Misioneros en la Amazonía como respuesta al pedido del Papa Francisco

Luís Miguel MODINO

Tres misioneros para la diócesis de nuestro hermano Edson DAMIAN, São Gabriel da Cachoeira

El Sínodo para la Amazonia ha contribuido a concienciar sobre la necesidad de la labor misionera en la región amazónica. El Papa Francisco hizo un fuerte llamamiento en este sentido, algo que poco a poco está dando sus frutos. El pasado miércoles, 24 de febrero, llegaron a São Gabriel da Cachoeira, en la Amazonía brasileña, tres sacerdotes que trabajarán como misioneros en la diócesis más indígena de Brasil.

Estamos hablando de una región fronteriza entre Brasil, Colombia y Venezuela, donde los desplazamientos son únicamente por vía aérea y fluvial, un lugar muy remoto, con grandes distancias que dificultan la vida cotidiana y la misión de la Iglesia.

Los misioneros han sido recibidos por la diócesis «con los brazos y el corazón abiertos», según su obispo. Mons. Edson Damian destacó que «es interesante ver cómo Dios ha ido actuando en la vida de cada uno de ellos», Alair Alexandre da Silva, sacerdote del clero de la Archidiócesis de Vitória – ES, Lucio André Pereira, sacerdote de la Diócesis de Registro – SP, y el Padre Luís Carlos Araújo Moraes, Misionero del Sagrado Corazón, congregación que está presente en la Diócesis de São Gabriel da Cachoeira desde hace 23 años.

Los tres llegan con sus respectivas motivaciones y han levantado también sus propias expectativas. Todos ellos sintieron esta llamada misionera hace tiempo, algunos desde el seminario, como afirma el padre Alair. Conoció la Amazonía en sus visitas a la Prelatura de Lábrea, iglesia hermana de la Archidiócesis de Vitoria. Su llegada a São Gabriel da Cachoeira, «un lugar en el que nunca había estado, un lugar que no conocía, nunca se me había pasado por la cabeza estar al servicio de esta Iglesia», fue fruto de una sugerencia del arzobispo de Vitoria, Mons. Dario Campos, que ya conocía São Gabriel.

El padre Alair, que recibió la invitación del arzobispo como una noticia que «cayó en mi corazón con mucha alegría», llega con el deseo de «conocer las comunidades ribereñas, conocer los pueblos indígenas, y aprender de toda esta gente, aprender a vivir la vida de otra manera, aprender a vivir la fe de otra manera, junto a esta gente». Dice que llega «no para traer conocimiento, porque no es esa la intención, sino para aprender con toda esta gente», y así «poder crecer en mi ministerio sirviendo a la gente más sencilla, a la gente más pobre, a una Iglesia centrada en la misión, a una Iglesia que se preocupe de verdad por los que más lo necesitan».

Él, que viene de una realidad y de una Iglesia completamente diferente, insiste en su propósito de «aprender cada vez más y estar, como dice el Papa Francisco, entre los más sencillos, entre los más pobres, buscando vivir con sencillez, buscando vivir con humildad, al servicio de Dios y también de esta gente tan querida, pero que también sufre tanto a lo largo y ancho de este país, por las fechorías de los gobiernos que no se preocupan por quienes deberían preocuparse». Para su nueva misión, el padre Alair pide «que Dios nos ayude, nos fortalezca, para poder seguir en este camino, y así prestar un servicio a Dios y a esta Iglesia aquí en las orillas del Río Negro».

Como parte del Proyecto de Iglesias Hermanas entre los Regionales Sur 1 y Norte 1 de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil – CNBB, que ya ha cumplido 25 años, llega el Padre Lucio André Pereira, quien dice que fue motivado por el Sínodo de la Amazonía y la invitación del Papa Francisco a los sacerdotes para que tengan un corazón despojado para la misión, para ayudar a la Iglesia de la Amazonía. Por eso se pone «al servicio de la Iglesia de São Gabriel en todo lo que necesite, salir al encuentro de la gente, sentir la alegría, pero también sentir juntos la tristeza».

El sacerdote de la Diócesis de Registro espera «poder alimentar la fe de estas personas y alimentar esta fe junto a ellas». Recuerda sus palabras en la misa de envío, donde dijo que «trabajé de camarero, trabajé de ayudante de albañil, trabajé ayudando a mi padre a subir la red, en la pesca, en la playa». De estos trabajos surgen sus expectativas, «ser un sacerdote camarero que sirve la mesa del Evangelio, que sirve la mesa de la gente como Cristo resucitado, vivo, que fortalece la vida». También ser el ayudante del albañil que va llenando y manteniendo llena la caja de cemento para que el pequeño ladrillo de la esperanza, de la alegría, sea siempre asentado. Y el que viene a ayudar a tirar de la red junto con Mons. Edson, junto con los misioneros y las misioneras que ya están aquí. Mi expectativa es ponerme realmente al servicio de esta Iglesia».

Las motivaciones del padre Luís Carlos Araújo Moraes, MSC, tienen que ver con el carisma de su congregación, que le llama a «poder contribuir de alguna manera desde lo que reza mi carisma, que es el carisma de la misericordia, la compasión, la acogida, la escucha, el respeto a las personas, a las realidades, a las culturas”. El religioso, que dice que es la primera vez que va a trabajar en una realidad tan específica, São Gabriel da Cachoeira está considerado como el municipio más indígena de Brasil, ve esto como «una gran riqueza«, afirmando «poder estar orgulloso de esta realidad que, por otra parte, me lleva a sumergirme en mis orígenes indígenas, en mi ser brasileño».

Él, que también dice sentirse tocado por el pedido del Papa Francisco de una mayor sensibilidad hacia los pueblos amazónicos, también quiere, desde lo que es, con sus riquezas y límites, «ser ese corazón de Dios para la gente, en la cercanía, en la escucha, en el servicio gratuito». Movido por el Evangelio, del que quiere ser expresión, el religioso quiere «poder aprender, soltar mi experiencia anterior para abrir mi mente, mi corazón para aprender algo nuevo, para beber de esta fuente que está aquí», una fuente desconocida que espera que le ayude a crecer, a poder mirar hacia un nuevo horizonte, sintiendo que tiene ante sí «una hoja en blanco para escribir una nueva historia, un nuevo momento, con la gente de este lugar».

En cuanto a sus expectativas, espera ser uno «con todas las personas que de alguna manera dan su vida al servicio de esta diócesis». El misionero espera «ser uno más para sumar, para entrar en este círculo de la vida, como nos muestra el tema de la Campaña de la Fraternidad, este círculo que está abierto y vengo a sumar». Al mismo tiempo, espera «aprender a caminar con los que están aquí, que yo pueda contribuir de alguna manera», siendo así «un ingrediente más en la misión, con mi propia forma de ser, que se une a otras vidas de misión».

Mons. Edson Damian agradeció a los obispos que enviaron a los misioneros, a los que considera amigos, «que conocen nuestra realidad y tienen la sensibilidad misionera para responder a la llamada de sus sacerdotes que quieren venir aquí». También agradece a la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón, que atienden la mayor parroquia de São Gabriel da Cachoeira, que abarca toda la periferia de esta ciudad que tanto está creciendo. Todo ello es un motivo, en palabras del obispo, para «dar gracias a Dios, a los obispos que envían a estos misioneros, y más aún a la disponibilidad de estos hermanos que vienen aquí a asumir la misión que Dios les encomienda».

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