La Natividad del Señor. Carlos de FOUCAULD

Son las 2 o las 3 de la mañana … se ha celebrado la misa de medianoche: he recibido tu cuerpo santo … Te entregaste a mí; como eres, hoy hace unos mil novecientos años, cuando entraste en el mundo … Mi Señor Jesús, el mundo nunca te ha recibido … ¡Oh! ¡Quiero recibirte! Pero desafortunadamente ! con todas mis ganas que tengo para ti.

¿Qué ofrecer? ¿Tengo algo mejor para ofrecerte que una cueva fría, oscura y sucia, habitada por bueyes? y el asno, por naturaleza brutal, pensamientos terrenales, sentimientos bajos y groseros. ¡Pobre de mí!

Dios mío, lo admito, esta es la triste hospitalidad que te ofrezco. Lo siento lo siento, perdón, perdón por haber trabajado tan poco con la ayuda de las innumerables gracias que me has dado para hacer de esta cueva de mi alma, donde sabía que tenías que entrar, un lugar menos indigno de ti; un hogar cálido, brillante y limpio, adornado con tu Pensamiento … ¡Pero lo que no lo hice, hazlo, Señor Jesús! Ilumina esta cueva de mi alma , ¡oh divino Sol! Caliéntala, purifícala … Estás en ella, transfórmala con tus rayos … ¡Obtén esta gracia para mí, Padre mío y Madre mía! Oh Santísima Virgen y Sant ¡José!

¿Qué estáis haciendo ahora mismo?

Adorando, recogido, silencioso, te pierdes en la contemplación sin fin, cubriendo, besando con la mirada al Niño, por unos momentos, adorado, escondido … ¡Como lo miras! Qué amor, ¡Qué adoración en tus ojos y en tu corazón! … Oh Madre mía, lo tienes en tus brazos, mientras lo calientas sobre tu corazón, mientras lo sostienes cerca de tí!

Como lo besas! mientras le das de comer! … mientras le prodigas tanto la adoración y respeto debido a tu Dios; y la ternura, las caricias, los cuidados que
otorgas al niño! … Y tú, San José, cómo te estás mostrando a Jesús, al mirarlo, al adorarlo. y al mismo tiempo ¡cúralo y acarícialo! Como tus infinitos respetos y tu profunda adoración

¡Evita que no se le acaricie! … Al contrario, sientes que este divino Niño no debe estar más desprovisto de caricias, ternura que los niños ordinarios … debe de recibir mil veces más que cualquier otro … Así que ambos lo llenan. O santos padres … Tu noche y en adelante toda tu vida se dividen en dos
ocupaciones, la adoración quieta y silenciosa, y las caricias, el cuidado ansioso y devoto y tierno… Pero ya sea quieto o activo, tu contemplación no cesa; sus corazones, sus espíritus, sus almas nunca dejan de ahogarse y perderse en el amor … Haz mi vida conforme a los suyos, Oh benditos padres, ya sea que suceda como el suyo adorar a Jesús o actuar por Él, siempre entregado en su amor por Él.

Amén

C. DE FOUCAULD, Consideraciones sobre las fiestas del año, Nouvelle Cité, París 1987, 81-82.

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