Relieves del hermano Carlos. Antonio OTEIZA

El itinerario espiritual de Carlos de Foucauld a lo largo de su vida nos ofrece el testimonio de una persona totalmente entregada a la voluntad de Dios, viviendo una vida evangélica en medio de los más pobres en el corazón del desierto del Sáhara, con humildad, pobreza y caridad cristiana. Queriendo imitar a Jesús y entregarse a los demás hasta desear el martirio si así fuera la voluntad del Señor, muere asesinado el 1 de diciembre de 1916 en Tamanrasset.

Nace en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858 en el corazón de una familia noble. Huérfano de padre y madre a los seis años, queda bajo la tutela de su abuelo. Su infancia es triste. A causa de su carácter inquieto y desorientado, pierde la fe y, en consecuencia, vive su juventud de forma disoluta. Ingresa en el ejército en 1878 y participa en expediciones militares en África. Sin encontrar sentido a su vida, abandona el ejército y hace un viaje a Marruecos.

El desierto y la fe de los musulmanes le producen un impacto muy grande y hacen renacer en él la inquietud por la fe y Dios. Gracias a su prima, María de Bondy, y a su director espiritual, el padre Huvelin, llega su conversión. “Tan pronto creí que había Dios, me di cuenta de que no podía hacer otra cosa que vivir sólo para Él”.

Peregrina a Tierra Santa con la voluntad de descubrir el misterio de Nazaret. Más tarde entra en la Trapa para vivir en la extrema pobreza. Se le concede la dispensa para salir. Vive en Nazaret una vida contemplativa y humilde. Es ordenado sacerdote en el seminario de Viviers el 9 de junio de 1901. Poco tiempo después se instala en el oasis de Beni-Abbès, al sur de Argelia, con el fin de vivir su vocación de “hermano universal” en medio de las tribus pobres del desierto. Más tarde vive entre los tuaregs en Tamanrasset, en el Ahaggar.

Redacta diferentes proyectos de fundación sin encontrar seguidores al tiempo que se dedica a ayudar a los más necesitados y a acoger a todo el mundo. Hace tres viajes a Francia para crear una asociación de laicos con sentido misionero y de búsqueda espiritual, y realiza un extenso trabajo lingüístico para dar a conocer la lengua de los tuaregs. Las revueltas armadas entre las diferentes tribus de la zona, motivadas por la guerra de 1914, hacen que en el año 1916 muera solo, asesinado por una partida de sinusistas en Tamanrasset.

Su deseo de tener seguidores se hace realidad después de su muerte y a lo largo de los años hasta nuestros días. Además de la “Unión de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús”, formada por cuarenta y nueve miembros en el momento de su muerte, se constituyen a partir de 1933 por todo el mundo, diversas “fraternidades” que viven y transmiten su mensaje, convirtiéndolo en una figura espiritual de gran influencia para nuestro tiempo. Grupos formados por matrimonios, célibes, sacerdotes, religiosos y religiosas, cada uno con su carisma particular, intentan vivir su compromiso evangélico siguiendo el mensaje de Carlos de Foucauld.

Desde el encuentro del mes de noviembre de 1955 en Beni-Abbès, los representantes de todos los grupos se encuentran periódicamente en diferentes lugares del mundo con el fin de compartir lo que vive cada uno en sus diferentes realidades y actualizar la espiritualidad de Carlos de Foucauld. El único encuentro realizado en España en el año 2001 fue en el pequeño pueblo de Tarrés, de la provincia de Lérida, donde la Comunidad de Jesús tiene diferentes casas de acogida, destinadas a vivir y difundir la espiritualidad foucauldiana. En su iglesia parroquial hay desde el año 2007 una capilla dedicada al beato Carlos.

En este lugar tiene su sede la Asociación “Familia Carlos de Foucauld en España” creada en el año 2006 y formada por todos los grupos, fraternidades y comunidades que se inspiran en su espiritualidad. Esta Asociación quiere ser un signo del espíritu abierto y universal que Carlos de Foucauld vivió, con el reto de trabajar por el Reino de Dios en nuestro mundo, desde la pequeñez, al lado de los pobres y “gritar el Evangelio con toda nuestra vida”, como a Carlos de Foucauld le gustaba decir.

ANOTACIONES

El conocimiento que se pueda tener de Carlos de Foucauld es de cultura religiosa elemental, pero visualmente me lo encontré en el ejemplo pobre y humilde de las Hermanitas, sus cristianos hábitos de azul añil y su vida en los ambientes marginados, y esto hizo crecer en mí la admiración por el Hermano Carlos.

Más tarde conocí a un Hermano sacerdote, contemplativo y abierto, y últimamente a los Hermanos Luis y Marisol, matrimonio de la Comunidad de Jesús en Valencia. Por esos días había terminado una serie de relieves sobre la vida de un venerable capuchino y me nació el ofrecimiento de hacer otra serie cerámica sobre Carlos de Foucauld. Esos Hermanos me acercaron a Torrechiva, Fraternidad en donde leí con más detenimiento su vida. Allí tenían un taller de escultura que se me facilitó para que fuera sacando aquellos pasajes que más determinaron o expresaban su interioridad, su ejemplo para nosotros.

Hace ya muchos años, demasiado tiempo, que andamos sufriendo una imaginería de débil y falso realismo. Por ese motivo con el P. Aguilar, dominico, desde los comienzos de la revista ARA, formamos equipo y trabajamos por un arte religioso actual y por mi parte, con cierto expresionismo, haciendo algunas exposiciones y algunas capillas por España y América.

Madrid, noviembre 1998
Antonio Oteiza

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