Entrevista a Edson DAMIAN

Edson Tascheto Damián: “Tenemos una deuda social inmensa con los pueblos indígenas

Monseñor Edson Taschetto Damian es obispo de São Gabriel da Cachoeira, una de las diócesis más extensas (294.000 Km cuadrados) y pobres de Brasil, desde el 24 de mayo de 2009. En esa circunscripción eclesiástica habitan 23 etnias indígenas diferentes que hablan 18 lenguas, constituyendo el 95% de la población.

edson-damianNacido el 4 de marzo de 1948 en Jaguari, estado de Río Grande do Sul, el prelado brasileño sigue la espiritualidad de Charles de Foucauld, lo que le llevó a ser barrendero durante un año o vivir entre los indígenas bolivianos durante otro año. Siempre relacionado con las pastorales sociales y preocupado por la realidad que le rodea, es un hombre austero, que asume en su vida del día a día esa Iglesia pobre y para los pobres que el Papa Francisco desea que sea una realidad cada vez más visible.

Es el primer obispo no salesiano de esta diócesis, cuyo territorio fue encomendado a la Congregación de Don Bosco cien años atrás. Su lema episcopal es: “Con Jesús, amar y servir” y realiza eso cada día entre los indígenas con quienes convive y se identifica. Andar por la calle con él, muestra esa cercanía y complicidad con su gente, a quienes saluda en sus lenguas indígenas, ante la inmensa alegría de aquellos a quienes durante mucho tiempo la propia Iglesia católica les prohibía hablar su lengua materna.

La gran extensión y distancias hasta las diferentes parroquias de la diócesis, a donde se desplaza en lancha, hace que conviva durante semanas con los diferentes pueblos en sus aldeas, participando de su misma forma de vida, compartiendo comidas, bañándose en los ríos o durmiendo en su inseparable red.

Reconoce que, en su día, no fue fácil asumir esta misión que la Iglesia le confiaba, pero hoy muestra cómo ha sido una gracia de Dios el hecho de venir a vivir a esta periferia geográfica y existencial donde se siente en casa y cada día más a gusto.

¿Cómo es la diócesis de São Gabriel da Cachoeira? ¿Cómo son las gentes que habitan estas tierras?

La diócesis de São Gabriel da Cachoeira es original desde varios puntos de vista. En primer lugar es la diócesis más indígena de Brasil, pues el 95% de la población es constituida por pueblos indígenas de 23 etnias diferentes que hoy en día hablan 18 lenguas, lo que supone un laboratorio lingüístico, antropológico y cultural de primera categoría.

Además de eso es una diócesis de un tamaño inmenso, pues tiene 293.000 kilómetros cuadrados (mayor que Italia), sin carreteras, los únicos medios de comunicación son los ríos, el Río Negro, principal tributario del Amazonas, y sus afluentes, a través de los cuáles se accede a las comunidades.

También puede ser destacado que es una de las pocas Iglesias de Brasil que ya ha ordenado padres indígenas. Los salesianos, que están aquí desde hace 100 años, tienen 7 padres indígenas, yo he ordenado otros 2 diocesanos y actualmente tenemos 13 seminaristas estudiando filosofía y teología en el Seminario Regional de Manaos.

Estas son en líneas generales las características de esta Iglesia que está en el corazón de la Amazonia, pudiéndose decir que ésta es la zona mejor preservada de la región amazónica, pues se calcula que menos del 3% de la floresta fue derribada, lo que nos lleva a decir que está prácticamente intacta, pues aquí no llegaron las empresas madereras ni el agro-negocio y los indios saben conservar la naturaleza, como han demostrado a lo largo de centenas de años.

¿Que ha supuesto vivir y realizar su misión en la Amazonia, primero como sacerdote misionero durante diez años en el estado vecino de Roraima y en los últimos seis como obispo de São Gabriel da Cachoeira?

Fui para Roraima porque es la Iglesia hermana de Santa María, mi diócesis de origen en el estado de Rio Grande do Sul, para trabajar con los colonos, muchos de ellos gauchos (nombre con el que se conoce en Brasil a los nacidos en el estado de Rio Grande do Sul) y nordestinos, que están presentes en el sur del estado de Roraima, estado dividido en dos regiones, una de selva amazónica y otra de sabana.

Después de llegar allí, tras haber trabajado durante seis años como asesor de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués), decidieron que debería asesorar al obispo y a la diócesis y me hicieron párroco de la catedral, vicario de pastoral y posteriormente administrador diocesano.

Pero agradezco a Dios por haber vivido esos diez años en Roraima en un momento decisivo, como fue la lucha por la homologación de la Tierra Indígena “Raposa Serra do Sol”, participando de los conflictos más intensos y la alegría de estar junto a una Iglesia que asumió y defendió la causa de los pueblos indígenas, enfrentando persecuciones, calumnias y difamaciones, pero que supo mantenerse fiel en esa defensa.

Fui el primero en saber, a través del ministro de la Casa Civil de Lula, Clovis Carvalho, quien me llamó el día 15 de abril al medio día para comunicarme que ese mismo día, a las 3 horas de la tarde, el Presidente Lula iba a firmar el decreto de homologación de la “Raposa Serra do Sol” como los indios siempre habían pedido, en área continua, y pidió que avisase a los líderes del CIMI (Consejo Indigenista Misionero, por sus siglas en portugués) de Roraima para que no hiciesen ninguna manifestación pública, que pudiese ser interpretada por la sociedad de Roraima como una provocación y agredirles y perjudicarles.

Recuerdo que me encontré con Jacir José de Souza, el gran líder del movimiento indígena, y cuando le di la noticia me abrazó, lloró de alegría y me dijo estas palabras que son inolvidables: “así como el pueblo de la Biblia festeja todos los años la liberación de Egipto y la conquista de la Tierra Prometida, este 15 de abril, va a quedar para los pueblos indígenas de Roraima como el día de nuestra Pascua, día en que nuestra tierra fue liberada de las manos de aquellos que la invadieron y ella volvió a ser de nuevo nuestra tierra, nuestra Madre”. Viví esos momentos con gran intensidad. Después llegaron los recursos de todas las autoridades de Roraima ante el Tribunal Supremo Federal, hasta conseguir que el decreto fuese definitivo.

En la última Asamblea de la CNBB, Don Erwin Kraütler, presidente del CIMI y obispo de la Prelatura del Xingú, criticó firmemente al gobierno brasileño delante de la situación de los pueblos indígenas. ¿Cuál es la situación de los pueblos indígenas en esta región en que nos encontramos?

La situación en la Amazonia no es tan crítica. En Roraima los yanomani tienen su tierra demarcada desde 1992, realidad que se repitió posteriormente con los pueblos que habitan la reserva Raposa Serra do Sol. Aquí en São Gabriel, el 93% de las tierras son homologadas. Podemos decir que en esta región los conflictos no son tan intensos.

Sin embargo, la situación en la región donde está Don Erwin es diferente debido a la hidroeléctrica de Belo Monte, que va a suponer una inmensa destrucción, pues va a transformar los ríos, acabando con la pesca y las tierras de los colonos y los pueblos indígenas. Lo mismo se puede decir de los guaraní-kaiowa en Mato Grosso do Sul, cuyas tierras han sido invadidas por el agro-negocio.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la diócesis de São Gabriel da Cachoeira?

Un gran desafío es acompañar a las comunidades que están diseminadas en esta inmensa región, tener una presencia mayor de los padres que son pocos y que tienen que enfrentar altos costos para desplazarse. Para visitar la parroquia de Parí-Cachoeira, que es la más distante, desde São Gabriel, se tarda dos días de viaje y se gastan unos 1.500 euros de gasolina ente ida y vuelta. Por eso, cuando hago esos viajes, suelo pasar dos o tres semanas para poder visitar el mayor número posible de comunidades.

Gracias a Dios en las comunidades están presentes el catequista y el coordinador de la comunidad. El primero prepara a la gente para recibir los sacramentos y dominicalmente preside la Celebración de la Palabra. Pero no sólo eso, pues muchas comunidades tienen celebración todos los días por la mañana para hacer oración, escuchar el evangelio del día con un pequeño comentario, cantos…, para después hacer una refección en común, compartiendo lo que cada uno ha llevado, antes de que los niños vayan para la escuela y los adultos a trabajar en el campo.

Estas aldeas son muy parecidas con las primeras comunidades cristianas, donde todo era puesto en común, se reunían cada día para escuchar la Palabra de Dios, rezar, distribuir las tareas, pudiendo decir que los indios conservan valores tradicionales que son profundamente cristianos.

Uno de ellos es el “ayurí”, trabajo comunitario al que dedican al menos un día por semana, haciendo aquello que la aldea necesita, después de haber sido decido en común. Inclusive, esos días, también pueden ser dedicados a ayudar a alguna familia que por motivo de enfermedad necesita de ese trabajo común.

Otro elemento es la “quinhapira”, que es el nombre de un alimento hecho con pescado y picante, pero que es sinónimo de las refecciones en común, de compartir los alimentos. A ellos les gusta tener conmemoraciones. Cuando llega el sacerdote o el obispo, todos traen alimentos para comer en común después de la celebración, permaneciendo durante horas conversando con alegría, contando noticias, chistes, deseosos de que el obispo cuente cómo está la vida de la Iglesia, haciendo muchas preguntas. Podríamos decir que la “quinhapira” es la puesta en común de los alimentos, que ellos realizan con la mayor naturalidad, dando lo que cada uno tiene de mejor.

Cuando saben que el padre o el obispo van a visitar la aldea, aquella noche los hombres van a pescar o a cazar para tener alimento abundante. Para ellos es motivo de tristeza no tener lo que ofrecer en estos momentos de refección en común.

Otra cosa interesante, y que desde mi punto de vista es original de los pueblos del Río Negro, son los matrimonios interétnicos, lo que amplía las relaciones de parentesco y hace que los niños conozcan dos culturas y lenguas diferentes, en los primeros años con la madre y más tarde con el padre. El hecho de vivir en la frontera con Colombia y Venezuela hace que aprendan español a partir del contacto con los parientes que viven del otro lado. Nuestros indígenas son políglotas, y de hecho en el municipio de São Gabriel existen tres lenguas indígenas que son cooficiales junto al portugués, la lengua tukano, baniwa y nheengatu.

A partir de lo que usted está diciendo, existen muchas cosas que la Iglesia de São Gabriel da Cachoeira puede aportar a la Iglesia universal, como es el sentido de comunidad, la predisposición para compartir, de valorar lo sagrado cada día ¿Qué más puede aportar la diócesis y la Iglesia de la Amazonia a la Iglesia universal?

Un padre indígena salesiano, originario de nuestra diócesis, ordenado hace 21 años está escribiendo un libro cuyo título adoptamos como principio de práctica pastoral: “La Buena Nueva de las culturas indígenas acoge la Buena Nueva de Jesús”. El Concilio Vaticano II nos dice que el Espíritu Santo llega antes que el misionero y cada cultura tiene la “Semina Verbi”, la Semilla de la Palabra de Dios que está allí, pues todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Cada pueblo con su lengua, cultura y tradiciones muestra algo de esa imagen y semejanza de Dios.

Últimamente hemos realizado jornadas intensivas de catequesis indígena para rescatar esos valores y mostrar la relación que ellos tienen con el Evangelio. Los indígenas tienen los “pajés” y aquellos que bendicen a los niños recién nacidos y que ponen un nombre indígena a aquel que acaba de nacer. Antiguamente los misioneros prohibieron esa práctica, pero ellos clandestinamente continuaron haciéndolo. Ese gesto tiene un gran valor, pues al recibir el nombre, el niño asume su identidad indígena, con las características propias de cada etnia. Después en el momento del bautismo entra a formar parte del Pueblo de Dios, la Iglesia que engloba todas las razas y culturas. Actualmente, en el momento de la confirmación estamos recuperando el nombre indígena junto con el nombre del bautismo, haciéndoles ver que en ese momento están asumiendo su identidad indígena y que al mismo tiempo participan de una comunidad mayor, que es la Iglesia, la familia de los hijos de Dios, pero sin perder su originalidad, su identidad, su cultura.

Las prácticas propias de los indígenas como el trabajo en común, la “quinhapira” o momento de compartir los bienes, la solidaridad que existe en la comunidad es una expresión de la forma de vida de los primeros cristianos, estableciendo una relación entre esas prácticas tradicionales y el Evangelio, a partir de la cual se preparan los textos para la catequesis en los que se recuperan esos valores que son iluminados por el Evangelio, percibiendo que siempre estuvieron muy próximos de Dios y de los valores del Evangelio, que no fueron los misioneros quienes trajeron esos valores. A veces los propios misioneros dificultaron la vivencia de esos valores, llegando incluso a demonizar esas prácticas. Ahora estamos viviendo otra época y ellos se sienten felices cuando perciben que son valoradas sus originalidades y cómo esto tiene que ver con la Buena Nueva de Jesús.

Usted habló sobre los catequistas y los coordinadores de las comunidades. ¿En una diócesis de 293.000 km cuadrados, con tantas comunidades diseminadas en lugares tan distantes, cuál es el papel de los laicos en la vida del día a día en las comunidades?

Es fundamental, pues si no fuese por esos catequistas que evangelizan las comunidades, el cristianismo no se habría mantenido. Hubo una época en que la presencia de los salesianos aquí fue muy grande. Hoy tenemos 19 padres y ellos llegaron a ser 60, pero siempre se preocuparon con la formación de los catequistas. Hoy en día los sacerdotes consiguen llegar a las comunidades cuatro veces por año, y a veces ni eso, pero cuando visitan la comunidad son los catequistas los que dicen quien está preparado para recibir los diferentes sacramentos.

También se debe a los salesianos la educación escolar, pues el estado estuvo prácticamente ausente hasta 1990, y ellos cuidaron de la educación y la sanidad. De hecho, São Gabriel da Cachoeira, a pesar de ser el municipio más distante del estado de Amazonas, es el que tiene un menor índice de analfabetos. Los indígenas fueron despertados para la cultura y el saber.

En un pequeño homenaje que escribió tras la muerte de su predecesor, Monseñor José Song Sui Wan, firmaba como “obispo de la mata”. ¿Qué significa la selva amazónica en la vida de la gente, de la Iglesia, de un obispo de la Amazonia?

Considero una gracia inmerecida poder estar aquí en la selva amazónica e vivir con los pueblos indígenas. Me resistí mucho a ser obispo de aquí, pero si por fin acepté fue porque creo que tenemos una deuda social inmensa con los pueblos indígenas. Yo soy blanco, ¿y qué hicieron los blancos cristianos con los pueblos indígenas? Masacre, genocidio, robaron, fueron tratados como salvajes, esclavizados y hasta hoy existen enormes prejuicios contra los pueblos indígenas.

Me siento como alguien que está aquí para pagar una deuda histórica, social, inmensa con los pueblos indígenas. Para mi es una gracia el hecho de ser acogido por ellos, lo que hace que me sienta en casa, a gusto, y percibo que hay una gran sintonía entre nosotros. Me siento feliz de poder prestar ese servicio a los pueblos indígenas.

Aquí uno tiene que hacer un poco de todo, buscando objetivos comunes con todos los que están aquí. En este sentido, cabe destacar que nació aquí en la diócesis el Fórum Interinstitucional, del que participan las diferentes instituciones y organismos que se hacen presentes en la región para enfrentar los problemas. A partir de una reflexión común se buscan salidas, cada uno dentro de su campo de actuación.

También se puede destacar a la FOIRN (Federación de Organizaciones Indígenas del Río Negro, por sus siglas en portugués), que agrupa más de 90 asociaciones indígenas y es considerada una organización ejemplar, al ISA (Instituto Socio Ambiental) con profesores que vienen de la USP (Universidad de São Paulo), antropólogos, lingüistas, agrónomos que pasan meses investigando en las comunidades con el objetivo de rescatar los valores, revitalizar las lenguas, habiendo publicado más de cien libros sobre diversos asuntos de nuestra región.

También hay gente que viene para ayudar en la mejora de la alimentación. Se piensa equivocadamente que la Amazonia es muy rica, cuando en realidad el suelo de esta región es arenoso y árido y no produce mucho más que mandioca, que es el producto que los indios saben cultivar, conociendo más de 300 especies de mandioca y las propiedades que cada una tiene. De hecho ese es el pan de cada día de los indígenas. También se producen muchas frutas como açai, graviola, cupuaçu, piña, plátano, papaya… y que también son la base del alimento de los indios, pues el pescado en esta región es poco, de hecho el Río Negro es llamado el “río del hambre”, pues la acidez de sus aguas y la abundancia de rocas y rápidos disminuyen la presencia de peces.

En los próximos meses debe ser publicada la nueva encíclica del Papa Francisco sobre la ecología. ¿En qué medida eso puede ayudar a la Iglesia y al mundo, pues el Papa se ha convertido en una referencia a nivel mundial, a descubrir la importancia de la preservación del medio ambiente y en especial de la Amazonia, considerada el pulmón del mundo?

Estamos felices por el hecho de que Don Erwin Kräutler haya sido invitado por el Papa a dar su aportación. En una visita al Papa, sabiendo que estaba preparando este texto, Don Erwin pidió al Papa que los diferentes pueblos de la Amazonia fuesen escuchados, a lo que el Papa accedió inmediatamente. Nadie está mejor preparado y autorizado que Monsenhor Kräutler, que está desde hace más de 40 años en la Amazonia, que ha sido presidente del CIMI (Consejo Indigenista Misionero, por sus siglas en portugués) durante cuatro mandatos, para dar esa contribución.

Los pueblos indígenas son maestros de ecología, pues viven desde hace milenios en esta región y se adaptaron a este lugar donde la sobrevivencia es muy difícil, asumiendo una forma de vida que ha preservado la naturaleza y les convierte en ejemplo de ecología.

Hace tres años, el IPHAN (Instituto de Patrimonio Histórico Artístico Nacional, por sus siglas en portugués) declaró la forma de cultivar de los pueblos indígenas como patrimonio inmaterial de Brasil, pues la forma como ellos cultivan y consiguen su sobrevivencia desde hace tantos años, sin devastar el medio ambiente, es un ejemplo de preservación ambiental.

Está encíclica del Papa va a servir para que sea enfrentado el problema de la ecología, de la justicia social, de la pobreza, que son los más alarmantes del mundo de hoy. En relación con la Amazonia va a ayudar a que el mundo reconozca la importancia de esta reserva que todavía existe y que no puede ser destruida, pues ya se destruyó más de la cuenta.

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