. Hacemos nuestros todos sus planteamientos e intentamos inspirarnos en ellos para nuestra acción evangelizadora en nuestras parroquias, comunidades, centros de formación cristiana, centros de atención a los más pobres, etc.

Sin embargo, es válida la pregunta si nosotros, como sacerdotes de la Fraternidad IESUS CARITAS, ponemos algunos acentos particulares que nacen del carisma del Hermano Carlos y de nuestra espiritualidad. Creemos que sí y aquí exponemos algunos de esos acentos.

1. EL MISTERIO DE LA ENCARNACION

Nuestro modo de evangelizar está marcado en primer lugar por el misterio de la Encarnación, misterio que fascinó al Hermano Carlos y está en la raíz de su espiritualidad:

“La encarnación tiene su raíz en la bondad de Dios. Pero una cosa aparece, primeramente, tan maravillosa, brillante y asombrosa que brilla como un signo deslumbrador: es la humildad infinita que encierra tal misterio. Dios, el Ser, el Infinito, la Perfección, el Creador, el Omnipotente inmenso, soberano Señor de todo, haciéndose hombre, uniéndose a un alma y a un cuerpo humano y apareciendo en la tierra como un hombre, y el último de los hombres” (EsEs p.49.)

La encarnación se da siempre en un tiempo y en un lugar y cultura determinados. El Hermano Carlos hizo un gran trabajo para conocer la cultura de los tuaregs, su lengua, sus costumbres, su poesía, etc. Nosotros quisiéramos tomar siempre muy en cuenta el contexto histórico, las características del tiempo y la cultura en que evangelizamos, porque estamos convencidos que Dios prolonga su encarnación en cada época y Cristo Resucitado sigue hablándonos desde los signos de los tiempos para invitarnos a construir su Reino de Vida.

Tomando en cuenta que Cristo entra en el mundo por “la puerta de los pobres”, como decía el Obispo Enrique Alvear, también nosotros quisiéramos entrar por esa puerta en nuestra acción evangelizadora y desde ahí proclamar el Evangelio a todos.

2. LAS PERIFERIAS.

Dentro de un espíritu de disponibilidad a nuestros Obispos, quisiéramos tener como prioridad los lugares más abandonados y más lejanos a la Iglesia. Las periferias geográficas o existenciales, como dice el Papa Francisco. Son los lugares de frontera: poblaciones marginales, campos lejanos, campamentos de refugiados, migrantes, adictos, privados de libertad, excluidos en general. Esta cercanía nos permitirá escuchar y atender el grito de los pobres1 que a veces es muy tenue y otras veces impetuoso. Y utilizando medios pobres, básicamente nuestra propia presencia amistosa y misericordiosa.

Nos dice el Hno. Carlos:

“Para mí, buscar siempre el último de los últimos puestos, para ser también pequeño como mi Maestro, para estar con él, marchar tras él, paso a paso, como fiel criado, fiel discípulo y –puesto que, en su bondad infinita, incomprensible, se digna hablar así- como fiel hermano y fiel esposo” (EsEs p.68).

“Este banquete divino, del cual yo soy ministro, es necesario presentarlo no a los hermanos y parientes, a los vecinos ricos, sino a los cojos, a los ciegos, a las almas más abandonadas y faltas de sacerdotes…He solicitado y obtenido permiso para establecerme en el Sahara argelino”. (EsEs p.80).

Si somos enviados a lugares más pudientes, quisiéramos ser agentes de sensibilización social y forjadores de puentes entre los ricos y las realidades de los pobres.

Llegamos como amigos y hermanos de los pobres. Descubrimos a Dios ya presente en sus gritos y aspiraciones. Nosotros, a su vez, dejamos que los pobres nos evangelicen y enriquezcan nuestro ministerio.

3. EL TESTIMONIO PERSONAL

En todo lugar, pero particularmente en los lugares marginalizados, queremos dar prioridad a la evangelización con el testimonio más que con la palabra. Testimonio marcado por la cercanía, la sencillez, la acogida, la bondad, el interés por lo que al otro le sucede, el servicio concreto, la alegría interior. Escribía el Hno. Carlos a un amigo:

“Quieres saber lo que puedo hacer por los nativos. No es posible hablarles directamente de nuestro Señor. Esto sería hacerles huir. Hay que inspirarles confianza, hacerse amigos entre ellos, prestarles pequeños servicios, darles buenos consejos, trabar amistad con ellos, exhortarles discretamente a seguir la religión natural, demostrarles que los cristianos los aman”. (EsEs p.84).

Ya en un retiro de noviembre de 1897, había formulado su manera de evangelizar con esta frase, puesta en la boca de Jesús: “Accede a tu vocación: la de pregonar el Evangelio desde los tejados, no con tu palabra, sino con tu vida”.

Esto no quiere decir que dejemos de lado el ministerio de la Palabra. Sabemos que es parte esencial de nuestra misión para suscitar y alimentar la fe: “la fe viene por la predicación, y la predicación por la palabra de Cristo” (Rom 10, 17). El Concilio Vaticano II lo dice claramente en el decreto sobre “Ministerio y vida de los presbíteros”: “Con la palabra de salvación se suscita la fe en el corazón de los no creyentes y se robustece en el de los creyentes, y con la fe empieza y se desarrolla la congregación de los fieles

4. NUESTRA OPCION POR LA FRATERNIDAD

Desde nuestra opción por la fraternidad, privilegiamos el trabajo en equipo con otros sacerdotes, sean o no de nuestra Fraternidad, con religiosas, con diáconos y con laicos. Queremos ser más hermanos que tiranos, maestros o señores religiosos, como dice el Concilio: “Los presbíteros moran con los demás hombres como hermanos”3. El Hno. Carlos se adelantó en este sentido al Concilio cuando busca y valora el trabajo con laicos:

“Al lado de los sacerdotes, se necesitan Priscilas y Aquilas, que vean a los que el sacerdote no ve, que penetren donde él no puede penetrar, que vayan a los que le huyen, que evangelicen con un contacto bienhechor, con una bondad desbordante sobre todos, un afecto siempre dispuesto a darse, un buen ejemplo que atraiga a los que dan la espalda al sacerdote y les son hostiles por principio”.(desde Assekrem, 3 de mayo de 1912).

Por lo mismo, queremos dar tiempo a la formación de los laicos, al acompañamiento espiritual de ellos y a apoyar la formación de comunidades fraternas, respetando el ritmo propio de cada persona.

Igualmente, creemos en la fraternidad como un modo de vida, una fraternidad universal, que incluye a las personas que no pertenecen a la Iglesia, caracterizada por la amistad, la reciprocidad y el diálogo.

Así mismo, nuestra opción por la fraternidad nos lleva a favorecer la participación de los laicos en la conducción pastoral de nuestras parroquias evitando todo autoritarismo y clericalismo por parte nuestra y toda pasividad por parte de los laicos. La existencia de Consejos Pastorales, Comités de Asuntos Económicos, Equipos para animar las distintas áreas pastorales, Asambleas Parroquiales, Planificación pastoral hecha en conjunto, etc. debieran ser una marca distintiva de las parroquias u otras estructuras pastorales confiadas a nuestro cuidado.

5. VIDA ESPIRITUAL Y EUCARISTICA

Este modo de evangelizar supone una vida espiritual muy profunda en cada uno de nosotros que nos lleve a contemplar a Jesús en los Evangelios para ir configurándonos cada vez más con El, gracias a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Él nos capacitará para entrar en la dinámica del descenso, del abajamiento, del despojo, propia del misterio de la Encarnación, dejando muchas cosas por El y por fidelidad al Evangelio: prejuicios, bienes materiales, prestigio, búsqueda de poder, seguridades, etc. Nos dará la libertad interior para encontrar caminos y campos nuevos en la tarea evangelizadora de la Iglesia, siempre buscando la voluntad del Padre, con infinita confianza.

Nuestro impulso misionero, sobre todo para llegar y permanecer en los lugares más difíciles, se sostiene con la celebración de la Eucaristía, la Adoración diaria y con los demás medios de crecimiento espiritual, propios de nuestra Fraternidad. Ellos nos ayudan a tomar conciencia del Amor infinito de Dios por nosotros, de su fidelidad y de su misericordia y nos impulsan a la misión.

La Eucaristía debe llegar a ser para nosotros un estilo de vida caracterizado por el compartir el pan, las historias personales y la palabra incluso con personas de otras tradiciones de fe.

Una experiencia espiritual similar debemos promover entre los laicos si queremos transformar nuestras parroquias en el sentido misionero que desea el Papa Francisco: una Iglesia en salida que, sin temor a accidentarse o a mancharse con el barro del camino, va en busca de los alejados y los descartados por la sociedad4

La Eucaristía, por otra parte, nos abre a la pertenencia a un Cuerpo eclesial siempre más amplio. Queremos tener mucha conciencia de que la Evangelización es una misión compartida con toda la Iglesia diocesana y universal. Como presbíteros diocesanos queremos ser los primeros en sentirnos parte de un presbiterio, con su Obispo a la cabeza, apoyando la gestación e implementación de proyectos diocesanos al cual nosotros aportamos nuestro carisma y acentuaciones pastorales.

PARA LA REFLEXION PERSONAL Y LA ORACION.

  1. ¿Agregarías algún punto a este esquema?
  2. ¿Está mi estructura pastoral (parroquia, centro de formación, etc.), caminando en esta dirección?
  3. ¿Qué características debieran marcar nuestro estilo de vida personal para ser coherentes con este modo de evangelizar?

PDF: Texto 4 – Nuestro modo de evangelizar – ES

TODO ES GRACIA. La última carta de Antoine CHATELARD

¡Todo es gracia! Se nos da la bienvenida a la NAVIDAD y el año nuevo al mismo tiempo que la Covid 19. Édouard y Paul-François dieron positivo, Immanuel y yo negativos, el pasado lunes por la noche tras la visita de una sobrina de Edouard que vino desde París los días 16 y 17 de diciembre. Por eso nos organizamos ante una nueva situación sin saber lo que nos depara el día.

Gracias por vuestras noticias y vuestros mejores deseos. Casi todos me llegan después de un silencio que se explica por los acontecimientos de este año especial, que desafían los hábitos y relaciones habituales. Es también una nueva forma de revivir nuestra historia a través de los años que han dejado huellas con las celebraciones de personajes históricos que no habían marcado mi historia mientras yo estaba lejos de Francia y sin las posibilidades de información que tenemos ahora.

A quienes tengan preguntas sobre mis ocupaciones y mi nuevo libro, debo decirles que no se publicará hasta que se anuncie la fecha de la canonización, por obvias razones comerciales. Lleva más de un año en la editorial y sólo hablará de Carlo de Foucauld en Tamanrasset, comenzando por la historia en el Asekrem, donde sólo estuvo unos meses en 1911, y que sigue siendo una fuente de interrogantes sobre sus motivaciones reales. Seguirá un capítulo sobre sus ocupaciones al año siguiente en Tamanrasset (1912) típico de su concepción de los asuntos mundiales. El capítulo 3 se limitará a sus únicos pasajes programados en Marsella en 1913, con un joven tuareg, nunca antes mencionado, ni siquiera en los libros más recientes. Finalmente en un último capítulo, el día 12 de enero de 1913 en Tamanrasset nos permitirá verlo en vivo en sus diversas ocupaciones mientras intentamos seguir su horario revisado y corregido.

Esta será sólo una introducción a otros temas que merecen una aclaración y que aún pueden revelarnos una forma de santidad que no siempre está clara. Acabo de enterarme de que nuestro Papa Francisco no se contentó con concluirlo en su encíclica Tutti fratelli hablando de él, sino que acaba de ofrecer una biografía de este futuro santo a los miembros de la Curia romana, sin decir qué libro es éste. Para cerrar “Fratelli tutti” al mencionar a nuestro hermano Carlos, me animó a continuar mi trabajo para mostrar con más detalle cómo era su vida fraterna con los hombres y mujeres que amaba, no sólo por un tiempo, por solo día, sino todos los días, durante los últimos años de su vida. Cientos de personas acudieron a lo que él llamó “la comunión” cuando todavía soñaba con reunir discípulos, pero donde siempre estaba solo.

En los primeros años sólo anotaba los nombres de los destinatarios, de sus limosnas y pequeños obsequios, en hojas sueltas que no se encuentran en la edición de los cuadernos. No deja de tener importancia porque nos hace saber que conoció cientos de personas, desde los primeros años. Por otro lado, durante los últimos tres años, anotó sus nombres todos los días y podemos contar que no pocos vinieron cientos de veces. Estas cifras son importantes para comprender la importancia de estas visitas recibidas, además de las que se realizarán entre ellos.

El que en los primeros años no salió más de cien metros más allá, ya no duda en recorrer kilómetros para ir a los que están enfermos, también para visitar su nueva casa o ver su jardín, estando ocupado con su labor lingüística, sus tiempos de oración y una correspondencia muy abundante. Quisiera mostrarles que ya no hace nada para convertirlos, aunque hable de ello muchas veces más, sino que siente el deber de trabajar por su salvación como la propia, amándolos como son y como Jesús los ama. Así se expresa su preocupación por la salvación de todos en las listas diarias de sus cuadernos y también en sus raros escritos personales o en abundantes cartas.

Así que aprendo a contar con estas personas, sorprendido al descubrir que muchos todavía estaban vivos cuando llegué a Tamanrasset y el Asekrem en el 55 e incluso mucho después.

Ciertamente todavía tiene algo que decir a nuestra Iglesia y al mundo, aunque no sea nuevo. El reconocimiento oficial y universal de su santidad será un buen apoyo para todos los que se refieren a él en todo el mundo y especialmente entre los obispos, sacerdotes y laicos, religiosos y religiosas que se dejaron inspirar por él y que han fallecido. después de tener su papel en el mundo. Sobre todo, será una llamada a los jóvenes a los que no interesaba este testimonio de otro siglo.

Sí, gracias a Francisco, nuestro Papa, que podría haber terminado citando nuevamente a Francisco de Asís y que nos habló de Carlos como si le diera un papel importante para el futuro de la Iglesia y del mundo después de la pandemia universal, y que retrasa su canonización. Nunca hemos hablado tanto de nuestro Bienaventurado como recientemente con la muerte del obispo Teissier, el mismo día de su fiesta. El embajador de Argelia en Francia habló en lenguaje profético, convirtiéndolo en santo y sobre todo compatriota. La canonización no aportará mucho a estas ceremonias de Lyon y ND de África. Muchos habían visto la revista “En Dialogue” n ° 14, sobre Carlos de Foucauld y los musulmanes, publicada justo antes de estos hechos.

Debo admitir que el envejecimiento no mejora mis posibilidades de movilidad, incluso en el interior y a pesar de las sesiones de fisioterapia al aire libre. Las cuestiones diarias me ocupan más que mi trabajo sobre Foucauld, y la perspectiva demasiado lejana de ver salir mi libro no me anima a trabajar, a pesar de las preguntas que vienen de todas partes, incluida Tamanrasset y otras partes de Argelia, que me obligan a responder sobre pequeñas cosas que no me alejan de su historia.

A todos una feliz Navidad y un año mejor 2021.
Antoine

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Horeb Ekumene enero 2021

EN ESTE NÚMERO

  • 03 Morabitos, los ermitaños musulmanes (2ª parte). Por Hassana Massida
  • 08 Místicos de las religiones. Por José Luis Vázquez Borau
  • 14 Enseñanzas de Bayazid Bastami
  • 19 Comunión de los las Santos: la tradición mística cristiana en diálogo con el Sufismo. Por Dorothy C. Buck
  • 23 Las madres del desierto. Una descripción general de la tradición anacoreta femenina desde la antigüedad hasta la Edad Media occidental. Por Margot H. King
  • 32 1945. Por Emili M. Boïls
  • 35 TEXTOS DE CARLOS DE FOUCAULD
  • 39 LIBROS, El cielo, esperanza y compromiso.

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Texto 3. FUNDAMENTOS DE UNA ESPIRITUALIDAD INSPIRADA POR CARLOS DE FOUCAULD

Destacado

Ab. Nabons-Wendé Honoré SAVADOGO, Burkina Faso

Carlos de FOUCAULD “emprendió un viaje de transformación hasta sentirse hermano de todos los hombres y mujeres. [..] Orientó el deseo del don total de su persona a Dios hacia la identificación con los últimos, los abandonados, en lo profundo del desierto africano. ” Fratelli tutti, 286-287

La diversidad de la familia espiritual de Carlos de FOUCAULD es impresionante. Allí encontramos todos los diferentes estados de la vida cristiana: fieles laicos, religiosos y religiosas de vida activa o contemplativa, laicos consagrados, sacerdotes y obispos. Todos ellos logran obtener una inspiración rica y relevante de la experiencia espiritual del hermano Carlos. A menudo nos olvidamos de los no cristianos e incluso de aquellos que no tienen mucha práctica religiosa pero se sienten inspirados por la experiencia de Carlos.
El secreto de una espiritualidad tan profunda y sin fronteras es, ante todo, la fidelidad al Evangelio. Cuanto más de cerca haya vivido la vida de una persona según el evangelio, más atractiva y relevante será para todos los cristianos. Además de esta fidelidad al Evangelio, el hermano Carlos pasó por todos los estados de la vida cristiana: un fiel laico que perdió y redescubrió su fe, un monje contemplativo y ermitaño, un sacerdote “libre” al mismo tiempo, diocesano y “religioso” a su manera, extraordinario misionero. Esta profundidad de la experiencia espiritual de Carlos de FOUCAULD implica la existencia de elementos básicos comunes a todos los que afirman pertenecer a su familia espiritual. Estos elementos no deben faltar en la vida espiritual de quien quiera seguir a Jesús, inspirándose en el modelo foucauldiano.

1. Una espiritualidad del corazón: hacer de la religión el amor

Lo primero y principal es el amor y la misericordia. El corazón, asiento y símbolo del amor, es el emblema del hermano Carlos, elemento central, distintivo y específico de su espiritualidad. Desde su conversión, quiso que su corazón fuera como el de Cristo. A lo largo de su accidentada vida, hizo todo lo que estuvo a su alcance para transformar su corazón y expandirse según los límites infinitos del Sagrado Corazón de Jesús. Este amor insaciable por Dios y los hombres es la razón principal de todos los cambios y transformaciones inesperados en su vida. En su oración, nunca deja de llamar a Jesús para traer su reino de amor al mundo. Conocemos la oración de abandono del hermano Carlos, pero una invocación que acudía a estos labios muy a menudo era: “¡COR IESU sacratissimum, adveniat Regnum tuum! ” (¡Sagrado Corazón de Jesús, venga tu reino!). A él mismo le gustaba decir que el fundamento de la religión y la vida espiritual es el corazón y el amor. Lo que escribió en el reglamento de la congregación que quería fundar sigue siendo válido para todos los que quieran seguirlo: “¡Ardemos de amor como el Corazón de Jesús! … amemos a todos los hombres hechos a la imagen de Dios, ¡este Corazón que tanto amó a los hombres! “… Amemos a Dios, en vista de quien debemos amar a los hombres, y a quien sólo debemos amar por sí mismo … ¡Amemos a Dios como el Corazón de Jesús lo ama, tanto como sea posible! “. C. De Foucauld, Règlements et directoire, Nouvelle Cité, Paris 1995, 287. En cuanto al amor, estaba convencido de que se debe amar sin límites y sin restricciones. Dijo: “El amor es perfección; podemos excedernos en todo, excepto en el amor: en el amor nunca podemos llegar lo suficientemente lejos… ” C. De Foucauld, Correspondances sahariennes, Cerf, Paris 1998, 970.

2. La Eucaristía celebrada, adorada y vivida

Podemos tomar prestada la expresión consagrada del Concilio Vaticano II para decir que la Eucaristía es la fuente y la cumbre de toda la experiencia espiritual de Carlos de FOUCAULD. En esta experiencia espiritual, la presencia de la Eucaristía es fundamental, transversal e inevitable hasta tal punto que se puede decir que su vida se desarrolló como una contemplación única y una experiencia cada vez más profunda de la Eucaristía. La Eucaristía marcó de principio a fin todo lo que vivió espiritualmente: su conversión, su oración, su relación con Jesús, la trayectoria accidentada de su vocación, su pastoral de la bondad, su fraternidad universal, su visión misionera, su presencia en el Sáhara, cada momento de su vida, su muerte …

No se puede ser discípulo del hermano Carlos sin un amor cada vez mayor por Jesús presente en la Eucaristía celebrada y adorada. A pesar de su gran devoción eucarística, nunca dejó de tomar decisiones para amar más la Eucaristía. Como él, también necesitamos renovar constantemente nuestro amor por la Eucaristía. Necesitamos hacer nuestra esta resolución que formuló durante uno de sus muchos retiros espirituales: “Estar al pie del santo sacramento siempre que la voluntad de Dios, es decir, un deber muy cierto. , no me obligues a apartarme de ella… […] – Nunca dejes de recibir la Sagrada Comunión, bajo cualquier pretexto ”. C. de Foucauld, Petit frère de Jésus, 84 ; voir aussi Aux plus petits de mes frères, 141.

3. La fraternidad universal

El bienaventurado Carlos de FOUCAULD encontró en la Eucaristía la fuente de la fraternidad universal. Habiendo percibido claramente que cada ser humano es de una manera u otra, una parte, un miembro del cuerpo eucarístico de Cristo, dedujo de esto la necesidad de amar a todos los hombres sin distinción: “debemos amar a todos los hombres, venerarlos, respetarlos, incomparablemente porque todos son miembros de Jesús, son parte de Jesús… ”. C. de Foucauld, Petit frère de Jésus, 84 ; voir aussi Aux plus petits de mes frères, 141.Considerando también que la Eucaristía es el sacramento en el que el amor de Dios se manifiesta de manera suprema, piensa que su recepción debe hacernos tiernos, buenos y llenos de amor por todos los hombres. El Papa Francisco acaba de darnos al hermano Carlos como modelo de fraternidad y amistad universal en estos términos: Carlos de FOUCAULD “hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos los hombres y mujeres”. [..] Orientó el deseo del don total de su persona a Dios hacia la identificación con los últimos, los abandonados, en lo profundo del desierto africano. » Fratelli tutti, 286-287. Un desafío inevitable para cualquier discípulo del hermano Carlos es esta transformación en un hermano universal, luchando sin cesar por un amor sin fronteras para convertirse en un hermano universal de todos los hombres y mujeres.

4. El amor de los más pobres

Para Carlos, la adoración y la ternura que tenemos por el Cuerpo de Cristo tanto en la celebración como en la adoración eucarística debe ser la misma veneración y la misma ternura por los pobres. Tenía el sentimiento de que cada vez que decíamos “éste es mi cuerpo, ésta es mi sangre”, es el mismo Señor quien dijo en la parábola del Juicio Final que todo lo habremos hecho al más pequeño de sus hermanos, se lo hicimos a él. Cuando hizo sus largas exposiciones del Santísimo Sacramento en Beni Abbes y alguien llamó a la puerta, salió del sagrario para ir a encontrarse con la persona que venía a visitarlo. Es el mismo Cristo que encontró en el Santísimo Sacramento el de los pobres que venían a visitarlo. Para quedarse con los más pobres, para llegar a las almas más lejanas, aceptó enormes sacrificios: la soledad, la pobreza, la inseguridad, la imposibilidad de celebrar la Eucaristía …

5. Sobriedad de vida: penitencia, anonadamiento, pobreza, compartir

Para imitar a Jesús en su descenso al último lugar a través de su encarnación y el sacrificio de la cruz, Carlos de FOUCAULD llevó una vida de anonadamiento e intensa mortificación. Aunque en algunos momentos de su vida tuvo que aliviar sus mortificaciones, el hermano Carlos siguió siendo un gran asceta durante toda su vida. La penitencia y la mortificación ya no están siempre presentes en nuestras prácticas espirituales y en nuestro mundo consumista, pero la figura del hermano Carlos nos recuerda constantemente la invitación de Jesús a seguirlo en su descenso a nuestra humanidad y su sacrificio sobre la cruz. ¿Cómo reclamar la propia escuela espiritual sin una cierta dosis de penitencia, o al menos de sobriedad? Necesitamos tanta sobriedad para remar contra la marea del consumismo que tanto desfigura la belleza de nuestro mundo y amenaza con destruir nuestra Madre Tierra. Una espiritualidad de penitencia y sobriedad constituye un verdadero antídoto contra cualquier uso excesivo y abusivo de los bienes que la divina Providencia pone a nuestra disposición.

6. La contemplación de la belleza de Dios en la naturaleza

Decíamos anteriormente que la vida de Carlos se desarrolló como una contemplación continua de la presencia de Jesús en la Eucaristía y en la Sagrada Escritura. Diariamente, Carlos pasaba largas horas contemplando a Dios, mirándolo con amor y ternura en oración. Fue una persona siempre enamorada del esplendor y la belleza del amor infinito de Dios. A pesar de esta intensa vida de contemplación, Carlos no fue indiferente a la naturaleza, también supo encontrar allí el esplendor de la belleza divina. Mantuvo este sentido de la belleza en la creación durante toda su vida. Dijo: “Admiremos las bellezas de la naturaleza, todas tan hermosas y tan buenas, porque son obra de Dios. Inmediatamente nos llevan a admirar y alabar a su autor. Si la naturaleza, el hombre, la virtud, si el alma es tan hermosa, entonces ¡cuán hermosa debe ser la belleza de alguien de quien estas bellezas prestadas no son más que un pálido reflejo! “. (Meditación sobre los Salmos, p. 66 o: Ch. D. Foucauld, Rencontres à themes, Nouvelle Cité 2016. Capítulo: Beauté)

7. Un celo misionero inalterable

La vida espiritual del hermano Carlos estuvo marcada por un inquebrantable celo misionero. En cuanto descubrió su vocación de ser misionero del banquete eucarístico de los más pobres, los más lejanos y los más hambrientos – hoy diríamos los más “periféricos” – no dejó de orar y trabajar por la misión. Para que el Evangelio sea conocido y anunciado, dijo que estaba dispuesto a sacrificarlo todo para “ir al fin del mundo y vivir hasta el último día…” C. De Foucauld, Correspondances sahariennes, 155. Cualquiera que sea la forma que adopte nuestro estado de vida, ¿podemos seguir auténticamente al hermano Carlos, sin querer que el Evangelio y la Eucaristía sean conocidos y amados hasta el fin del mundo?

Para terminar como comenzamos, reafirmemos que con Carlos de FOUCAULD estamos ante una espiritualidad casi inagotable por su conexión directa con el Evangelio. Sólo hemos esbozado algunos de los elementos básicos de su experiencia espiritual. A cada uno le corresponde cuestionar el lugar y la extensión de estos elementos centrales y fundamentales en su vida espiritual personal. Su presencia y su profundización pueden ser un indicio de la autenticidad de nuestra fidelidad a la experiencia espiritual del hermano Carlos.

Ab. SAVADOGO Nabons-Wendé Honoré
Ouahigouya (Burkina Faso), diciembre 2020.

PDF: Texto 3, esp. Fundamentos de una espiritualidad inspirada por Carlos de FOUCAULD. Honoré SAVADOGO es

Mi Dios, mi Hijo. Carlo CARRETO

Durante el Adviento estuve en las claras y cálidas dunas de Beni Abbes, el hermoso oasis del Sahara.

Había decidido prepararme para la Navidad en soledad y había elegido el pozo de Ouarourout como el lugar donde el agua era abundante y una pequeña cueva natural podía servir de capilla.

Salí después de la fiesta de la Inmaculada Concepción con un clima hermoso y un gran deseo de soledad.

Pero … el clima no tardó en cambiar y el desierto se volvió lívido y frío por la alta niebla que cubría el sol.


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La Natividad del Señor. Carlos de FOUCAULD

Son las 2 o las 3 de la mañana … se ha celebrado la misa de medianoche: he recibido tu cuerpo santo … Te entregaste a mí; como eres, hoy hace unos mil novecientos años, cuando entraste en el mundo … Mi Señor Jesús, el mundo nunca te ha recibido … ¡Oh! ¡Quiero recibirte! Pero desafortunadamente ! con todas mis ganas que tengo para ti.

¿Qué ofrecer? ¿Tengo algo mejor para ofrecerte que una cueva fría, oscura y sucia, habitada por bueyes? y el asno, por naturaleza brutal, pensamientos terrenales, sentimientos bajos y groseros. ¡Pobre de mí!

Dios mío, lo admito, esta es la triste hospitalidad que te ofrezco. Lo siento lo siento, perdón, perdón por haber trabajado tan poco con la ayuda de las innumerables gracias que me has dado para hacer de esta cueva de mi alma, donde sabía que tenías que entrar, un lugar menos indigno de ti; un hogar cálido, brillante y limpio, adornado con tu Pensamiento … ¡Pero lo que no lo hice, hazlo, Señor Jesús! Ilumina esta cueva de mi alma , ¡oh divino Sol! Caliéntala, purifícala … Estás en ella, transfórmala con tus rayos … ¡Obtén esta gracia para mí, Padre mío y Madre mía! Oh Santísima Virgen y Sant ¡José!

¿Qué estáis haciendo ahora mismo?

Adorando, recogido, silencioso, te pierdes en la contemplación sin fin, cubriendo, besando con la mirada al Niño, por unos momentos, adorado, escondido … ¡Como lo miras! Qué amor, ¡Qué adoración en tus ojos y en tu corazón! … Oh Madre mía, lo tienes en tus brazos, mientras lo calientas sobre tu corazón, mientras lo sostienes cerca de tí!

Como lo besas! mientras le das de comer! … mientras le prodigas tanto la adoración y respeto debido a tu Dios; y la ternura, las caricias, los cuidados que
otorgas al niño! … Y tú, San José, cómo te estás mostrando a Jesús, al mirarlo, al adorarlo. y al mismo tiempo ¡cúralo y acarícialo! Como tus infinitos respetos y tu profunda adoración

¡Evita que no se le acaricie! … Al contrario, sientes que este divino Niño no debe estar más desprovisto de caricias, ternura que los niños ordinarios … debe de recibir mil veces más que cualquier otro … Así que ambos lo llenan. O santos padres … Tu noche y en adelante toda tu vida se dividen en dos
ocupaciones, la adoración quieta y silenciosa, y las caricias, el cuidado ansioso y devoto y tierno… Pero ya sea quieto o activo, tu contemplación no cesa; sus corazones, sus espíritus, sus almas nunca dejan de ahogarse y perderse en el amor … Haz mi vida conforme a los suyos, Oh benditos padres, ya sea que suceda como el suyo adorar a Jesús o actuar por Él, siempre entregado en su amor por Él.

Amén

C. DE FOUCAULD, Consideraciones sobre las fiestas del año, Nouvelle Cité, París 1987, 81-82.

Documento completo en PDF: La Natividad del Señor. Carlos de FOUCAULD

Carlos de FOUCAULD y la Misericordia

Meditaciones de Carlos extraídas de sus escritos espirituales

“Sed misericordiosos como Vuestro Padre es misericordioso” Lc 6,36 (1)

Amemos a Dios practicando de todo corazón la misericordia, porque la misericordia es infinitamente hermosa y digna de ser practicada por ella misma, como perteneciendo al Ser mismo de Dios. Ser misericordioso es inclinar su corazón hacia los necesitados, necesitados espiritual, intelectual y materialmente… hacia los ignominiosos, los trastornados y los ignorantes, los pobres, los enfermos, los que sufren… hacia todos los desdichados. Seamos misericordiosos y prediquemos la misericordia; enseñémosla y practiquémosla como Jesús la practicó y la enseñó…


Documento completo en PDF: Carlos de FOUCAULD y la Misericordia