La misión del presbítero diocesano. Mauricio da SILVA JARDIM

XI Asamblea General de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas,
Cebu, Filipinas, enero 2019

OBSERVACIONES INICIALES

Es determinante tener claros los fundamentos de la misión. Una palabra muy usada hoy. Se llega a decir que todo es misión.

Toda obra, antes de ser construida, necesita de planificación. La construcción comienza por los cimientos y fundamentos que garantizan el ascenso del edificio. La misión, no es diferente. Precisamos dejar claro los fundamentos de la única misión que es de Dios.

La concepción de misión está muchas veces reducida a hacer cosas, elaborar esquemas, proyectos, cursos, visitas, experiencias, simposios y congresos. Esto se define como la misión programática.

La misión, a lo largo de la historia, fue delegada a congregaciones y grupos con carisma misionero. Se fue perdiendo la noción de misión como identidad, esencia, naturaleza de todo el pueblo de Dios. Algunos aún tienen la concepción de que misioneros son solamente aquellos que parten para otra nación.

CONCEPTO DE MISIÓN

En su origen, la palabra misión significa “envío”, “partir”, “salir”.

El término latino misio, quiere decir también “libertar”, “dejar andar”, “soltar”: el envío “tiene todo que ver” con libertad y liberación.

El Concilio Vaticano II recuperó la concepción teológica sobre la naturaleza de la misión.

MISIÓN DE DIOS

Esta visión se fundamenta en el concepto de misión que tiene su origen en el “amor Fontal” del Padre, un amor que sale de si por su propia naturaleza para llegar a todos (AG 2).

La misión, por tanto, es una sola. Ella es de Dios, nace en el corazón de la Trinidad. Dios es misión. El amor de Dios es un amor que no se contiene, que desborda, que se comunica, expande, dilata, irradia, difunde y sale de sí.

El propio Dios se auto envía para la misión del Hijo y del Espíritu. El Hijo es enviado por el Padre en la fuerza del Espíritu Santo.

Impulso de dentro hacia afuera

El origen de todo movimiento misionero está en el corazón de la Trinidad. El amor de Dios Padre no se contiene y se comunica. Dios es misión y la misión viene de Dios porque Dios es amor. La misión se refiere, primeramente, a lo que Dios es y no a lo que Dios hace. La misión revela la esencia de Dios de comunicarse y de establecer relaciones. Por eso la misión, no tendría, al principio, un porqué, no surgiría primeramente de una necesidad histórica, sino que es un impulso gratuito, de dentro hacia afuera, y de una forma de ser que tiene como origen y fin la vida divina (Cf. DAp 348)

LA SALIDA DE DIOS

Dios es, primeramente, un salir de sí mismo para libertar, salvar, curar…

“Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel” (Ex 3, 7-8).

CONCEPCIÓN ECLESIOLÓGICA Y MISIONOLÓGICA

“La Iglesia no posee una misión, sino que la misión posee una Iglesia” (Stephen Bevans – Roger Schroeder, Diálogos proféticos).

Misión es la propia esencia de Dios que tiene una iglesia llamada a ser testigo de Cristo en el mundo y en la historia, hasta los confines de la tierra y el final de los tiempos. “La acción misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia” (EG 15).

¿Cómo nace la misión en nosotros?

ENCUENTRO

La misión comienza con la escucha de la voz de Dios. “Oir lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (cf. Ap)

Encuentro con Jesucristo. Es un encuentro que da un nuevo horizonte a la vida.

Es un encuentro apasionante que se expande. El documento de Aparecida habla de diez lugares de encuentro (246-258).

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.” (DA 29)

Misión a partir de Jesucristo.

Cristo, luz para los pueblos (LG 1).

En el momento actual es oportuno proponer una dirección, una referencia, un sentido para la vida de las personas, que es Cristo Jesús. Hay una crisis de sentido. La fe en Él tiene implicaciones prácticas, o sea, irradiar fe, bondad, misericordia, comprensión.

La evangelización no está hecha solamente por palabras, sino sobre todo por el testimonio de vida. El hermano Carlos es un modelo de misión testimonial. Misión por la simple presencia, gratuidad y bondad.

PASIÓN

“Misión y pasión por Jesucristo es simultáneamente pasión por su pueblo” (EG 268)

Sin esta pasión, la misión queda reducida a hacer muchas cosas, andando de un lado para otro, sin mística y sin ardor. Misión es pues, cuestión de pasión e identidad cristiana.

¿Cuál es el objetivo de la acción misionera?

Transmitir la fe está en el corazón de la misión de la Iglesia. La iglesia existe para evangelizar. La iglesia es continuadora de la misión de Jesús. Proclamar y anunciar la Buena Noticia de Dios.

La iglesia debe estar al servicio de la implantación del Reino de Dios. Ella no es el fin, es medio, instrumento, señal de salvación.

Salvar, curar, liberar…

En la misión, la salvación está en primer lugar. Lo jurídico, institucional o doctrinal deben estar al servicio de la salvación.

Asumir el camino de vivir de Jesucristo. Jesucristo “pasó haciendo el bien” por este mundo (cf. Hch 10, 38). La vida y el testimonio son más importantes que la teoría.

Para misionar es fundamental experimentar la acción de Dios en nosotros. La misión se propaga por contagio personal. “La fe crece por atracción” (Benedicto XVI).

MENOS Y MÁS

“Cero burocracia y menos administración. Más pasión, más amor y más anuncio del Evangelio” (Papa Francisco, reunión de directores de OMP, junio 2017).

Jesús convocó un grupo de doce para que primero permanecieran con Él y después los envió a predicar (Cf Mc 3,14). La primera tarea del misionero es permanecer con Él para dejarse formar por su identidad. De este encuentro nace la misión que no tiene fronteras.

EL ESPÍRITU SANTO ES EL PROTAGONISTA

La misión es, pues, una cuestión de fe, de abandono en Dios. Por eso la primera obra es rezar por las misiones. El protagonista es el Espíritu Santo. Somos cooperadores de la misión de Dios.

COOPERACIÓN MISIONERA

Si la misión es toda iniciativa de Dios… ¿Cuál es nuestra parte?

Dios quiso necesitar de nosotros para la misión que es de Él. Necesita de nuestra colaboración, de nuestro sí, de nuestros pies, manos, ojos, oídos, de nuestra proximidad con sus hijos.

Está continuamente llamando colaboradores.

Yo soy una misión…

El Papa Francisco ha hablado de la dimensión existencial de la misión: “Yo soy una misión de Dios en la tierra, y para eso estoy en este mundo” (EG 273). La vida se torna una misión. Ser misionero está más allá de cumplir tareas o hacer muchas cosas. Está en el orden del ser. Es existencial, identidad, esencia, y no se reduce a algunas horas del día. En la ehortación apostólica Gaudete et Exsultate el Papa llega a afirmar: “No es que la vida tenga una misión, sino que la vida es una misión” (27). La misión nos tiene.

El movimiento de salida: la proximidad

¿Qué motivo tendríamos para salir de nosotros mismos, de nuestra comunidad, de nuestra tierra, si no tuviésemos algo que nos impulsa a hacer eso?

1. Podríamos ser atraídos por el encanto de lo desconocido o por la curiosidad de visitar otros lugares, encontrar otras personas y culturas diferentes: entonces haríamos turismo, o algo parecido, como intercambio, negocios, investigación, etc.
2. Podríamos salir con el deseo de conquista, queriendo expandir nuestra organización, nuestro mundo, explorando el mundo de los otros según nuestra visión y nuestras necesidades: entonces eso sería colonización.
3. Podríamos salir para huir de nuestra realidad y de nosotros mismos, buscando inspiración en una realización personal en otros lugares: si tomamos el caso de los migrantes y los refugiados que huyen para sobrevivir, podríamos decir que esa salida habría tenido como motivo de fondo un deseo personal.

IGLESIA EN SALIDA

No es el caso de la Iglesia, la motivación de su salir no está en sí misma. Al contrario, se trata de un “movimiento de salida de sí misma” (EG 97). “El discípulo misionero es un descentrado -dice el Papa Francisco- su centro es Jesucristo, que convoca y envía”. Aquí está el permanente discernimiento y la actitud penitencial de la “Iglesia en salida”, pues ella, al salir, podría estar colocándose en el centro a ella misma. “Cuando la Iglesia se erige en centro, se funcionaliza tornándose cada vez más auto referencial y debilita su necesidad de ser misionera”. (Papa Francisco, discurso JMJ, 28 de junio de 2013).

Por tanto, el motivo de salida de la Iglesia es exclusivamente Jesús que envía, y Jesús que es la razón del envío. Con afecto, la misión es un mandato: somos enviados no porque queremos, sino porque somos desafiados por Alguien a tomar iniciativa (Cf EG 24). En segundo lugar, somos enviados porque el Evangelio, por ser “Buena Noticia”, tiene en sí un contenido abrumador en su dinamismo de “salida” (Cf EG 20).

Por tanto, la Iglesia es llamada a estar “en salida” como su Señor que “sabe ir al frente, sabe tomar iniciativa sin miedo, ir al encuentro, buscar los alejados y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (EG 24)

Este es el tiempo para que la Iglesia reencuentre el sentido de su misión, se libere de las amarras que le impiden el salir, tiempo de ser una Iglesia en salida.

Es con este objetivo que el Papa Francisco convoca a la Iglesia a salir, asumir la dinámica del “éxodo”.

EN MOVIMIENTO DE SALIDA

La Iglesia no está hecha para quedarse apenas constituida en sus instituciones, en sus asientos y en sus estructuras. Ella está existe para estar en movimiento y lanzarse al mundo. Esa es su naturaleza: su razón de ser está en salir.

LO QUE NOS IMPIDE SALIR

Dos realidades paralizan la Iglesia en su misionariedad-

1. La tentación de quedarse en el “centro”.
2. La preocupación de “querer ser el centro”. Tentación de autoreferencialidad.

“Cada cristiano y cada comunidad ha de discernir cuál es el camino que el Señor le pide” (EG 20).

Discernimiento para salir

El horizonte existencial de la Iglesia en salida son las periferias. El horizonte escatológico es el Reino de Dios. Iluminados por la alegría del Evangelio, cada comunidad deberá discernir qué periferias geográficas existenciales necesitan de una atención especial a la luz del Evangelio.

Esa salida, sin embargo, no se puede olvidar de la misión ad gentes, más allá de las fronteras.

¿Salir de qué manera?

La salida de la cual habla el documento Evangelii Gaudium, es una salida profunda, que toca las dimensiones más íntimas de la vida de los discípulos misioneros de la Iglesia. No es salir simplemente para imponer nuestra voluntad y nuestra visión del mundo, queriendo “organizar” el mundo de los otros. Eso no es misión, es colonización.

La salida exige permanecer…

Para salir es necesario permanecer unido a Aquél que nos envía. A lo esencial, a Jesús y su Evangelio. La salida es un viaje para fuera y para dentro de nosotros mismos. Al salir también encontramos a Dios en la carne sufriente de Cristo.

Somos una Iglesia en salida y somos una Iglesia que vuelve de la misión para testimoniar la alegría del evangelio.

El movimiento de entrada: el encuentro.

El proceso de salida implica un proceso de entrada: entramos en la casa de otro como huéspedes, para encontrar. Ese movimiento demanda kénosis, despojamiento.

Entrar como huéspedes es asumir la condición de peregrino y de extranjero que nos proporciona el don inestimable del otro, su experiencia.

Exige espíritu de adaptación, capacidad de comunicación, disciplina en la inserción, paciencia en la travesía, generosidad en la entrega, gran sensibilidad y pasión por el pueblo que nos recibe.

ÁMBITOS DE LA MISIÓN

La Iglesia existe para cooperar con la misión de Dios (Cf. 1 Cor 3,9; EG 12)

a. Pastoral – comunidades (en casa)
b. Nueva evangelización – sociedad (fuera de casa)
c. Misión ad gentes – sin fronteras ( en la casa de otro). Horizonte mayor para entender los otros ámbitos que están interconexos e interligados.

Misión ad gentes

“La transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por “contagio” de amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento de sentido y de plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción requiere corazones abiertos, expandidos por el amor. No se puede colocar límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (Cf Cat. 8,6). Y esa expansión genera el encuentro, el testimonio, el anuncio; genera el compartir de la caridad con todos aquellos que están lejos de la fe y se muestran indiferentes, a veces contrarios a ella”… Ambientes humanos, culturales y religiosos, aún más lejos al Evangelio de Jesús y la presencia sacramental de la Iglesia, constituyen las periferias extremas, los “últimos confines de la tierra”, para dónde, desde la Pascua de Jesús, son enviados sus discípulos misioneros, con la certeza de tener siempre a su Señor con ellos (Cf. Mt 28, 20; Hch 1, 8). Eso es lo que llamamos misión ad gentes” (Papa Francisco, discurso para el día mundial de las misiones 2018).

¿Qué es misión ad gentes?

Entre aquellos que no conocen a Jesucristo en medio de otros pueblos o sociedades. Misión en la casa del otro. La cooperación misionera se refiere a la misión ad gentes, a todos los pueblos.

La participación de cada Iglesia local en la misión universal, con los otros pueblos y con otras iglesias.

Más allá del aspecto territorial y geográfico, hoy se refleja, el nuevo ambiente cultural indiferente al evangelio.

Desviaciones de la misión ad gentes

La misión ad gentes estaba y está marcada por la mentalidad colonial, o sea, hay un cierto complejo de superioridad en relación a otros pueblos, culturas, tradiciones, estilos de vida. El otro es comprendido como destinatario y no como sujeto. Es una mentalidad marcada por el hacer misión para los otros y no con los otros. Algunos verbos que traducen este movimiento colonizador son: enseñar, conquistar, llevar, implantar, construir. En esta mentalidad no se considera el trabajo realizado por otras personas que llegan antes que nosotros. La misión evangelizadora no tiene inicio con mi llegada.

Este modo de pensar la misión, no se diferencia de los proyectos coloniales que desprecian las culturas locales para implantar una nueva mentalidad. La resistencia a la misión ad gentes que muchos agentes pastorales tienen, pasa por la comprensión de la misión en perspectiva colonizadora. Todavía hoy los misioneros llegan con el Kit listo, vinculando la misión con el concepto de despliegue, progreso y trasplante de la Iglesia en otra cultura. Se habla más de lo que se escucha, no valorando al otro como interlocutor. ¿Creemos o no en el protagonismo del Espíritu Santo que se nos anticipa en la misión?

Carlos de Foucauld

Es fundamental no abandonar el criterio misionero de la encarnación en un mundo cada vez más plural. En la mentalidad colonizadora se desprecian las lenguas locales, las tradiciones y los planes pastorales de las iglesias locales.

En la fraternidad tenemos el ejemplo del beato Carlos de Foucauld que sabe respetar y aprender la lengua y las tradiciones locales, ejercitando el ministerio de la bondad y de la simple presencia gratuita.

Mauricio da SILVA JARDIM
(Director General de Obras Misionales Pontificias de Brasil
y miembro del equipo internacional de la Fraternidad)

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