ISLA DE LESBOS, REFUGIO DE LA ESPERANZA. Carlos LLANO.

Destacado

Carlos LLANO es deportista, economista, fundador de la ONG Chilhood Smile y voluntario y colaborador de la Fundación Tienda Asilo de San Pedro de Cartagena, España, en el proyecto WEND BE NE DO de Burkina Faso. Ha estado recientemente de voluntario en la isla de Lesbos, en Grecia, con los refugiados. Ofrecemos su valioso testimonio. Gracias, Carlos.

Vivimos tan deprisa y tan apegados a nuestras mundanas necesidades del primer mundo que si fuéramos capaces de tomar distancia y observarnos con atención, sentiríamos rechazo por nosotros mismos. El mundo tiene graves problemas por resolver: se calcula que hay 300.000 niños soldados y que en 2016 son ya 5.000 los refugiados e inmigrantes que han muerto ahogados en el Mediterráneo, pero en general, nos preocupan más nuestros minúsculos problemas del primer mundo que aquello que pueda ocurrir fuera de nuestras fronteras, por terribles que sean esos acontecimientos.

Los vemos tan lejanos que por pensar que podemos hacer poco, acabamos por no hacer nada. Los problemas del mundo no se solucionan aceptándolos con resignación o indiferencia o culpando a los gobiernos. Los problemas del mundo son míos, son tuyos, son nuestros. El mundo se cambia contagiando e inspirando con nuestro comportamiento diario. Si no quiero ver ni un solo ahogado más, só,lo puedo tomar la firme decisión de ir a aportar mi minúsculo granito de arena, que por pequeño que sea, es gigante comparado con la inacción o los cientos de mensajes que podamos poner en el muro de nuestras redes sociales.

Lesbos es una pequeña isla griega en medio del mar Egeo muy cercana a las costas de Turquía. Allí se encuentran dos campos de refugiados: Karatepe, que aún guarda cierta dignidad, donde están las familias completas, mayoritariamente Sirias, pero podía haberlas incluso de República Dominicana. Sí, he dicho, de República Dominicana. Cuando no tienes nada, arriesgas incluso la vida, porque nada tienes que perder más que esta misma, y la desesperación puede llegar a ser tal que incluso la vida llega a no tener ningún valor.

En Karatepe cada familia tiene su propia carpa de Acnur, tienen mantas, tienen colchones y los voluntarios de Remar se encargan de llevarles dos comidas diarias hasta la misma puerta de la carpa. Los niños juegan en la “urbanización” de carpas, y la esperanza por una vida mejor parece que aún no se ha perdido del todo.

El otro campo de refugiados es Moria. Una antigua cárcel con capacidad para 2.000 personas donde se encuentran hacinados más de 5.000 en tiendas de campaña del Decathlon que flotan cuando llueve y el barro cae por el terraplén. La tensión es patente y se respira nada más cruzar esas altas vallas llenas de espinas. Aquí no hay familias, hay mucho chico joven, y alguna mujer con niños pequeños. Cada uno de un país, unas costumbres, un idioma, una cultura. Chicos de Nigeria que huyen porque Boko Haram asesina, secuestra y tortura a quien le da la gana. Adolescentes de Pakistán que no quieren seguir viviendo en un país donde el Isis llega a una aldea para degollar a todas las mujeres y disparar a todos los hombres hasta dejar esa aldea sin rastro de vida. Son historias reales que me han contado mientras ayudaba durante horas haciendo la trivialidad de cortar kilos y kilos de patatas para poder comer esos miles de chicos, mujeres y niños que les une la desesperanza por no ver salida al final del túnel, por ver que las autoridades les tienen allí olvidados y según pasa el tiempo su recuerdo se va diluyendo en nuestros pensamientos. La deshumanización es tal que las mafias han convertido este problema en un rentable negocio donde cobrar de 3.000 a 5.000 euros por persona por un bote sin seguridad ninguna, con sobrepeso. a base de aglomerar más y más personas sin espacio para apenas moverse, donde cada persona no puede llevar ningún equipaje, pues restaría espacio para otro refugiado al que cobrar, y con unos chalecos salvavidas rellenados de basura en lugar de aire que, en caso de necesidad y por su falta de flotabilidad, va ahacer perder una vida más, aumentando el número de las 5.000 personas que ya se han ahogado en el mar Mediterráneo durante 2016. Queda nuestra inquietud o nuestra indiferencia ante este desastre humano que parece ser un callejón sin salida. En nuestras manos está cambiar este mundo.

Carlos LLANO FERNÁNDEZ

PDF: Isla de Lesbos, refugio de la esperanza, esp

Boletín nº 78, Enero de 2017.

ÍNDICE

  • Editorial.
  • Agradecimiento.
  • El twit del Papa Francisco.
  • Mensaje final del Encuentro Interfamiliar Ávila 2016.
  • Carta de las Hermanitas de Jesús en Aleppo.
  • Carta desde la Isla de Lesbos.
  • Un libro solidario: “Atreverse a creer”, del Hno. Alois de Taize.
  • Carta desde Brasil: Germán Calderón.
  • Película y libro: “De dioses y hombres” – “El espíritu de Tibhirine”.
  • El CMI se reúne con el Consejo Cristiano de China.
  • Celebración de la Navidad y Epifanía en la Iglesia Ortodoxa.
  • Del Patriarca Ecuménico de Constantinopla sobre el 2017.
  • Felicitación del Hno. Mateu Gratacos.
  • Oración por la unidad de los cristianos, año 2017.

Ver el documento entero: Boletín nº 78 enero 2017pdf

La última carta de Charles de Foucauld – Pierre Durieux

Si el hombre fallecido en 1916 pudiera escribir un siglo después… habría podido decir algo así.

Querido amigo, hermano mío:

A los 6 años quedé huérfano de padre y de madre. A los 20, llegó el turno de marchar a mi abuelo. A medida que avanzaba la vida, el vacío crecía a mi alrededor. Pero el abandono, el rechazo y el fracaso no tendrían la última palabra: yo soy la prueba de ello. ¡La vida no termina a los 20 años!

Tengo dinero, mucho. Organizo fiestas grandiosas y hago correr el vino como una fuente. Por eso me llaman “el grande”. Sin embargo, incluso en medio de estas fiestas siento un inmenso vacío. Estoy a un palmo de la desesperación. ¿Te gustan las fiestas, dices? ¡No te falta razón! ¡Pero prueba a ahondar en aquello que colma de verdad el corazón del ser humano!

Al observar a los musulmanes rezar se ha despertado en mí el sentido de la trascendencia. No encontramos la fe por nosotros solos, sino que brota por la gracia de Dios en contacto con los demás, por los caminos más inesperados.

Mis dudas me persiguieron mucho tiempo y mi angustia existencial fue duradera. Me decía: “Dios mío, si existes, permite que te conozca”. Quise plantearle unas preguntas a un sacerdote, que me pidió por primera vez que me confesara. Este fue el punto de partida de mi conversión: hay que usar gestos propios de la fe para encontrar la fe. Tú también, has de arrodillarte si quieres vivir de pie.

Mi destino patina. Convertido a los 28 años, me piden esperar tres años antes de convertirme en religioso. Lo intento en la abadía trapense de Ardèche, pero busco una vida más radical. Parto hacia Siria. Luego hacia Tierra Santa. Me convierto en jardinero de las clarisas de Nazaret, pero me encuentran poco capacitado para esos trabajos.

Duermo en un cobertizo para herramientas, sobre un banco con una piedra por almohada. Me digo que haría bien haciéndome sacerdote. Me gustaría llevar a Cristo a Marruecos, y finalmente me instalo en Argelia. Ya ves, la santidad no es lineal, ni fácil… Quiero ser el hermano mayor de los que dudan, vacilan, titubean.

Mi gran intuición es la de asumir el último lugar, como el de Jesús de Nazaret durante sus treinta años de silencio y trabajo: “No puedo atravesar la vida en primera clase cuando Aquel a quien amo la atravesó en la última”.

Muchos de nuestros contemporáneos, numerosas personas vulnerables en particular, este último lugar lo viven de forma forzada. En mi caso, a imagen de mi Maestro, lo he escogido. Tomé la alocada decisión de ser el último de mi promoción militar en Saint-Cyr, ¡pero incluso ahí fracasé! Descubrí que este desafío ganaba en nobleza si era en un sentido espiritual.

A pesar de mis peregrinaciones a Tierra Santa y al Magreb, la abadía sigue siendo una madre para mí, y el obispo de Viviers, un padre. Vivo completamente centrado en la Eucaristía: “¡Es Jesús, todo es Jesús!”. Que tu vida esté unida a una comunidad religiosa y a una parroquia, a una diócesis, a amigos felices con los que celebrar juntos.

“Quiero habituar a todos estos habitantes, cristianos, musulmanes, judíos e idólatras, a mirarme como su hermano, el hermano universal”. Los nativos comienzan a saber que los pobres tienen un hermano. Sueño con una pequeña fraternidad “de oración y de hospitalidad que irradie una piedad tal que todo el lugar se sienta iluminado y animado por ella”.

Pero no sueñes con un gran éxito. No esperes levantar un ejército, sino buscar la transformación de la noche soplando las humildes brasas, capaces de iluminar y calentar todo nuestro valle de lágrimas.

He escrito una regla de fraternidad, pero no recibí ni una vocación. Soy consciente de que celebro la misa todos los días en Tamanrasset desde hace 10 años, pero nunca he conseguido un solo converso. Desde el punto de vista humano, es un fracaso total.

No obstante, cien años después de mi muerte veo, desde el cielo, centenares de religiosos, miles de laicos por el mundo que viven según yo vivía, en la escuela del último lugar.

Ya ves, no hay que aspirar a ser la hiedra impaciente ni la parra silvestre conquistadora, sino más bien el tranquilo roble, el humilde tilo, y más aún el grano de trigo, que si “no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn 12: 24)

La amistad tiene un precio: ¡la Vida! Morí asesinado hace 100 años. Una realidad para la que estaba listo: “Vive hoy como si debieras morir mártir esta misa noche”, había escrito. Dejo tras de mí un pequeño fuerte en la arena, la sotana blanca manchada del color del sagrado corazón que ostentaba, algunas cartas… Dejo sobre todo mi último lugar, el que tanto amé. Y algunos amigos por el mundo. ¿Y tú?

Pierre Durieux

PDF: Pierre DURIEUX, LA ÚLTIMA CARTA DE CHARLES DE FOUCAULD

Crónica del Encuentro Interfamiliar de España con motivo del CENTENARIO de Carlos de FOUCAULD

Han sido días de reencuentro con amigos y de conocer nuevas caras, establecer nuevas relaciones.

Encuentro interfamiliar del centenario de Carlos de Foucauld 
del 8 al 11 de diciembre 2016 Universidad de la mística de Ávila

La presentación del encuentro recordaba: “El día uno de diciembre de 1916 murió violenta y absurdamente, solo, y en silencio quedó su cuerpo sobre la tierra de Tamanrasset. Lo encontraron y enterraron soldados franceses. Aun así sus palabras y su ejemplo se habían esparcido. Poco a poco se conoció con más detalles su aventura espiritual y su mensaje. Sin que lo hubiera previsto, germinaron grupos de hombres y mujeres por el ancho mundo, y nació el árbol frondoso que hoy forma su Familia espiritual, que se alimenta de la luz de su vida”.

Nos juntamos unos cien personas, venidas de todas partes de España. El edificio que nos acogió, laUniversidad de la Mística, es en sí, por su arquitectura, toda una expresión de lo que ha sido la vida y el corazón de la mística de Teresa de Jesús y Juan de la cruz. El grupo que había preparado el encuentro nos acogía dándonos el programa previsto para estos días de convivencia: momentos de oración, ponencias, trabajo en grupos, sin olvidar el descanso y sosiego, y una velada inolvidable con un grupo de teatro dirigido por Cristina, una autentica maestra y artista del “teatro del Oprimido” y los actores de la fraternidad seglar de Murcia -una obra que ella y ellos hicieron sacando temáticas y citas de la biografía de Carlos y Teresa- y finalmente Domingo, guitarrista músico-terapeuta, también de Murcia.

Han sido días de reencuentro con amigos y de conocer nuevas caras, establecer nuevas relaciones. También estaban presentes algunos miembros de la fraternidad del Carmelo seglar de Ávila.

La primera ponencia la daba Marc Hayet, un hermano de Jesús de Francia (vive en Lille), y se titulaba: “Con Carlos de Foucauld, al encuentro del otro”; rasgos de vida y pistas: “Volcarse hacía nuestro mundo sin miedo, mirarlo con mirada positiva, vivir nuestras relaciones con reciprocidad, vivir la bondad y la ternura, a la escucha de la verdad del otro”…

La segunda ponencia era a cargo de un sacerdote de Almería, Manuel Pozo, y se titulaba: ” Redescubrir las intuiciones de Carlos de Foucauld y la novedad permanente del evangelio”: encarnación y último lugar, vida humilde y sencilla, corazón abierto, universal, ver, acercarse, tocar, ser hogares acogedores, amistad y fiesta, aprendizaje permanente de oración.

La tercera ponencia nos la dio Miguel Márquez, carmelita, provincial de la península ibérica. “Teresa de Jesús y Carlos de Jesús, exploradores de Dios en una tierra herida”. Místicos, sabios y profetas. Entre los 2 centenarios (1915 y 1916): de la hagiografía a la humanidad, un mismo movimiento (de R. Bazin a A. Chatelard y sus biografías); unas afinidades entre Teresa y Carlos: los dos están en continua búsqueda, corazones ardientes, sentido de la aventura (Carlos en su exploración de Marruecos, con brújula, barómetro y sextante, cuaderno de 5 cm. y lápiz de 2 cm. Teresa deja a su padre viudo, rompe y salta las murallas de Ávila); los dos van creando un estilo de vida, habitados por la pasión por Dios y viven la adoración. Constantemente “En camino”, se dejan hacer, conducir hacia lo desconocido, a lo extraño, arriesgando. Su aventura personal: este territorio donde se dejan llevar hasta la oración vacía, donde conocen el “anonadamiento”, el rendirse a través de los sucesivos fracasos, en las manos del Dios vivo y verdadero, luz en la niebla: ”Para que te conozca” dice Carlos. Nos cuesta encontrarnos pobres y desnudos: nunca renegar de nuestra pobreza, es una clave: “¡Con mi pobreza, creo en ti, y me renace la respiración!” dice Miguel. No engañarnos, ni engañar. Carlos lee mucho a Teresa sobre todo al final de su vida. Miguel nos propone preguntarnos por y ser conscientes de nuestra propia aventura espiritual. Como final de su ponencia, Miguel nos llevó a la capilla donde nos hizo cantar juntos la muy antigua y hermosa “bendición irlandesa”: ¡un regalo para aprender a bendecir! Al día siguiente, nos dejaba para viajar hasta Timor para visitar las comunidades carmelitas. ¡Muchas gracias Miguel!

Hubo una tarde a la escucha de “testigos”: dos hermanitas que viven en Ceuta, Luigiana y Gloria, el infierno del sufrimiento de los refugiados esperando el paso a España, relato estremecedor del desamparo más absoluto, de la indiferencia. Una pareja joven, Elena y Pedro (fraternidad seglar de Madrid): su estancia tan accidentada en el “Alto” de la Paz en Bolivia donde habían ido como misioneros seglares. El relato de Elsi, su recorrido como hermanita de Nazaret (de Bélgica a Sta. Coloma de Gramanet): ”¡Como he llegado hasta aquí!”.

Finalizamos con la Eucaristía y una bendición solemne al final.

Nos despedimos por la mañana muy contentos y felices tomando el camino del retorno a nuestros respectivos hogares.

PDF: Crónica del Encuentro Interfamiliar de España por el CENTENARIO de Carlos de FOUCAULD

Mensaje final del Encuentro Interfamiliar en Ávila, España, por el CENTENARIO de Carlos de FOUCAULD

Un centenar de personas se reunieron en Ávila para celebrar el centenario de la muerte del hermano Carlos.

ENCUENTRO DE LA FAMILIA ESPIRITUAL DE
CARLOS DE FOUCAULD EN ESPAÑA
MENSAJE DEL CENTENARIO 

Al celebrar el Centenario de la muerte violenta del beato Carlos de Foucauld en Tamanrasset (Argelia) las fraternidades que llevan su nombre en España, con ocasión de la celebración del Encuentro Interfamiliar (Ávila, 8-11 diciembre 2016, damos gracias a Dios por su vida y su obra recordando cómo el grano de trigo caído en tierra ha dado abundantes frutos evangélicos (cf. Jn. 12,24).

Damos gracias a Dios porque el Hno. Carlos, en todo momento, fue un buscador de la verdad y en ella encontró a Dios. En su biografía, como en toda biografía, descubrimos la mano de Dios que, con suavidad y con paciencia, modeló su vida. Contemplando su vida y releyendo sus grandes etapas en búsqueda del Bienamado y Señor Jesús hemos aprendido a mirar a las personas y acontecimientos con los ojos de Dios arrodillándonos siempre ante el misterio del otro diferente.

Damos gracias a Dios Padre por el envío de su Hijo Jesucristo que, con su encarnación, nos enseñó a buscar “el último lugar” despojándonos de todo aquello que nos impide seguir amándole como el “Único Modelo”. Damos gracias a Dios por la presencia de su Espíritu Santo que ha ido a lo largo del tiempo enriqueciendo las fraternidades con nuevos carismas para beneficio de la humanidad y la Iglesia y, en especial, por tantos y tantas hermanos y hermanas que a lo largo del tiempo han sido testigos de la fe.

Damos gracias al Señor por su presencia real en la Eucaristía y en la Palabra que han alimentado nuestro compromiso con los últimos de este mundo como lo fue para el Hno. Carlos. A este respecto recordamos sus palabras: “Creo que no hay una frase del Evangelio que me haya causado una impresión más profunda y haya transformado más mi vida, que ésta: «Todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis». Si pensamos que son palabras de la Verdad increada, la de la boca que ha dicho: «Esto es mi cuerpo… esta es mi sangre», con qué fuerza somos empujados a buscar y a amar a Jesús en «esos pequeños», esos pecadores, esos pobres, aportando todos los medios materiales para aliviar sus miserias temporales”.

Damos gracias al Señor por su vida oculta en Nazaret, escuela donde aprendemos de la Sagrada Familia a gritar el Evangelio con la vida y a valorar la encarnación, la bondad, la hospitalidad, la escucha, la amistad, y el testimonio como la mejor ofrenda existencial.

Al mismo tiempo pedimos al Bienamado y Señor Jesús coraje para ser sal y luz en medio del mundo construyendo una Iglesia hogar, “católica” e intercultural, que acepta como un don las reglas del juego democrático de una sociedad multireligiosa, multirracial, una Iglesia que no hace proselitismo, que ofrece y no impone, una Iglesia que escucha y dialoga, una Iglesia de amistad, ternura y presencia en medio de los más pobres. Una Iglesia en salida, samaritana, que se acerca, que toca, que se compromete.

Pedimos, a la Virgen en el misterio de la Visitación a su prima Isabel, estímulo para no cansarnos nunca de ponernos en camino para servir a los que nos necesiten, peregrinos del evangelio, con la audacia, la humildad y la fe de la semilla de mostaza que espera contra toda esperanza que la vida brotará hoy en esta tierra de todos.

Y pedimos también al beato Carlos de Foucauld su intercesión ante Dios por las fraternidades que hoy recuerdan su memoria, los que ya en su tiempo, hasta nuestros días participaron de la unión que él creó, y de todas las fraternidades que nacieron después de su muerte.

Porque reconocemos la bondad de la creación, nos comprometemos al cuidado de la Tierra como casa común, a profundizar en la solidaridad y acompañamiento de los últimos y a luchar contra las causas últimas que generan víctimas en las personas y en el medio ambiente. Nos comprometemos a hacerlo realidad cada uno y cada una en su propio lugar.

Ávila a 11 de diciembre de 2016

PDF: Mensaje final del Encuentro Interfamiliar en Ávila, España. CENTENARIO Carlos de FOUCAULD.

Papa Francisco: MENSAJE EN EL DÍA MUNDIAL POR LA PAZ, 1 enero 2017

«La no violencia: estilo de una política para la paz»

1. Al comienzo de este nuevo año formulo mis más sinceros deseos de paz para los pueblos y para las naciones del mundo, para los Jefes de Estado y de Gobierno, así como para los responsables de las comunidades religiosas y de los diversos sectores de la sociedad civil.

Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su «dignidad más profunda»1 y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.

Este es el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz. En el primero, el beato Papa Pablo VI se dirigió, no sólo a los católicos sino a todos los pueblos, con palabras inequívocas: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)».

Advirtió del «peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas».

Por el contrario, citando Pacem in terris de su predecesor san Juan XXIII, exaltaba «el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor».2 Impresiona la actualidad de estas palabras, que hoy son igualmente importantes y urgentes como hace cincuenta años.

En esta ocasión deseo reflexionar sobre la no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos.

Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz.

Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.

Un mundo fragmentado

2. El siglo pasado fue devastado por dos horribles guerras mundiales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de nuevos conflictos, pero hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes.

No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella.

En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin?

La violencia, ¿permite alcanzar objetivos de valor duradero? Todo lo que obtiene, ¿no se reduce a desencadenar represalias y espirales de conflicto letales que benefician sólo a algunos «señores de la guerra»?

La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos.

La Buena Noticia

3. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39).

Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16).

Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones».3

Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia. Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios».4

Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”».5

Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la carta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia».6

Más fuerte que la violencia

4. Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo».7 Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos».8

En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos».9

Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas. La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes.

No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia.

No podemos olvidar el decenio crucial que se concluyó con la caída de los regímenes comunistas en Europa. Las comunidades cristianas han contribuido con su oración insistente y su acción valiente. Ha tenido una influencia especial el ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II.

En la encíclica Centesimus annus (1991), mi predecesor, reflexionando sobre los sucesos de 1989, puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza «a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia».10 Este itinerario de transición política hacia la paz ha sido posible, en parte, «por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad».

Y concluía: «Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales».11

La Iglesia e ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera.

Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida».12 Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista».13 La violencia es una profanación del nombre de Dios.14

No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra».15

La raíz doméstica de una política no violenta

5. Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia. Es parte de aquella alegría que presenté, en marzo pasado, en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, como conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia.

La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón.16

Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad.17 Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero.

En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética.18

Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños. El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios.

El año jubilar nos ha hecho tomar conciencia del gran número y variedad de personas y de grupos sociales que son tratados con indiferencia, que son víctimas de injusticia y sufren violencia. Ellos forman parte de nuestra «familia», son nuestros hermanos y hermanas. Por esto, las políticas de no violencia deben comenzar dentro de los muros de casa para después extenderse a toda la familia humana.

«El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo».19

Mi llamamiento

6. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en las instituciones internacionales y gracias también a la aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña.

Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.

Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades.

Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso».20

Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social.

La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado.21

Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna».22

La Iglesia Católica acompañará todo tentativo de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura».23

En conclusión

7. Como es tradición, firmo este Mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. María es Reina de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad (cf. Lc 2,14).

Pidamos a la Virgen que sea ella quien nos guíe. «Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla».24

En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz».25

Vaticano, 8 de diciembre de 2016

Francisco
***********

Notas

1 Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
2 Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1968.
3 «Leyenda de los tres compañeros»: Fonti Francescane, n. 1469.
4 Angelus (18 febrero 2007).
5 Ibíd.
6 Ibíd.
7 Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz (11 diciembre 1979).
8 Homilía en Santa Marta, «El camino de la paz» (19 noviembre 2015).
9 Homilía en la canonización de la beata Madre Teresa de Calcuta (4 septiembre 2016).
10 N. 23.
11 Ibíd.
12 Discurso, Audiencia interreligiosa (3 noviembre 2016).
13 Discurso a los participantes al tercer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares (5 noviembre 2016).
14 Cf. Discurso en el Encuentro interreligioso con el Jeque de los musulmanes del Cáucaso y con representantes de las demás comunidades religiosas del país, Bakú (2 octubre 2016).
15 Discurso, Asís (20 septiembre 2016).
16 Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 90-130.
17 Ibíd., 133.194.234.
18 Cf. Mensaje con ocasión de la Conferencia sobre el impacto humanitario de las armas atómicas (7 diciembre 2014).
19 Carta Enc. Laudato si’, 230.
20 Exhort. ap. Evangelii gaudium, 227.
21 Cf. Carta Enc. Laudato si’, 16.117.138.
22 Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
23 Carta apostólica en forma de «Motu Proprio» con la que se instituye el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (17 agosto 2016).
24 Regina Coeli, Belén (25 mayo 2014).
25 Llamamiento, Asís (20 septiembre 2016).

PDF: Papa Francisco, Mensaje Día Mundial por la Paz, 1 de enero 2017