Andrea MANDONICO. «Dios mío, ¡qué bueno eres!». Salvatore SCIANNAMEA

Entre las diversas aportaciones que surgieron sobre la figura de Carlos de Foucauld, a la espera de su canonización, cabe destacar el texto Dios mío como eres bueno, ed. Vaticano, de Andrea Mandonico.

Sacerdote y teólogo de la SMA (Sociedad de Misiones Africanas), Mandonico es el postulador de la Causa de Canonización de la Hermanita Magdeleine, fundadora de las Hermanitas de Jesús y vicepostulador de la causa de Carlos de Foucauld. Precisamente sobre la figura de Carlos de Foucauld, el actual profesor de estudios interreligiosos de la Pontificia Universidad Gregoriana ha publicado ensayos, traducciones y artículos sobre el Hermano Universal, el próximo santo, Carlos de Foucauld.

El desafío del texto de Mandonico no fue sencillo. Para quien conoce la figura de Carlos de Foucauld, él sabe bien que su vida requeriría bibliotecas, por el solo hecho de que sintetiza diversas opciones existenciales y numerosas vocaciones.
Por lo tanto, el texto es objeto de un esfuerzo considerable, pero al mismo tiempo brillante por la armonía, la ligereza bíblica y la visión general en el tratamiento.
El libro va acompañado de la cronología del santo, muy útil para contextualizar los distintos capítulos y un excelente, a la par que muy elegante, prefacio de Mons. Ennio Apeciti.

Toda la escritura, incluso metodológicamente impecable, es un faro brillante que arroja al Beato Carlos algunos rasgos que ahora resaltan sus sentimientos, a veces sus emociones y elecciones. El autor es muy hábil para hacer hablar al próximo santo, a través de sus escritos, sus cartas y los testimonios de quienes han conocido al Hermano Universal. Compuesto por trece capítulos, cada uno se introduce con una cita, casi una antífona esencial sobre el contenido que se desarrollará.

Tras un primer repaso, a través de la introducción, la escritura de Mandonico amplía el campo a través de una contextualización histórica inteligente sobre la época vivida por Carlos de Foucauld. Dentro del panorama histórico. Mandonico aplica una visión general del contexto eclesial, destacando fortalezas y debilidades. Se detiene brevemente en el contexto social y político, con detalles fundamentales para comprender la biografía de los bienaventurados. Tras haber contextualizado el período histórico y la eclesiología actual, pasa al perfil de Carlos de Foucauld recorriendo, a vista de pájaro, detalles familiares, su nacimiento, adolescencia, su vida como soldado y luego como explorador. Así pasa a presentar su conversión, sus encuentros en París y el radicalismo que caracterizará al nuevo Carlos, creyente y «enfermo» de Jesús. A partir de la conversión, Mandonico presenta brevemente las diversas vidas del nuevo converso: primero Pellegrino en Tierra Santa, luego monje trapense. Venimos así a presentar la vida de Carlos en Nazaret, contratado por las Clarisas como criado. Es en este contexto donde se destaca la nueva vocación de Carlos, la sacerdotal, iluminada por la conversación que mantuvo con la madre Elisabeth du Calvaire, abadesa del convento de Jerusalén, una mujer que le ayudará a disipar sus dudas sobre el acceso al orden sagrado. Después de esta parte de su vida, el nuevo ministerio de Carlos de Foucauld se presenta en Beni-Abbès y Tamanrasset.

Es así como llegamos a uno de los pilares fundamentales que es también el verdadero corazón de la espiritualidad foucauldiana: Nazaret. Mandonico analiza cómo la gran novedad del Espíritu, provocada por la espiritualidad de Carlos de Foucauld, parte del escondite del Hijo de Dios y de sus treinta años de vida oculta en Nazaret que, amado después de su primera peregrinación a tierra santa, se convertirá en el principio arquitectónico sobre el que se construye la vida del Hermano Universal y, posteriormente, en la piedra angular sobre la que construir las espiritualidades que harán referencia al Beato Carlos.

Tras la gran novedad de Nazaret, como piedra angular de la espiritualidad de Carlos de Foucauld, Mandonico aprieta el campo sobre los dos grandes pilares que sostienen la arquitectura espiritual foucaultiana: la Palabra de Dios y la Eucaristía. Conocemos la importancia del culto eucarístico que tuvo el contexto histórico del que partió Carlos de Foucauld, especialmente para las prácticas de piedad, como la devoción al Sagrado Corazón y la ofrenda redentiva del sacrificio. Lo que llama la atención, junto a este elemento que también se puede encontrar en otras figuras, es el amor a la Palabra de Dios y el tiempo que dedica a la «lectio divina», con la metodología del amante. Mandonico destaca cuidadosamente la profecía y la gran novedad creativa en la interioridad del monje misionero, en una vida que se sorprende en el Espíritu entre jadeos contemplativos y anuncios misioneros.

Un capítulo adicional está dedicado al Misterio de la Visitación, criterio hermenéutico de todas las relaciones humanas de Carlos. Logra ir más allá de sus propios prejuicios coloniales, como sacerdote, imaginándose a sí mismo como un tabernáculo viviente que lleva a Jesús a los demás, como lo hace María con Santa Isabel, haciendo que el pequeño Juan se sobresalte en una danza de alegría en el seno materno por la presencia de el Hijo de Dios Es precisamente el Misterio de la Visitación el que se declinará en Beni-Abbès y en Tamanrasset de manera diferente, según las circunstancias lo requieran. El autor continúa analizando con detenimiento temas queridos por Carlos de Foucauld como el amor en la contemplación y la fecundidad del apostolado, la predicación del Evangelio con vida, la paternidad universal de Dios, el deseo de fraternidad universal, el anhelo del testimonio supremo del martirio y , en el último capítulo, una reflexión escatológica sobre ir al encuentro del Esposo que viene.
El texto termina con dos apéndices muy interesantes; en el primero hay analogías sobre el Papa Francisco y su Magisterio siguiendo los pasos del Beato Carlos de Foucauld, mientras que, en el segundo, los escritos del mismo Beato Carlos. Al final del texto se encuentra la bibliografía citada en el texto de las obras y correspondencia de Carlos de Foucauld.

La lectura de este texto es muy recomendable porque, de manera atenta y oportuna, ayuda a comprender la grandeza y la novedad de una nueva forma de vivir y pensar la santidad hoy, contemplativa en actividad, ecuménica e interreligiosa en nuestro mundo globalizado. El texto es un fraseo que hace hablar la vida y los textos de los bienaventurados, dentro de la gran sinfonía del Magisterio, orquestada por el Espíritu, teniendo como partitura el Evangelio y como escenografía insustituible el rostro y la vida del Modelo Único, el Amado. Señor Jesús.

Estoy seguro de que leer este libro traerá un gran beneficio humano y espiritual a todos.

Don Salvatore Sciannamea
Fraternidad Sacerdotal
Puglia

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